PORT-O-SAN
Mamá, yo quiero ser artista
Hay muchas librerías que, por su gusto por el papel impreso ya sea con literatura creativa, material docente o simplemente informativo hacen sus pinitos como editorial, ayudando a que nuevas obras salgan al mercado. Hay carniceros que venden su propio ganado, al que alimentan y cuidan durante su vida, por el gusto de saber que todo cuanto sale de su tienda está conseguido con su esfuerzo. Pero lo hacen porque quieren, porque en sus vidas los libros o los animales ocupan un lugar privilegiado y a ellos no les importa hacer un esfuerzo económico para ofrecernos a los demás so que tanto les gusta, esperando que a nosotros nos provoque la misma sensación.
Ahora, supongamos que, por ley, todas las librerías del país tuvieran que contribuir con las grandes editoriales a sacar al mercado esos libros que las propias librerías comprarán. O que todas las carnicerías tuviesen que dedicar, por ley, parte de sus beneficios a las empresas cárnicas, para que éstas alimenten a los mismos animales que más tarde ellas comprarán. O todos los centros docentes privados tuvieran que colaborar, por ley, con las empresas de material de oficina. ¿Sería justo?
Pues algo parecido es lo que quiere llevar a cabo la ministra de cultura, Ángeles González-Sinde (ex directora de cine), con las televisiones que deberían destinar obligatoriamente el 5% de sus beneficios a financiar el cine español. Y que conste que no soy un detractor del cine nacional: hay muy buenas películas españolas, con las que he pasado un par de horas disfrutando de verdad: Tesis, La cabina, Rec, Los otros, El bosque animado, Amanece que no es poco, Todo sobre mi madre, El verdugo, Solas,…Pero también he encontrado muchas películas que, a mi parecer, pueden ser condenadas al más absoluto de los olvidos:...¡joder, se me han olvidado! Pero lo mismo me pasa con las producciones de otros países.
Lo que no veo normal es que, aparte de las subvenciones estatales (algunas más falsas que las de la agricultura, que ya es decir), el cine vaya a contar con un porcentaje de los ingresos de las televisiones. Y menos aun teniendo en cuenta que la mayoría de ellas, si no todas, participan desde hace ya años en la realización de muchos cortos y largometrajes por decisión propia (o eso nos han hecho creer). Además, seguro que el porcentaje en discordia se dedicará a los nombres más relevantes de nuestro panorama cinematográfico, precisamente esos a los que nada les cuesta conseguir patrocinios, pues lo más normal es que consigan buenas taquillas y los inversores obtengan beneficios. Y mientras, los nuevos directores o productoras que buscan hacerse un hueco en esta industria tendrán que seguir mendigando oportunidades.
Ahora, supongamos que, por ley, todas las librerías del país tuvieran que contribuir con las grandes editoriales a sacar al mercado esos libros que las propias librerías comprarán. O que todas las carnicerías tuviesen que dedicar, por ley, parte de sus beneficios a las empresas cárnicas, para que éstas alimenten a los mismos animales que más tarde ellas comprarán. O todos los centros docentes privados tuvieran que colaborar, por ley, con las empresas de material de oficina. ¿Sería justo?
Pues algo parecido es lo que quiere llevar a cabo la ministra de cultura, Ángeles González-Sinde (ex directora de cine), con las televisiones que deberían destinar obligatoriamente el 5% de sus beneficios a financiar el cine español. Y que conste que no soy un detractor del cine nacional: hay muy buenas películas españolas, con las que he pasado un par de horas disfrutando de verdad: Tesis, La cabina, Rec, Los otros, El bosque animado, Amanece que no es poco, Todo sobre mi madre, El verdugo, Solas,…Pero también he encontrado muchas películas que, a mi parecer, pueden ser condenadas al más absoluto de los olvidos:...¡joder, se me han olvidado! Pero lo mismo me pasa con las producciones de otros países.
Lo que no veo normal es que, aparte de las subvenciones estatales (algunas más falsas que las de la agricultura, que ya es decir), el cine vaya a contar con un porcentaje de los ingresos de las televisiones. Y menos aun teniendo en cuenta que la mayoría de ellas, si no todas, participan desde hace ya años en la realización de muchos cortos y largometrajes por decisión propia (o eso nos han hecho creer). Además, seguro que el porcentaje en discordia se dedicará a los nombres más relevantes de nuestro panorama cinematográfico, precisamente esos a los que nada les cuesta conseguir patrocinios, pues lo más normal es que consigan buenas taquillas y los inversores obtengan beneficios. Y mientras, los nuevos directores o productoras que buscan hacerse un hueco en esta industria tendrán que seguir mendigando oportunidades.




















