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Manuel García Cienfuegos
Jueves, 10 de Noviembre de 2011

El debate de las elecciones de la crisis

¿Es tolerable que en esta España de nuestras entretelas se gasten 550.000 euros en un debate cuyo tema más grave era la crisis económica?

Un debate en el que los ciudadanos deseábamos escuchar cómo los candidatos van aliviar la tragedia en la que viven cinco millones de parados, parar y frenar esta tremenda salvajada en la que miles y miles de españoles se levantan cada mañana sin tener nada que hacer. Un debate en el que todos queríamos conocer las políticas austeras a emplear y que éstas a la vez no dañen los servicios esenciales.

Los 550.000 euros han sido justificados por el presidente de la Academia de Televisión, alegando que un acto de este tipo exigía la construcción de un plató de la mejor calidad con todo su equipo técnico, la contratación de múltiples servicios y la organización de un centro de prensa para el que estaban acreditados más de 600 periodistas. El presidente de la Academia también ha justificado que los 550.000 euros iban a ser sufragados por las cadenas que han comprado la señal.

Total, lo de siempre, negocio contante y sonante generado por el mayor espectáculo de un circo mediático con todos sus avíos y catering para degustar pinchos de tortilla, empanadas, croquetas, platitos de paella, quesos, sándwiches de paté, medias noches y montaditos de chorizos, mientras miles y miles de españoles están en el umbral de la pobreza.

Andan proclamando a los cuatro vientos que éstas son las elecciones de la crisis y por ende éste ha sido el debate de la crisis ¿Quién dijo crisis? ¡Tanto cuesta una mesa y tres sillas! Alguien, con muy buen criterio, ha llamado a esto un despilfarro insultante del debate de la crisis.

¡Oiga usted!, ¡Sí, a usted! ¿Y la golfería de los caraduras corruptos que faenan hasta en las mejores familias, los pelotazos, el trinque, la recesión que ya llega y la verdad, pero toda la verdad, sobre el estado gravísimo en el que nos encontramos? Pues visto lo visto, esto no entraba en el precio de la tela pactada a la que sí le faltó un cielo de nubes de algodón, incienso y el Aleluya del maestro Haendel.

Hasta que no aparezca un político, un gestor, un gobernante que diga la verdad, no le importe tomar las medidas que hay que tomar, no le tiemble el pulso y no le de ni la más mínima importancia al mantenimiento del sillón, a los votos, ni a las prebendas y muy especialmente a la mamandurria de la gutibamba, todo, absolutamente todo, seguirá igual. Seguiremos, con debate o sin debate, de puta pena.

 

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