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Lunes, 14 de Noviembre de 2011

Aprender a canalizar el respeto y la bondad

Existen sentimientos o comportamientos contrarios que, aunque parezca mentira, se dan la mano y son bastante comunes en el ser humano. Por desgracia, en algunas personas, se acentúa de una manera casi vergonzosa: bondad y cinismo, amor y odio, coherencia e incoherencia, tolerancia y soberbia, modestia y vanidad, amabilidad y falsedad…, son como dos fuerzas que se repelen y que sin embargo, algunos son capaces de conjugarlas perfectamente. Cuando interesa ponemos cara de María Goretti, todo bondad, todo buenos sentimientos, toda amabilidad… es esa hora en la que nos interesa vender una imagen tierna y cariñosa pero en el interior, está el lado más oscuro y cuando hace su aparición hay que tenerles miedo porque, a veces, suele el odio llegar a extremos impensables.
No es necesario que te den un hachazo para hacerte daño, muchas miradas, situaciones, están cargada de tanto odio que pueden provocar mucho más daño que lo que en un primer momento se pueda pensar.  Es un machaqueo constante que emana de ese cinismo que vive dentro de este tipo de personas y que se suele verter sobre la sociedad sin ningún tipo de remordimiento.
Tengo la sensación que existen personas que se deleitan aplastando hormigas o moscas mientras piensan en algún semejante, recreándose en ese deseo irracional de pisotear a otros por el único motivo de no pensar como ellos. Si somos capaces de pisotear a otro por no pensar como nosotros o por tener una forma de vida diferente a la nuestra… Imaginemos lo que podíamos llegar a hacer por sobrevivir.
La mayoría de las personas tenemos la capacidad de dominar nuestro lado más oscuro, además lo compensamos con nuestros buenos sentimientos pero no siempre ocurre así, en ocasiones suele fluir nuestro irreal super yo y aparecen los ataques de cólera, lo más lamentable de todo es que en algunos, este tipo de situación se da con demasiada frecuencia. Sería interesante infundir en el ser humano grandes dosis de sinceridad para desarrollarla en estos seres de conductas tan ambiguas. Todos tenemos la responsabilizar de aprender para inculcar en la sociedad valores como la generosidad, la sensibilidad y la tolerancia. Hay que reconocer que jugamos con algún que otro factor en contra, la presión o nuestros propios intereses que obstaculizan el sano desarrollo de los sentimientos. Estamos viviendo en una sociedad tan absurda e injusta que como cantaba Alberto Cortés, “nunca estamos conformes con el hacer de los demás; vivimos como lobos hambrientos acechando a los demás y cada paso que damos es un intento de pisar a los demás”…
No podemos olvidar jamás que cuando uno pierde la vergüenza y ataca, el que padece esta agresión, por muy sufrido que sea, puede llegar a perder el respeto.
Después de todo esto, nos quedan dos cosas: amargarnos cuando vemos a nuestro alrededor tanto ser humano irracional o intentar demostrar que las personas también se mueven entre la bondad. Si nos decidimos por esto último, es necesario aprender fórmulas para canalizarla y eso solo se consigue utilizando como herramientas el respeto y la humildad.

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