¡Qué he hecho yo para merecer esto! · Gabriel Aláez · Mérida
Desde hace varios años, Manuel García
Cienfuegos nos honra con la aportación de un artículo para nuestra Revista de
Carnaval. El del pasado año, titulado “Vosotros en el cielo y nosotras en la
gloria” ha levantado unas reacciones un poco subidas de tono entre viudas e
hijos de viudas que se manifiestan heridos e indignados por el contenido de
dicho artículo. El autor ponía sobre el blanco expresiones que todos hemos oído
alguna vez en funerales, velatorios, visitas a cementerios, círculo de amigas o
en el comercio de la esquina.
Con todo detalle y mucha guasa, partiendo del
texto de las esquelas, narraba el desconsuelo de las viudas, hijos y otros
parientes, el llanto, las flores, el luto, los suspiros que se aminoran conforme
van pasando los días. Y la sensación de estar perdida (esto lo añado yo).
Porque la viuda no sólo ha perdido a su marido, sino también al administrador:
“¡Dónde habrá metido este hombre los papeles…!”. Pero todo se va arreglando:
escritura, cuentas bancarias, herencias… ¿herencia? “¡Vaya regalito que me ha
endilgao! Se ha ido sin dejar nada atado. Ahora, el embolao ¿pa quién es?
¡Arréglatelas, Inés!”. (Espero que si hay algunas Inés entre las viudas de
Montijo, no se moleste). Es hoy, y al pobre Manolo le tiemblan las piernas
cuando, tras su jornada de trabajo en Mérida, tiene que regresar a su pueblo.
Amigo Cienfuegos, ¡no sabes donde te has
metido! Parece que cien-fuegos no te bastarán; tú, siempre tan cumplidor a la
hora del pésame, ¿te atreverás ahora a ponerte frente a una paisana que estrena
viudedad para decirle que le acompañas en el sentimiento? No vayas a decirle, a
modo de consuelo, que “el tiempo todo lo cura”, porque vas a necesitar a los
bomberos.
Yo no veo motivos que justifiquen esta movida.
Es más pienso que alguno(a) de los(as) autores(as) de los correos no han leído
el artículo o no lo han leído completo. Doce meses hace que se publicó en
nuestra Revista y no ha habido la menor queja. Y os aseguro que en Mérida
también hay viudas, (en mi casa hay dos: mi madre que enviudó hace 44 años y mi
suegra, hace 55). No comprendo ni comparto los adjetivos que se le dedican,
algunos rayando el insulto, ni quiero replicar con el refrán: “el que se
pica…”. Más bien percibo un tufillo a manipulación interesada por parte de
alguien.
Los Cazurros Romanos no se responsabilizan de
las manifestaciones de sus colaboradores, pero estamos pensando en un bufete de
abogados para defender a los que participan en nuestra Revista. Si todos los
aludidos en nuestras letras reaccionaran como alguna de estas personas…
¡aviados estábamos!
Lo que ha provocado este artículo es la
pancarta que un autobús de Málaga portaba en la luna trasera; dentro, un grupo
de viudas, con humor, que se proponían a pasar un buen día de excursión. ¿Por
qué los(as) detractores(as) no descargan su acritud contra las autoras de la
pancarta y dejan tranquilo al cronista? Aunque, bien pensado, estas viudas, que
haciendo bueno el refrán: “el muerto al hoyo…” han decidido, tras pasar tantas
calamidades, disfrutar de algo bueno que se les ofrece, merecen, en mi opinión,
más loas que críticas.
Convengo que la narración jocosa del relato
pueda verse con ojos distintos en una Revista de Carnaval que una de Feria,
pero si lo que se dice en una y en otra es lo mismo, ¿por qué provoca risas en
una ocasión e iras en otra?
El humor, la tolerancia y el buen rollo de la gente en
Carnaval me llevan a desear que estas fiestas duren todo el año; quizás así
aprendiéramos todos a reírnos de nuestra sombra y podríamos sin temor a que nos duela la cabeza,
manifestarnos en libertad.
