En el dolor: también vecinos · Mimi Carrasco Carrasco · Badajoz
Día fatídico
El perro de Aurelio y Juana
Bajo las fauces del can vecino
Murió en el camino
Con caricias aún no dadas
De cariños y mimos.
Llora Juana, su
corazón lleno de lástima
Aurelio hace lo
mismo, guardando la calma.
Unos días después: 31
de diciembre.
12 horas marcadas:
impaciencia en los relojes
nochevieja engalanada
Pepa (la perrita de
María) asustada
Cruzó el umbral de
sombras
Perdiéndose en la
noche mágica
Con luces
artificiales
En el cielo
dibujadas.
Llega María
La puerta abierta
Todo amenaza
¿dónde está Pepa?
No cesan de buscarla
Preguntan y preguntan
No pueden encontrarla
Seis de enero
Alguien llama
Creen que es Pepa
Renace la esperanza
Con deseos de
abrazarla
Van hacia ese
encuentro
Solo es una perrita
herida
Que necesita unos
dueños.
María la coge entre
sus brazos
La llama reina
En trono de besos
Los que le dará a
Pepa
En ese regreso.
Puede que en
primavera
Con la flor del
almendro
Quizás en verano
Con sol justiciero
Sea como sea.
María en su
pensamiento
Acurruca a Pepa
Para que no tenga
miedo.
Ada hace preguntas
La respuesta está en
el cielo
Mezclada con nubes
Danzando en el viento
Dibujando estrellas
Siluetas de perros
Siguiendo las huellas
De aquello tan
inmenso
Donde espera Pepa
En hermoso lecho
De estrellas fugaces
Pidiendo un deseo
Volver con María
Compartir ese juego
Donde la vida:
Todo es recreo.
Y es que el dolor, no
es vecino
De esos que piden azúcar,
Solo da para
compartir
De una misma amargura.
Los caminos del
Señor, a veces nos parecen ásperos
Pero todo tiene un
propósito
A buen término quiere
llevarlo.
El Señor siempre nos
habla:
En el sonido del
trueno
En las luces del alba
En el aire mezclado
Con aroma de retamas
En la quietud de la
encina
En el jilguero que
canta
En el olor de la
tierra
Cuando está recién
labrada.
Pepa todavía no ha
vuelto, aunque lo hará en algún instante
Su pelo es tirando a
negro, su edad ocho años vivaces.
En casa la esperan
con impaciencia grande.
¿Ha venido Reina para
que Pepa marche? Sólo el señor lo sabe.
El perro de Aurelio y Juana
Bajo las fauces del can vecino
Murió en el camino
Con caricias aún no dadas
De cariños y mimos.
Llora Juana, su corazón lleno de lástima
Aurelio hace lo mismo, guardando la calma.
Unos días después: 31 de diciembre.
12 horas marcadas: impaciencia en los relojes
nochevieja engalanada
Pepa (la perrita de María) asustada
Cruzó el umbral de sombras
Perdiéndose en la noche mágica
Con luces artificiales
En el cielo dibujadas.
Llega María
La puerta abierta
Todo amenaza
¿dónde está Pepa?
No cesan de buscarla
Preguntan y preguntan
No pueden encontrarla
Seis de enero
Alguien llama
Creen que es Pepa
Renace la esperanza
Con deseos de abrazarla
Van hacia ese encuentro
Solo es una perrita herida
Que necesita unos dueños.
María la coge entre sus brazos
La llama reina
En trono de besos
Los que le dará a Pepa
En ese regreso.
Puede que en primavera
Con la flor del almendro
Quizás en verano
Con sol justiciero
Sea como sea.
María en su pensamiento
Acurruca a Pepa
Para que no tenga miedo.
Ada hace preguntas
La respuesta está en el cielo
Mezclada con nubes
Danzando en el viento
Dibujando estrellas
Siluetas de perros
Siguiendo las huellas
De aquello tan inmenso
Donde espera Pepa
En hermoso lecho
De estrellas fugaces
Pidiendo un deseo
Volver con María
Compartir ese juego
Donde la vida:
Todo es recreo.
Y es que el dolor, no es vecino
De esos que piden azúcar,
Solo da para compartir
De una misma amargura.
Los caminos del Señor, a veces nos parecen ásperos
Pero todo tiene un propósito
A buen término quiere llevarlo.
El Señor siempre nos habla:
En el sonido del trueno
En las luces del alba
En el aire mezclado
Con aroma de retamas
En la quietud de la encina
En el jilguero que canta
En el olor de la tierra
Cuando está recién labrada.
Pepa todavía no ha vuelto, aunque lo hará en algún instante
Su pelo es tirando a negro, su edad ocho años vivaces.
En casa la esperan con impaciencia grande.
¿Ha venido Reina para que Pepa marche? Sólo el señor lo sabe.

















