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Mimi Carrasco Carrasco · Badajoz | 323
Miércoles, 01 de Febrero de 2012

En el dolor: también vecinos · Mimi Carrasco Carrasco · Badajoz

Día fatídico

El perro de Aurelio y Juana

Bajo las fauces del can vecino

Murió en el camino

Con caricias aún no dadas

De cariños y mimos.



Llora Juana, su corazón lleno de lástima

Aurelio hace lo mismo, guardando la calma.

Unos días después: 31 de diciembre.

12 horas marcadas: impaciencia en los relojes

nochevieja engalanada

Pepa (la perrita de María) asustada

Cruzó el umbral de sombras

Perdiéndose en la noche mágica

Con luces artificiales

En el cielo dibujadas.

Llega María

La puerta abierta

Todo amenaza

¿dónde está Pepa?

No cesan de buscarla

Preguntan y preguntan

No pueden encontrarla

Seis de enero

Alguien llama

Creen que es Pepa

Renace la esperanza

Con deseos de abrazarla

Van hacia ese encuentro

Solo es una perrita herida

Que necesita unos dueños.

María la coge entre sus brazos

La llama reina

En trono de besos

Los que le dará a Pepa

En ese regreso.

Puede que en primavera

Con la flor del almendro

Quizás en verano

Con sol justiciero

Sea como sea.

María en su pensamiento

Acurruca a Pepa

Para que no tenga miedo.

Ada hace preguntas

La respuesta está en el cielo

Mezclada con nubes

Danzando en el viento

Dibujando estrellas

Siluetas de perros

Siguiendo las huellas

De aquello tan inmenso

Donde espera Pepa

En hermoso lecho

De estrellas fugaces

Pidiendo un deseo

Volver con María

Compartir ese juego

Donde la vida:

Todo es recreo.

Y es que el dolor, no es vecino

De esos que piden azúcar,

Solo da para compartir

De una misma amargura.

Los caminos del Señor, a veces nos parecen ásperos

Pero todo tiene un propósito

A buen término quiere llevarlo.

El Señor siempre nos habla:

En el sonido del trueno

En las luces del alba

En el aire mezclado

Con aroma de retamas

En la quietud de la encina

En el jilguero que canta

En el olor de la tierra

Cuando está recién labrada.

Pepa todavía no ha vuelto, aunque lo hará en algún instante

Su pelo es tirando a negro, su edad ocho años vivaces.

En casa la esperan con impaciencia grande.

¿Ha venido Reina para que Pepa marche? Sólo el señor lo sabe.

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