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Miércoles, 09 de Marzo de 2011

El pollo negro

Acudimos a ver EL CISNE NEGRO a la sesión de las ocho. Una cola interminable, como hace tiempo que no se ve en este cine. Pienso que deben venir a ver otra peli, quizá ENREDADOS, quizá SAW VII, pero no creo que la gente acuda en masa a ver una de Aronofsky. ¿Dónde estaban cuando vi completamente solo EL LUCHADOR? Y eso que era su cinta más comercial… Llegamos a la taquilla. “Dos entradas para Cisne Negro, por favor”. “Sólo quedan en la fila dos”. “Bueno, pues para el siguiente pase”. “Fila nueve, asientos cinco y seis”. “Perfecto”. La gente se apelotona alrededor de la puerta. Algunos incluso se hacen los despistados y se cuelan. “¡Que las butacas están numeradas, por Dios!”

Descorren la cinta roja que nos prohibía la entrada, la marabunta irrumpe y buscamos nuestros asientos. Las luces están encendidas, pero los tráilers ya han empezado. Mal.
Comienza la película. Esto está abarrotado. Los anuncios en los que se han resaltado los premios y nominaciones que lleva acumulados han dado resultado: las señoras mayores sólo vienen al cine cuando hay olor a Oscar. Inquietud en la sala. La gente no sabe muy bien qué está viendo, pero está callada. “Dicen que la película es buena, así que tiene que serlo, aunque no me esté enterando de nada”, es lo que se lee en las caras de algunos compañeros de pase. Silencio sepulcral, sólo roto por algunas risas puntuales en momentos en los que otros se sienten incómodos y no saben hacia dónde mirar.

Me pregunto qué estará pensando esa abuela cuando ve a Natalie Portman masturbándose. ¿Y esa niña de doce años? Los rollos van pasando y la gente se empieza a poner realmente nerviosa. El tipo que está sentado a mi izquierda se remueve incómodo en el asiento.

Resopla. Su novia le pregunta qué le pasa y él dice que nada. Ella le dice que se puede dormir si quiere y él dice que no, pero no deja de bufar durante toda la sesión. Bea está colorada y me pide la botella de agua. Luego la pruebo yo y está casi en ebullición. Observo al público y empiezo a detectar movimientos de incomodidad. Me remango el jersey.

“Pásame palomitas. Échamelas aquí, que no me cabe la mano en la bolsa y no quiero hacer ruido”. Noto cómo el chocolate se derrite de inmediato en mi palma. La película sigue y yo estoy sufriendo cada vez más. Natalie Portman se viste para interpretar al cisne negro… ¡Yo estoy sudando como un pollo! ¡El pollo negro!

Termina la sesión, salimos a la calle y doy gracias al universo por regalarme un poco de aire fresco después de lo que he pasado. La peli está bien, tampoco es para tirar cohetes, pero no es eso lo que nos ha hecho sudar, sino el agobiante, asfixiante e infernal calor que hacía dentro de la sala. Voy a crear un grupo de Facebook: “Supervivientes del horno crematorio del Cine Conquistadores de Badajoz”.

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