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Fernando Pinilla Coco | 325
Miércoles, 17 de Agosto de 2011

A mi hermano Pepe · Fernando Pinilla Coco · Mérida

Realmente es complicado empezar esta carta, porque aún no me hago a la idea de que ya no estés entre nosotros.
 
Pero como tu sabias de mi valentía para afrontar las adversidades de esta vida aquí estoy, para recordarte, no solo ahora sino de por vida. Decirte que a mí y a toda la familia nos ha sorprendido la rapidez con que te has ido a otro mundo, tal vez para descansar en paz. No nos has dado tiempo ni oportunidad para ayudarte en la medida de nuestras posibilidades. En poco más de un mes de tu enfermedad, te aseguro que has tenido todo el cariño y apoyo de tus hermanos y cuñadas y ni que decir tiene de tu esposa e hijos, que en ningún momento se han separado de ti para estar presente y ayudarte anímicamente y en lo que fuera posible.
 
Atrás quedas una familia realizada, quedas unos nietos que aún no habías empezado a disfrutar de ellos, pero nos queda el consuelo de que por lo menos los conociste y algo te llevaste en tu alma
 
Hermano Pepe, 67 años no son nada, parece que fue ayer cuando todos estábamos en casa de nuestros padres, (6 hermanos) alrededor de aquella mesa grande redonda  donde nos comíamos los garbanzos y el gazpacho en verano, e íbamos todos a trabajar con nuestro padre al campo, ¡ que pronto ha pasado este tiempo ¡.
 
Y ahora ¿Quién me da los consejos que tú me dabas? ¿Con quién hablo de las lecturas que tanta pasión nos confería? Y con quien hablo de tantas y tantas cosas que tú y yo debatíamos con mesura, con tu sabiduría y tu experiencia. Ya no te veré camino de mis olivos y mi casita de campo para echar el rato en la chimenea o tomar el fresco y hablar de muchas cosas del pasado que yo ignoraba referente a nuestros antepasados.
 
Puedes sentirte orgulloso, porque yo lo estoy de toda nuestra familia, tu esposa e hijos, tus hermanos, tus sobrinos, tus primos. Todos han estado a la altura de estas penosas circunstancias y, como no, tus amigos y todo el pueblo ha sentido tu muerte con sinceridad y sentimientos.
 
A mí me queda el consuelo que el domingo antes de tu muerte, en tu casa, te hablé de hombre a hombre, de hermano a hermano, con cariño, con afecto. Sé que me escuchabas y siempre has respetado mis opiniones, y desde ese día, sé que en la última semana hiciste un gran esfuerzo, para mostrar entereza, ilusión,  aún tengo en mi retina grabada esa sonrisa que te pedí, para dejarme un poco más feliz e ilusionado.
 
Aprovecho la presente, y en nombre de toda mi familia para agradecer al todo el pueblo de Torremayor, nuestra familia de Lobón, Montijo, La Garrovilla etc.,  las muestras de cariño recibidos y la infinidad de condolencias recibidas en días posteriores,  por la muerte de nuestro querido Pepe.
 
Que sepas que durante el tiempo que te tuvimos tu cuerpo presente no lloré, mostré entereza,y gallardía y nobleza para dar ánimos a todos los que nos acompañaban en nuestro dolor, como sé que a ti te hubiera gustado verme, pero que sepas,  he llorado a solas por ti, acuérdate de decirme dónde estás para reunirme algún día contigo.

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