Donde se ponga una buena tortilla que se quite tó
En cuanto el sol apriete y pique
un poco, repuestos de la resaca de tanto “Perdona a tu pueblo, Señor” y del
trajín en el ir y venir que se han traído algunos con el dolor de los pecados y
del propósito de la enmienda que nunca harán. Cuando la mente regrese al
raciocinio, que ya iba siendo hora, a la cordura y a la conducta saludable y
cotidiana. Entonces, llegado ese momento, nos dirán muy alto y claro: ¡Pepe,
mañana podíamos ir un ratito al campo, el tiempo se ha puesto bueno! Lo ordena
y manda la parienta y tú, chacho, a obedecer toca. Si eres tú el que lo
propone, te dicen: ¡Anda ya! ¡Con la humedad que hay todavía, si está todo
“enguachirnao” del “tormentón” que cayó el Jueves Santo! Pero como lo dice
ella, la parienta, pues qué quieres que te diga, vista al frente y a obedecer.
Comienzas buscando la utilitaria
mesa plegable campo-playa de color azul, que sirve igual para darnos un
homenaje debajo de una encina que frente al mar, donde también ejercita su
función. ¡Vaya y toma que sí! Date una vuelta por las Antillas, las Chipionas y
las Matalascañas y lo verás. Bata colgada de la suegra en la sombrilla y debajo
de la mesa campo-playa un par de neveras con los avíos fresquitos, y de fondo el
dulce pregón del tío vendiendo cartuchos de camarones para el aperitivo.
Nosotros, hay que reconocerlo,
somos más de secano que de “reguerío”. Aunque como bien saben, Paco nos puso un
pantano aquí y al otro lado también para que disfrutásemos en vida de la costa
extremeña, que no vivir a costa de la cosa extremeña, que ese es otro menester.
Como lo de mangar y trincar, que son especies y variedades diferentes, aunque
las dos, tanto en el fondo como en la superficie, convivan la mar de bien. El
trinque es en euros contantes y sonantes, soliendo acabar en el fondo del
trinchero. Mientras que el mangui, versus choriceo, siempre resulta ser en
especie para terminar en la alacena. Estos dos mandamientos, a costa de, se
encierran en uno: Querer a la mamandurria por encima de todo, hasta perder el
sentío y a la gutibamba más que a las entrañas benéficas de los bolsillos de
uno mismo. O para ser más claro y contundente “Echa vino montañés que lo paga
Luis de Vargas”. Y ya está que me enrollo.
Y con la mesa plegable campo-playa
ya localizada, prosigues la ceremonia de la búsqueda de las sillas, las
banquetas, la tumbona y hasta la sombrilla, porque quién sabe si el día se
aviene y se presenta una fuerte calorina. ¡Chacho, tú. Ahí es nada, todo un
lujo de comedor transportable! La barbacoa del Georgie Dann, con todos los
utensilios y avíos. La mini cadena, la tele, que hay que ver el “Sálvame” del
Jorge Javier y toda su tropa. La nevera con el hielo, para que el líquido esté
fresquito. Los tapergüer y fiambreras con el filete empanao, las chuletas
fritas, las croquetas, la ensaladilla, el huevo duro… ¡Que aproveche! ¿Usted
gusta? No, muchas gracias, que aproveche. ¡Ande usted, pruebe...! ¿Y para la
barbacoa qué has traído? ¡Qué coño para la barbacoa, para asar hombre, para
asar! Para asar tenemos los pinchitos, la sardina, el pestorejo, la costilla,
la panceta y el chorizo. También hemos traído tortilla ¡Madre por Dios, la
reina de la mesa! Donde se ponga una buena tortilla que se quite tó. Eso sí,
una tortilla, tortilla. Tortilla clásica y antigua, esa que parece que es fácil
hacerla pero ojito, qué va. Hacer una buena tortilla cuesta lo suyo. Porque una
tortilla como tiene que ser no la hace cualquiera, hay que saber hacerla.
He consultado a una “tortillera” y
a un “tortillero”, que son quienes hacen la tortilla, y me han recomendado que
para hacer una buena tortilla los ingredientes son: aceite, sal, huevos (al
menos cinco o seis para cuatro personas) y tubérculos, no confundir nunca con
ver-tu-culo. Luego mucha ciencia en saber freír al punto el tubérculo y en el
arte del batido de los huevos, insuflándoles a éstos aire en la agitación y
movimiento para que queden más jugosos. Acto seguido mezclar el huevo con el
tubérculo en una sartén limpia con el aceite bien caliente, echando humo. Es
importante que el aceite esté muy caliente al principio, para que la tortilla
se cuaje rápido y no se pegue al fondo. Para comprobar si está pegada o no me
han recomendado tortilleras y tortilleros que mueva la sartén enérgicamente por
el mango. Siempre por el mango. Un mango liso con buenas medidas. Que esté
limpio y seco para que no se resbale a la hora de agarrarlo. Me han asegurado
que si la tortilla se mueve es que está bien. Al menos eso dicen quienes hacen
las tortillas.
