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Viernes, 10 de Julio de 2009

Criticones por naturaleza

Hacer comentarios maliciosos sobre otras personas es una de las aficiones más usuales del ser humano y si  esto es ya una aberración, lo es mucho más no detenernos a pensar, a  analizar los efectos y el daño que podemos hacer. La sociedad nos está volviendo insensibles en el momento de lanzar una crítica o un comentario, casi siempre mordaz, sobre el prójimo. Nos amparamos en la envidia o en nuestra condición de “infollao” para lanzar opiniones que resulten  negativas en aquél contra el que se arremete.
Una crítica, siempre que sea constructiva, es valiosa porque criticar consiste en la acción de juzgar las cosas para analizarlas y mejorarlas, hacer un  análisis reflexivo para corregir errores…pero,  ¿quién quiere eso?  Aquí se critica sin fundamentos,  atentando contra la integridad de aquél o aquellos que son objetos de las críticas, ¡y nos quedamos tan frescos!
Hay que reconocer que somos criticones por naturaleza, sobre todo cuando vivimos una situación en la que, aparentemente,  las condiciones no nos son favorables, o no están, según nuestras infundadas opiniones, jugando a nuestro favor. Y como no hay mejor defensa que un buen ataque, sacamos nuestra mejor “malaleche” de entre las tripas (de ahí que estén impregnadas de tanta mierda) y criticamos sin piedad, pudiendo llegar a la ofensa o en el peor de los casos, a la calumnia. Que se le va a hacer, ¡es una afición popular!, claro que si queremos aficiones extrañas podíamos dedicarnos a la recolección de “huevas de tiburón” ¡no te jode!, porque  hacer acusaciones falsas en contra de persona o institución alguna con el fin de dañar la reputación de la que gozan,  eso es calumnia; que lleva como efectos secundarios, la  injusta desacreditación.
Reflexionando un poco (mucho no porque nos puede echar humo la mente), comprenderíamos que todo es más sencillo de lo que a veces creemos, que nada es lo que parece y sobre todo,  aprenderíamos algo fundamental en la vida, que no todo aquel que no está de acuerdo con nuestra forma de ser y de pensar es por necesidad nuestro enemigo.
Por cierto, no escribo todo esto por la boca de mi herida porque estoy completamente ileso (que se tranquilicen mis amigos, que luego me llaman muy preocupados para ver si me ha ocurrido algo). Simplemente lo hago como espectador de la sociedad y porque hoy escuchaba una canción de Malú donde se denunciaba los comentarios malintencionados, donde la critica es un reflejo de la ignorancia y la apatía, características inconfundibles de los “pobres infelices” que pululan por  la sociedad sin ninguna cosa mejor que hacer que hablar de los demás (como decía mi abuela: “No hay ná peó que una mente descansá”). 
Por cierto, ¿sabéis lo que decía el estribillo de la canción?: “…hay que lavarse con jabón  esa “lenguita” y esa boca… y saberse callar” (sobre todo cuando se dicen impertinencias).
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