Port-O-San
Y, a pesar de todo, volveré
Yo de siempre he sido de hacer mis compras en pequeñas tiendas: la pescadería, carnicería, frutería, etc. de mi barrio. Me gusta el trato cercano, la confianza en el producto, el saber realmente qué es lo que compro. Siempre he defendido el comercio montijano (como el desarrollo del pueblo en general) frente a las escapadas a grandes superficies o tiendas de renombre en otras ciudades (de hecho, creo que la última vez que fui de compras a Badajoz o Mérida hace más o menos un año). Por supuesto que hay artículos que adquiero en supermercados, pero soy de tienda. Esto me ha supuesto debates varios sobre el tema, en los cuales era prácticamente el único que defendía esta posición: la verdad es que la opinión general sobre el comercio montijano deja bastante que desear. Y la verdad es que en algunas cosas no tengo ningún tipo de argumento defensivo, salvo mi particular intención de apoyo a nuestros establecimientos comerciales en el ansia de evitar que, como dicen algunos de mis contertulios (desgraciadamente, por el camino que parecen llevar las cosas, con bastante razón), Montijo se acabe convirtiendo en una ciudad dormitorio. Por eso me creo en el derecho y me veo en la obligación de denunciar una cuando menos grotesca situación que viví hace no mucho, a ver si conseguimos mejorar los puntos negativos de nuestro comercio. El más preocupante, quizá, es el bajo stock de productos. No creo que debamos pretender tener a nuestra disposición el exclusivo modelo de batidora sin manos XJ-2500-M, ni una tarjeta de sonido igual que la que utiliza el técnico de los Rolling, ni unos zapatos iguales que los que llevaba Paz Vega en la gala de los Goya, ni cosas por el estilo, hasta ahí estamos; pero no puede ocurrir que necesite nueve desplazamientos en total a dos tiendas distintas para conseguir un ridículo cartucho de tinta para la impresora. ¡Nueve! Y, encima, que después de tres solicitudes, el cuarto día te digan que la han vendido. ¿Es que los compran de uno en uno? Hay que joderse. Y que cuando por fin la encuentras, en el 9º intento (3º de esa tienda) no te hayan traído la compatible y te tengas que gastar cuatro veces lo previsto. La guinda del pastel. Porque la necesitaba, ya con urgencia, claro, después de la espera, que si no la iba a comprar Rita. ¿Os imaginais, vosotros, los gerentes o empleaados de esas tiendas, que necesitáis un bolígrafo y os cuesta 10 salidas, más de una semana y 10 euros poder firmar una factura? ¿O que, al salir del trabajo en uno de estos calurosos días os decidís a tomar algo y necesitáis visitar 7 bares para que os sirvan una caña porque “hay que pedirla”? ¿O que no os vendan unos filetes porque están esperando a que se muera el pollo?
Evidentemente, los ejemplos son un poco radicales, pero ¡¡es que sólo era un maldita cartucho de tinta!! ¡¡Y encima, negra!! Por favor, señores, sean más cuidadosos con lo pocos clientes que disfrutamos llenando las cajas de las pequeñas tiendas. Así sus quejas serán más respetables y entendidas en el futuro.
Evidentemente, los ejemplos son un poco radicales, pero ¡¡es que sólo era un maldita cartucho de tinta!! ¡¡Y encima, negra!! Por favor, señores, sean más cuidadosos con lo pocos clientes que disfrutamos llenando las cajas de las pequeñas tiendas. Así sus quejas serán más respetables y entendidas en el futuro.




















