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Lunes, 09 de Mayo de 2011

¿Cambio energético?

No hay que quitar dramatismo a lo ocurrido en Japón, pero puede ser que el desastre haya servido para algo. Hemos tenido que asistir estupefactos a las imágenes de cómo un océano se traga literalmente un país para que las mentes mandantes (que no pensantes) del mundo empiecen a intentar cambiar las cosas. Algunas cosas. Desde que el terremoto dejó su rastro de desolación en el país nipón, las grandes potencias empiezan a plantearse el aceleramiento del desarrollo de las energías renovables, lo cual es, a mi parecer, una gran noticia. Las mentes mandantes le piden a las mentes pensantes que funcionen más deprisa, que se debe tratar de impedir más desastres como este. Bien, bien; ya era hora de empezar a plantear el tema más en serio, sin acordarse de la cuestión económica inmediata y pensando en la Vida, en el mundo en sí mismo y en el Futuro. Si el gran argumento a favor del mantenimiento de la energía nuclear era su bajo coste, yo creo que el precio pagado es demasiado alto. Al final, lo barato sale caro. Al final, lo bueno sale barato, cueste lo que cueste.

Además, nos han recordado cientos de veces en el último mes el desastre de Chernobyl de 1986, la otra gran catástrofe nuclear de la historia. Pero no son las únicas fechas aciagas en la carrera nuclear. Kyshtym y Windscale en 1957, Three Mile Island en el 79 y Tokaimura en el último año del pasado siglo también son accidentes  fatales causados por la energía nuclear. Y a esto hay que añadir lo que no son accidentes: los bombardeos del Enola Gay, las pruebas nucleares “exitosas” y fracasadas, submarinos hundidos con decenas de armas nucleares a bordo, bombas perdidas, escapes que afectan a terrenos de dimensiones espectaculares (concretamente, zonas de Ohio, Oregón, Nevada y Washington) etc. O sea, que sin mucho buscar te encuentras con 12 o 15, lo que no está mal para los 80 años escasos de existencia del invento. Es como si una casa familiar sufriese en los dos últimos años un par de inundaciones, tres impactos de rayos y varios percances de menos importancia, algunos provocados por nosotros mismos. Algo habría que hacer, ¿no?
La otra parte del problema, la científica, es más peliaguda. La emisión de carbono de la energía nuclear es, a priori, menor que la de otras (basándonos en lo conocido, que son los combustibles fósiles). ¡Vaya paradoja! El carbono perjudica a las formas de vida compuestas de carbono. Pero en este punto es donde hay que confiar de nuevo en las mentes pensantes, que con el debido apoyo de las mentes mandantes pondrán las bases de un nuevo ciclo energético, más limpio y menos dañino. Al menos, yo creo que se puede redirigir la cuestión energética a fin de no seguir tirando piedras sobre nuestros propios tejados. Así, no habrá que llamar al seguro. Porque seguro que dicen que el estado de nuestra casa es culpa de nuestro mal mantenimiento.

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