En este Viernes Santo, Dios nos libre
Dios nos libre de los necios, de quienes
creen estar subidos varios escalones por encima de los demás. Dios nos libre de
los que miran por encima del hombro.
Dios nos libre de los pedantes,
estúpidos y acomplejados que arremeten, bajo el dictado de la soberbia y el
egoísmo en el que habitan, con la humildad de sus títulos académicos.
Dios nos libre de quien se golpea
el pecho tras haber estado arrodillado ante el teatro del confesionario, cumpliendo
la penitencia de sus oraciones en los infiernos de sus odios, calumnias y difamaciones.
Dios nos libre del sacerdote que con
su actitud da mal ejemplo, triturando con ello su ministerio. Dios nos libre de
aquellos que sacan provecho económico en su nombre poniéndolo como modelo.
Dios nos libre de los sepulcros
blanqueados, de los que andan agazapados en lo oculto. De los demonios al
aguardo comidos de rabia ante el bien que consiguen sus prójimos. Dios nos
libre de los falsos cristianos, de los que viven una doble moral, de los que
tienen al cuchillo traicionero y el beso de entrega de Judas por estandarte.
Dios nos libre de los que echan
escupitajos y mala baba comidos de envidias. Dios nos libre de la gente melosa,
cínica, zalamera e hipócrita que desde sus habladurías, mentiras, chismes y
negras maquinaciones anuncian el dolor de los pecados y el propósito de la
enmienda que nunca ni la harán, ni la cumplirán.
Dios nos libre de quienes se
acercan a la mesa buscando el pan partido ante el fraternal “amaos los unos a
los otros”, para luego dejar tirados en las cunetas de la vida a los
desprotegidos y necesitados, en estos tiempos de angustia y dolor, sin querer
ni tan siquiera mirarlos.
Dios nos libre, en este Viernes
Santo, de todos ellos. Que Dios nos libre.
Dios nos libre de los necios, de quienes creen estar subidos varios escalones por encima de los demás. Dios nos libre de los que miran por encima del hombro.
Dios nos libre de los pedantes, estúpidos y acomplejados que arremeten, bajo el dictado de la soberbia y el egoísmo en el que habitan, con la humildad de sus títulos académicos.
Dios nos libre de quien se golpea el pecho tras haber estado arrodillado ante el teatro del confesionario, cumpliendo la penitencia de sus oraciones en los infiernos de sus odios, calumnias y difamaciones.
Dios nos libre del sacerdote que con su actitud da mal ejemplo, triturando con ello su ministerio. Dios nos libre de aquellos que sacan provecho económico en su nombre poniéndolo como modelo.
Dios nos libre de los sepulcros blanqueados, de los que andan agazapados en lo oculto. De los demonios al aguardo comidos de rabia ante el bien que consiguen sus prójimos. Dios nos libre de los falsos cristianos, de los que viven una doble moral, de los que tienen al cuchillo traicionero y el beso de entrega de Judas por estandarte.
Dios nos libre de los que echan escupitajos y mala baba comidos de envidias. Dios nos libre de la gente melosa, cínica, zalamera e hipócrita que desde sus habladurías, mentiras, chismes y negras maquinaciones anuncian el dolor de los pecados y el propósito de la enmienda que nunca ni la harán, ni la cumplirán.
Dios nos libre de quienes se acercan a la mesa buscando el pan partido ante el fraternal “amaos los unos a los otros”, para luego dejar tirados en las cunetas de la vida a los desprotegidos y necesitados, en estos tiempos de angustia y dolor, sin querer ni tan siquiera mirarlos.
Dios nos libre, en este Viernes Santo, de todos ellos. Que Dios nos libre.





