Cuando observemos que el borde de
la tortilla se pone doradito, es el momento de darle la vuelta ¡Ay, madre, darle
la vuelta! Es el momento más delicado, porque se puede romper la tortilla,
desmoronarse y deshacerse. Si la tortilla no tiene arreglo, una salida de ese
desaguisado es comérsela en forma de huevos revueltos y aquí no ha pasado nada.
Pero yo digo que no es igual un revuelto de huevos que una tortilla. Qué va,
dónde va a parar.
La vuelta a la tortilla no puede
estar en manos de gente inexperta, es una cosa muy seria y hay que tener
habilidad para hacerlo. Mientras la tortilla se hace, con un tenedor, vamos
moldeando los bordes para que resulte el conjunto una circunferencia. Y nada, por
fin, ponemos la tortilla recién hecha en una fuente plana y redonda y a la
mesa, a ser su reina.
Hay gente a la que le gusta la
tortilla poco hecha, también mezclarle un poco de cebolla y algunos añadidos.
Hay quienes dejan, durante unos minutos, que se serenen los huevos una vez
batidos. También hay a quienes le gusta comerse la tortilla en pincho, en tapa
y en bocadillo. Personalmente me entusiasma que la tortilla esté cuajada y dorada.
Cortarla en forma de triángulo que pueden salir cuatro u ocho y comerla
calentita. La tortilla fría no sabe igual que la caliente.
La tortilla de patatas es un
clásico de la gastronomía española y reina de la mesa. Pruébela junto a una
ensalada con tomate, lechuga, aceitunas negras, cebolla y pepino ¿Pepino? Sí,
pepino. Algún día prometo hablarles de las propiedades curativas y benévolas
del saludable y consolador pepino, contra la espinilla, los granos, el acné,
las ojeras y los orzuelos. ¿Los qué? Vamos a dejarlo ahí.
¡Ah! y no olvide nunca que no se
puede hacer una tortilla si no se rompen antes los huevos.
___________________________________________________
Este artículo ha sido
publicado en la Revista
del Carnaval 2010 de la
Asociación Cultural “Cazurros Romanos” de la ciudad de
Mérida
En cuanto el sol apriete y pique
un poco, repuestos de la resaca de tanto “Perdona a tu pueblo, Señor” y del
trajín en el ir y venir que se han traído algunos con el dolor de los pecados y
del propósito de la enmienda que nunca harán. Cuando la mente regrese al
raciocinio, que ya iba siendo hora, a la cordura y a la conducta saludable y
cotidiana. Entonces, llegado ese momento, nos dirán muy alto y claro: ¡Pepe,
mañana podíamos ir un ratito al campo, el tiempo se ha puesto bueno! Lo ordena
y manda la parienta y tú, chacho, a obedecer toca. Si eres tú el que lo
propone, te dicen: ¡Anda ya! ¡Con la humedad que hay todavía, si está todo
“enguachirnao” del “tormentón” que cayó el Jueves Santo! Pero como lo dice
ella, la parienta, pues qué quieres que te diga, vista al frente y a obedecer.
Comienzas buscando la utilitaria
mesa plegable campo-playa de color azul, que sirve igual para darnos un
homenaje debajo de una encina que frente al mar, donde también ejercita su
función. ¡Vaya y toma que sí! Date una vuelta por las Antillas, las Chipionas y
las Matalascañas y lo verás. Bata colgada de la suegra en la sombrilla y debajo
de la mesa campo-playa un par de neveras con los avíos fresquitos, y de fondo el
dulce pregón del tío vendiendo cartuchos de camarones para el aperitivo.
Nosotros, hay que reconocerlo,
somos más de secano que de “reguerío”. Aunque como bien saben, Paco nos puso un
pantano aquí y al otro lado también para que disfrutásemos en vida de la costa
extremeña, que no vivir a costa de la cosa extremeña, que ese es otro menester.
Como lo de mangar y trincar, que son especies y variedades diferentes, aunque
las dos, tanto en el fondo como en la superficie, convivan la mar de bien. El
trinque es en euros contantes y sonantes, soliendo acabar en el fondo del
trinchero. Mientras que el mangui, versus choriceo, siempre resulta ser en
especie para terminar en la alacena. Estos dos mandamientos, a costa de, se
encierran en uno: Querer a la mamandurria por encima de todo, hasta perder el
sentío y a la gutibamba más que a las entrañas benéficas de los bolsillos de
uno mismo. O para ser más claro y contundente “Echa vino montañés que lo paga
Luis de Vargas”. Y ya está que me enrollo.
