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Viernes, 11 de Marzo de 2011

Los niños robados

Quien escribe esta Columna pertenece a la que históricamente, se llamó y aún se conoce como la “Generación del Silencio”, que bien podría tratarse de una Cofradía de Semana Santa pero que se trata de toda una generación de niños y niñas nacida allá en los primeros cinco años de la década de los 50 que, sometida España como estaba a un régimen dictatorial, y aún siendo los primeros que tuvimos acceso a estudios, cultura y conocimientos generales, siempre basados en los Principios del Movimiento Nacional, adquirimos la cultura del miedo a hablar, a preguntar, a plantearnos siquiera que era España y hacia donde iba. Quizá por ello, estos chicos de alrededor de 18 años, en la Europa del 68 y al calor de lo acontecido en Francia, aquí en España se convirtieron de golpe en auténticos terroristas callejeros como respuesta a la opresión y al miedo. Pero como nadie hablaba de ello, se nos conoce como la Generación del Silencio.

60 años más tarde de nuestra aparición en el mundo, empezamos a conocer las tropelías que, no se sabe muy bien en nombre de quien o de que, se han venido cometiendo con miembros de esa generación. Hablo directamente sobre los casos, al parecer miles, de niños robados. Que les llaman robados pero que en realidad forman parte de un Mercado de carne, pues no solo fueron robados por la humana necesidad de prolongar un apellido, fueron primero, robados y después, vendidos.

Alguien ha tenido que beneficiarse de aquel mercadeo. Tratándose de un tema tan delicado, resulta difícil no cometer algún tipo de injusticia cuando se plantea este tema pues son tantos los afectados que, Tololo que se diga se convierte en una generalización y ya se sabe que, generalizar, siempre es injusto.

Vengo siguiendo el caso desde hace días. He visto, leído y oído cosas sobre el escándalo, hasta el aburrimiento. He tomado notas como para reescribir un Quijote nuevo. Si bien cada caso tiene su propia peculiaridad, en todos hay una serie de frases comunes y una que resalta sobre todas las demás…: siempre se habla de la monja tal o me lo dijo Sor cual. LAS MONJAS. A mi no me resulta casual que, de nuevo, ante un escándalo como este, gente vinculada a la Iglesia salga a relucir por causas negativas. Y, aunque nos parezca imposible pensar y llegar a creer que, personas dedicadas a buscar el bien en los demás, a facilitarles la vida con buenos consejos, se constituyan en una trama de delincuentes dedicada al robo de niños y su posterior venta aprovechándose de los beneficios, los testimonios están ahí, no son un invento de este anticlerical que firma el presente libelo. Y es que son tantos los casos y las coincidencias que algo debe de haber.

Estamos planteando la cuestión sobre la base de la general incultura de aquellos años de necesidades. Cuando yo vine a la vida el 9 de Agosto de 1950, mis padres aún disponían de Cartilla de Racionamiento. Los trámites para la inscripción de un nuevo nacido no se limitaban a incluirlo en el Libro de Familia en un Juzgado, también había que incluirlo en la Cartilla. Con un año de edad necesité Penicilina y mis padres la consiguieron a través del contrabando. Ellos pudieron hacerlo, muchos otros padres, no. Es decir, las condiciones para que un nuevo hijo pusiera en riesgo la entonces precaria economía familiar eran infinitas. Dentro de todo ese concepto, a mi no me extraña que floreciera la Mafia de compra-venta de niños. Como no me extraña que el Nacionalismo Ultracatólico tenga mucho que ver con lo sucedido. Que no me extrañe no quiere decir que no me asuste ni me indigne.

Que a estas alturas del partido, con la que está cayendo, existan miles de casos de gente de mi edad que no sabe si sus padres son en realidad sus padres, me parece más que preocupante, me parece tan indignante como no conseguir saber donde estás los restos de tantos miles de represaliados por el franquismo. Todo se mezcla en estos casos. Conviene no olvidar que estamos hablando de la Generación del Silencio. Por eso no se lo que opinan los lectores de este tema, pero para mi es otra de las vergüenzas nacionales, y me atrevo a plantearla así. Una generación en la que al hombre le correspondía llevar a la casa todo lo necesario para la vida y donde la mujer no tenía más derecho que lavar y fregar de la mañana a la noche y abrirse de piernas cuando su marido lo solicitaba. Entre medias de todo eso, había que rezar el rosario, en voz alta para que te oyeran los vecinos, no fuera a ser que te marcaran con el hierro de mal Católico. Y había que ir a misa, diaria si pudiera ser o al menos, los Domingos. No había para comer pero era necesario salir a la calle con velo y no te lo regalaban, igual que esas niñas musulmanas que ahora tanto criticamos. Y no se cuestionaban las acciones de los miembros de la Iglesia Católica. Si tener amigos era un premio gordo, que algún amigo fuera Cura o Monja, era un tesoro. Así funcionaban las cosas en aquella España. Y creíamos en ello porque era lo que había. ¿Cómo íbamos a imaginar que se cometieran estos abusos?.

Quien quiera que sea quien se ha lucrado de esta mercancía humana no basta con que su castigo sea el eterno remordimiento. Si bien es cierto que los hijos no eligen a los padres, si que los padres, sobre todo las madres, eligen a sus hijos. Debe de ser muy duro saber que tu hijo fue comprado y no poder decírselo por miedo al rechazo. Debe de ser muy duro mirar a tu familia para descubrir que no te pareces en nada a ellos y vivir con la duda permanente. Pero más duro debe de ser descubrir que has sido objeto de engaño durante mucho tiempo. Es por eso que estos hijos, estos niños comprados merecen y deben conocer la verdad, ya. Y desenmascarar una trama tan escandalosa como esta, caiga quien caiga.

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