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María Jesús Pérez Hernández | 763
Martes, 10 de Enero de 2012

Aclaraciones a Teodoro Gracia · María Jesús Pérez Hernández · Puebla de la Calzada

En primer lugar, quiero aclarar un mal entendido. Jamás he pretendido dar lecciones de cristiandad, como usted dice en su escrito, ni a usted ni a nadie, sólo me limito a recibirlas. También quiero decirle que cuando he hecho mención a su nombre no lo he hecho públicamente como dice en su escrito. Le concreto que cuando hice este comentario fue en una tienda del pueblo cuando estaban sus propietarias solas y esto no es hacerlo públicamente. Hacerlo públicamente es lo que ha hecho usted conmigo en su carta, con mención expresa de mi nombre y, por si cabía alguna duda, ha mencionado hasta mi filiación, de la que estoy enormemente orgullosa.
 
No debería olvidar que usted es una persona que trabaja en el ámbito público , es concejal, por dicho motivo debería estar más abierto a las críticas o al menos saberlas aceptar. Recuerdo como el año pasado se puso hecho una auténtica fiera en la entrega de premios del carnaval cuando un miembro de la Comisión del Carnaval simplemente le sugirió que el Ayuntamiento debería apoyar más este evento.
 
Me gustaría aclararle que mi matrimonio no me lo he pasado por el forro (reflejo la expresión que utiliza en su artículo). Cierto es que estoy divorciada, pero una cosa y otra  son distintas. Le rogaría que cuando hiciera mención a una situación de ruptura matrimonial, lo hiciera con más delicadeza, sentimiento, respeto y no con tanta frivolidad, pues le aseguro que son situaciones muy difíciles, duras y de auténtico sufrimiento y más cuando hay hijos; me atrevería a asegurar que quizá sea de las situaciones más duras de la vida, y los que han pasado por ella, saben de lo que estoy hablando.
 
Me dice que a los ojos de Cristo sigo casada. Le recuerdo que existe la nulidad canónica que implica declarar la inexistencia del mismo y usted de mi vida no sabe nada para hacer comentarios de este tipo y no es quien para decirme si peco a no peco. Por ejemplo, a aquellas  mujeres víctimas de violencia de género ¿qué sensación tendrían cuando le escucharan decir que se han pasado su matrimonio por el forro?. Sería conveniente que hablara con algún sacerdote para que le explicara algo sobre este tema.
 
Los dos coincidimos en que intentamos cumplir los mandamientos, pero le recuerdo que el tercero, no sólo no lo intenta sino que además nos critica a todos los que lo hacemos y para colmo se atreve a llamarnos fariseos y  decirnos que es cara a la galería.
 
Dice que es una buena persona con sus semejantes. Imagino que se estará refiriendo a sus amigos, pues si por semejantes entendemos a todas las personas, le aseguro que somos muchas las que tenemos  criterio para no calificarlo como tal. Usted es el que frecuentemente escribe artículos dando lecciones de moralidad. El publicado últimamente en el que “desde el respeto y cariño”, pone a la persona de vuelta y media, pronunciando frases que no todo el mundo sería capaz de decir ya que  hay que tener mucha rabia, por no decir otra cosa, para decir lo que dice, simplemente por el hecho de no entender ni compartir la postura ajena: eso no es tolerancia. No sé que hubiese podido escribir si no lo hubiera hecho con cariño y respeto como destaca usted.
 
Lo que sí me va a permitir es que le dé un consejo. Cuando escriba dando lecciones de moralidad y poniendo verde a todo el que se le antoja, sería más ético y estético que empleara más  a menudo en los tiempos verbales  la primera persona, tanto del singular como del plural, (yo hago; yo peco; yo soy; nosotros hacemos; nosotros pecamos; nosotros somos) ya que tiene tendencia a emplear la segunda persona (tú haces; tú pecas; tú eres; vosotros hacéis; vosotros pecáis; vosotros sois). ¡Ah!, me olvidaba, también le aclaro que no me siento en la primera fila de la Iglesia, ni me doy golpes de pecho.
 
María  Jesús Pérez Hernández

Puebla de la Calzada

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