Y con la mesa plegable campo-playa
ya localizada, prosigues la ceremonia de la búsqueda de las sillas, las
banquetas, la tumbona y hasta la sombrilla, porque quién sabe si el día se
aviene y se presenta una fuerte calorina. ¡Chacho, tú. Ahí es nada, todo un
lujo de comedor transportable! La barbacoa del Georgie Dann, con todos los
utensilios y avíos. La mini cadena, la tele, que hay que ver el “Sálvame” del
Jorge Javier y toda su tropa. La nevera con el hielo, para que el líquido esté
fresquito. Los tapergüer y fiambreras con el filete empanao, las chuletas
fritas, las croquetas, la ensaladilla, el huevo duro… ¡Que aproveche! ¿Usted
gusta? No, muchas gracias, que aproveche. ¡Ande usted, pruebe...! ¿Y para la
barbacoa qué has traído? ¡Qué coño para la barbacoa, para asar hombre, para
asar! Para asar tenemos los pinchitos, la sardina, el pestorejo, la costilla,
la panceta y el chorizo. También hemos traído tortilla ¡Madre por Dios, la
reina de la mesa! Donde se ponga una buena tortilla que se quite tó. Eso sí,
una tortilla, tortilla. Tortilla clásica y antigua, esa que parece que es fácil
hacerla pero ojito, qué va. Hacer una buena tortilla cuesta lo suyo. Porque una
tortilla como tiene que ser no la hace cualquiera, hay que saber hacerla.
He consultado a una “tortillera” y
a un “tortillero”, que son quienes hacen la tortilla, y me han recomendado que
para hacer una buena tortilla los ingredientes son: aceite, sal, huevos (al
menos cinco o seis para cuatro personas) y tubérculos, no confundir nunca con
ver-tu-culo. Luego mucha ciencia en saber freír al punto el tubérculo y en el
arte del batido de los huevos, insuflándoles a éstos aire en la agitación y
movimiento para que queden más jugosos. Acto seguido mezclar el huevo con el
tubérculo en una sartén limpia con el aceite bien caliente, echando humo. Es
importante que el aceite esté muy caliente al principio, para que la tortilla
se cuaje rápido y no se pegue al fondo. Para comprobar si está pegada o no me
han recomendado tortilleras y tortilleros que mueva la sartén enérgicamente por
el mango. Siempre por el mango. Un mango liso con buenas medidas. Que esté
limpio y seco para que no se resbale a la hora de agarrarlo. Me han asegurado
que si la tortilla se mueve es que está bien. Al menos eso dicen quienes hacen
las tortillas.
Cuando observemos que el borde de
la tortilla se pone doradito, es el momento de darle la vuelta ¡Ay, madre, darle
la vuelta! Es el momento más delicado, porque se puede romper la tortilla,
desmoronarse y deshacerse. Si la tortilla no tiene arreglo, una salida de ese
desaguisado es comérsela en forma de huevos revueltos y aquí no ha pasado nada.
Pero yo digo que no es igual un revuelto de huevos que una tortilla. Qué va,
dónde va a parar.
La vuelta a la tortilla no puede
estar en manos de gente inexperta, es una cosa muy seria y hay que tener
habilidad para hacerlo. Mientras la tortilla se hace, con un tenedor, vamos
moldeando los bordes para que resulte el conjunto una circunferencia. Y nada, por
fin, ponemos la tortilla recién hecha en una fuente plana y redonda y a la
mesa, a ser su reina.
Hay gente a la que le gusta la
tortilla poco hecha, también mezclarle un poco de cebolla y algunos añadidos.
Hay quienes dejan, durante unos minutos, que se serenen los huevos una vez
batidos. También hay a quienes le gusta comerse la tortilla en pincho, en tapa
y en bocadillo. Personalmente me entusiasma que la tortilla esté cuajada y dorada.
Cortarla en forma de triángulo que pueden salir cuatro u ocho y comerla
calentita. La tortilla fría no sabe igual que la caliente.
La tortilla de patatas es un
clásico de la gastronomía española y reina de la mesa. Pruébela junto a una
ensalada con tomate, lechuga, aceitunas negras, cebolla y pepino ¿Pepino? Sí,
pepino. Algún día prometo hablarles de las propiedades curativas y benévolas
del saludable y consolador pepino, contra la espinilla, los granos, el acné,
las ojeras y los orzuelos. ¿Los qué? Vamos a dejarlo ahí.
¡Ah! y no olvide nunca que no se
puede hacer una tortilla si no se rompen antes los huevos.





















