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Lunes, 03 de Octubre de 2011

Música y política

No hace mucho tiempo, me senté a escuchar el ensayo de un coro que preparaba el Réquiem de Mozart en la Universidad Complutense de Madrid. Ví como los estudiantes entraban desordenadamente en la sala de ensayo con aspecto de estar estresados y tensos.
Mientras los observaba, sentados en sus sillas, me preguntaba qué estaban haciendo allí, cuando quedaba poco para los exámenes finales.

Durante los ejercicios de vocalización iniciales, me dí cuenta que todos empezaban a recobrar la energía, como plantas secas a las que se les echa agua y se reaniman. Las posturas cambiaban, los ojos y la piel brillaban y la energía del local de ensayo empezaba a subir.

Cuando empezaron a cantar el Dies Irae, el aire estaba lleno de entrega y excitación, y en ese momento fui consciente de que me encontraba entre buenos músicos, que sabían comunicar los sentimientos de esta obra fundamental de Mozart. Sacrificaban una parte de su tiempo porque la música y el acto de cantar les levantaba el espíritu.¿A quién no le gustaría sentir ese efecto de la música en uno mismo? Desde coros profesionales, con pruebas exigentes de selección, hasta coros amateurs, en los que todo el mundo es bienvenido: hay un sitio para todos. Todos aquellos que ya han cantado en grupo, (coros, grupos parroquiales, folklóricos, murgas...),saben que no hay nada que contribuya más al espíritu de una comunidad que entremezclar las voces en la misma onda de vibraciones.
Cantar crea vínculos de solidaridad que pueden pasar por alto las diferencias. No es necesario, o quizás no queramos hacerlo, conocer la vida del resto de componentes para sentir una necesidad de ayudarse mutuamente y de sentir que nos unen lazos invisibles.
La música en particular, y el arte y la cultura en general, son herramientas fundamentales para el crecimiento de las personas y de la sociedad. El acceso a la cultura, y una cultura de calidad, no sólo es un derecho de la persona, sino que es un bien en alza y una inversión de futuro. La cultura no sólo puede ayudar a salir de la crisis, sino que sentará las bases de una nueva sociedad más participativa, creativa y solidaria.

Todos necesitamos liberar nuestras voces de las restricciones culturales o de las que nos imponemos nosotros, y formar parte de un grupo que cante es una alternativa muy saludable. Propongo montar un coro con ministros, senadores y políticos, y entonar todos un mismo repertorio, seguro que así son conscientes del valor fundamental de la música y la cultura, orquesta de Extremadura incluida. Adelante, nunca es tarde para echarse a cantar y dejarse llevar...sin olvidar vocalizar y afinar. FELIZ OTOÑO ¿CULTURAL?...

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