Desde la Asociación Cultural “Cazurros Romanos” de
Mérida han enviado este artículo que aparece en la Revista de Carnaval
2010, que esta Asociación edita, firmado por Gabriel Aláez, componente de esta
Asociación y Chirigota del Carnaval emeritense.
Desde hace varios años, Manuel García
Cienfuegos nos honra con la aportación de un artículo para nuestra Revista de
Carnaval. El del pasado año, titulado “Vosotros en el cielo y nosotras en la
gloria” ha levantado unas reacciones un poco subidas de tono entre viudas e
hijos de viudas que se manifiestan heridos e indignados por el contenido de
dicho artículo. El autor ponía sobre el blanco expresiones que todos hemos oído
alguna vez en funerales, velatorios, visitas a cementerios, círculo de amigas o
en el comercio de la esquina.
Con todo detalle y mucha guasa, partiendo del
texto de las esquelas, narraba el desconsuelo de las viudas, hijos y otros
parientes, el llanto, las flores, el luto, los suspiros que se aminoran conforme
van pasando los días. Y la sensación de estar perdida (esto lo añado yo).
Porque la viuda no sólo ha perdido a su marido, sino también al administrador:
“¡Dónde habrá metido este hombre los papeles…!”. Pero todo se va arreglando:
escritura, cuentas bancarias, herencias… ¿herencia? “¡Vaya regalito que me ha
endilgao! Se ha ido sin dejar nada atado. Ahora, el embolao ¿pa quién es?
¡Arréglatelas, Inés!”. (Espero que si hay algunas Inés entre las viudas de
Montijo, no se moleste). Es hoy, y al pobre Manolo le tiemblan las piernas
cuando, tras su jornada de trabajo en Mérida, tiene que regresar a su pueblo.
Amigo Cienfuegos, ¡no sabes donde te has
metido! Parece que cien-fuegos no te bastarán; tú, siempre tan cumplidor a la
hora del pésame, ¿te atreverás ahora a ponerte frente a una paisana que estrena
viudedad para decirle que le acompañas en el sentimiento? No vayas a decirle, a
modo de consuelo, que “el tiempo todo lo cura”, porque vas a necesitar a los
bomberos.
Yo no veo motivos que justifiquen esta movida.
Es más pienso que alguno(a) de los(as) autores(as) de los correos no han leído
el artículo o no lo han leído completo. Doce meses hace que se publicó en
nuestra Revista y no ha habido la menor queja. Y os aseguro que en Mérida
también hay viudas, (en mi casa hay dos: mi madre que enviudó hace 44 años y mi
suegra, hace 55). No comprendo ni comparto los adjetivos que se le dedican,
algunos rayando el insulto, ni quiero replicar con el refrán: “el que se
pica…”. Más bien percibo un tufillo a manipulación interesada por parte de
alguien.
Los Cazurros Romanos no se responsabilizan de
las manifestaciones de sus colaboradores, pero estamos pensando en un bufete de
abogados para defender a los que participan en nuestra Revista. Si todos los
aludidos en nuestras letras reaccionaran como alguna de estas personas…
¡aviados estábamos!
Lo que ha provocado este artículo es la
pancarta que un autobús de Málaga portaba en la luna trasera; dentro, un grupo
de viudas, con humor, que se proponían a pasar un buen día de excursión. ¿Por
qué los(as) detractores(as) no descargan su acritud contra las autoras de la
pancarta y dejan tranquilo al cronista? Aunque, bien pensado, estas viudas, que
haciendo bueno el refrán: “el muerto al hoyo…” han decidido, tras pasar tantas
calamidades, disfrutar de algo bueno que se les ofrece, merecen, en mi opinión,
más loas que críticas.
Convengo que la narración jocosa del relato
pueda verse con ojos distintos en una Revista de Carnaval que una de Feria,
pero si lo que se dice en una y en otra es lo mismo, ¿por qué provoca risas en
una ocasión e iras en otra?
Desde la Asociación Cultural “Cazurros Romanos” de Mérida han enviado este artículo que aparece en la Revista de Carnaval 2010, que esta Asociación edita, firmado por Gabriel Aláez, componente de esta Asociación y Chirigota del Carnaval emeritense.





















