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Lunes, 04 de Abril de 2011

Música y belleza

A menudo buscamos la belleza bajo distintas apariencias durante toda nuestra vida sin saber muy bien por qué lo hacemos. Este afán nos lleva a encontrar pequeños paraísos en nuestra vida: una puesta de sol, una luna plena, como la de hace 2 semanas; una buena música o los olores de la primavera, si no eres alérgico, como es mi caso. ¿Pero es posible encontrar sentido a estos guiños de la belleza entre el caos de las tragedias del mundo que tenemos tan grabadas últimamente en nuestras retinas? ¿Puede la música ayudarnos realmente a afrontar la vida? ¿Existe música de tanta belleza que pueda contrarrestar y transformar el miedo y el sufrimiento?

Los auténticos músicos saben utilizar los recursos musicales como una red para atrapar el resplandor de la belleza. Abrimos nuestros oidos y todo nuestro cuerpo cuando escuchamos algo que nos gusta para asimilarlo mejor, y los cerramos cuando nos resulta molesto o feo. Al escuchar una música que nos guste, sin saber por qué nos emocionamos, entramos en armonía con nosotros mismos, nos sentimos más receptivos, espontáneos y creativos, y percibimos la vida como algo positivo. Cuando estamos en este estado, y abrimos todos nuestros canales sensitivos, recordamos intensamente los momentos vividos en los lugares que nos gustan: una puesta de sol, el mar, pasear por la montaña...La belleza, por tanto, está en cualquier lugar en el que la sepamos encontrar: la clave está en nuestro interior. Nadie mejor que San Agustín para definir la belleza como la sensación que experimentamos cuando percibimos la perfección a nuestro alrededor y dentro de nosotros. Aunque como le gustaba decir a don Carmelo Solís, con el que tanto aprendí de arte, historia y estética musical, "...la belleza exige mucho, porque, si somos consecuentes con ella, debemos cambiar nuestras vidas, y todos tenemos miedo al cambio." Incluso Beethoven no sólo pensaba que su música podía cambiar a aquellos que la escuchasen, sino que el proceso de creación le cambiaría también a él.

Lo que está claro es que sin la presencia de la belleza y la alegría en nuestras vidas no podríamos valorarla tanto para protegerla. Una buena música es una posibilidad para ser felices, una oportunidad de alterar nuestra propia realidad, y vivir la vida con más entusiasmo. Ya sabemos del poder curativo de la música en los momentos especialmente difíciles, como en caso de enfermedad o cuando perdemos un ser querido; sabemos que en la medicina se usa la música para reducir el estrés y la ansiedad, haciendo bajar el ritmo cardíaco y la presión arterial, o incluso ayuda a contrarrestar los efectos traumáticos de la cirugía y de las terapias agresivas, potenciando técnicas de curación con imágenes guiadas.
La sensibilidad que la música puede crear, más allá de lo que experimentamos diariamente, es purificadora por sí misma, y estimula nuestras reservas internas de energía. Sin duda existe otro mundo más bello, pero está dentro de éste, ¿te atreves a buscarlo?. Porque a pesar de todo, LA VIDA ES BELLA.

Recetario musical para este mes: Sinfonía nº 9 (Beethoven), La Pasión según San Mateo (Bach), Réquiem (Mozart) y Preludio a la siesta de un fauno (Debussy).

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