El virus no entiende de fronteras
La ley deja meridianamente claro que la gestión de la pandemia, de todas las alertas sanitarias internacionales corresponde al Gobierno y por ello es inaplazable un protocolo único, compartido y acordado por todos para que todo el mundo sepa a qué atenerse en cada momento. Los ciudadanos desaprueban que cada comunidad autónoma aplique criterios distintos, como la toma de temperatura en los centros educativos o la realización de test. Si no interiorizamos que el virus no entiende de fronteras, mal vamos.
Tenemos a un Gobierno incapaz de gestionar la crisis sanitaria y de prever esta segunda ola. España es el país con mayor tasa de contagios por cada 100.000 habitantes y eso se debe a un claro déficit de gestión del Gobierno. No se trata de un problema regional sino nacional, porque 9 de cada 10 regiones europeas más afectadas son españolas.
Si analizamos la evolución de la pandemia los datos nos muestran que desde que se llevó al Congreso el decreto de la nueva normalidad han fallecido en España 8.000 personas más que en el año anterior por lo que requiere tomar medidas para que la situación no se nos vuelva a escapar de las manos.
Los expertos hacen hincapié en se requiere crear un órgano único de salud pública para contar con información automatizada y rápida, así como reforzar las competencias del Ministerio de Sanidad, junto con la puesta en marcha de un plan de recursos humanos y de reserva estratégica. Pero junto con la crisis de la Covid nuestro país también está inmerso en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, gestión en la que el presidente Pedro Sánchez parece que, a cambio de lograr apoyos políticos, está llevando a cabo un verdadero ejercicio de chalaneo político vendiendo nuestro modelo democrático, el internacionalmente reconocido y alabado modelo de la transición que todos los españoles nos dimos en el 78.
Anuncios como la concesión de indultos a la carta intranquilizan a la opinión pública ya que es otro de los favores que le están haciendo a los separatistas. Introducir cambios en el Código Penal para rebajar las penas por los delitos de sedición y rebelión le suena a música celestial a quienes pretenden que el sistema implosione.
Que un día sí y otro también escuchemos los ataques reiterados del vicepresidente a ls Monarquía parlamentaria genera mucha preocupación ya que en estos momentos más que nunca lo que se precisa a toneladas es estabilidad y lealtad institucional.
El titular no puede ser más desalentador: “Tenemos un Gobierno falto de credibilidad y arrodillado ante sus socios preferentes, Bildu-Batasuna y los independentistas”.
La ley deja meridianamente claro que la gestión de la pandemia, de todas las alertas sanitarias internacionales corresponde al Gobierno y por ello es inaplazable un protocolo único, compartido y acordado por todos para que todo el mundo sepa a qué atenerse en cada momento. Los ciudadanos desaprueban que cada comunidad autónoma aplique criterios distintos, como la toma de temperatura en los centros educativos o la realización de test. Si no interiorizamos que el virus no entiende de fronteras, mal vamos.
Tenemos a un Gobierno incapaz de gestionar la crisis sanitaria y de prever esta segunda ola. España es el país con mayor tasa de contagios por cada 100.000 habitantes y eso se debe a un claro déficit de gestión del Gobierno. No se trata de un problema regional sino nacional, porque 9 de cada 10 regiones europeas más afectadas son españolas.
Si analizamos la evolución de la pandemia los datos nos muestran que desde que se llevó al Congreso el decreto de la nueva normalidad han fallecido en España 8.000 personas más que en el año anterior por lo que requiere tomar medidas para que la situación no se nos vuelva a escapar de las manos.
Los expertos hacen hincapié en se requiere crear un órgano único de salud pública para contar con información automatizada y rápida, así como reforzar las competencias del Ministerio de Sanidad, junto con la puesta en marcha de un plan de recursos humanos y de reserva estratégica. Pero junto con la crisis de la Covid nuestro país también está inmerso en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, gestión en la que el presidente Pedro Sánchez parece que, a cambio de lograr apoyos políticos, está llevando a cabo un verdadero ejercicio de chalaneo político vendiendo nuestro modelo democrático, el internacionalmente reconocido y alabado modelo de la transición que todos los españoles nos dimos en el 78.
Anuncios como la concesión de indultos a la carta intranquilizan a la opinión pública ya que es otro de los favores que le están haciendo a los separatistas. Introducir cambios en el Código Penal para rebajar las penas por los delitos de sedición y rebelión le suena a música celestial a quienes pretenden que el sistema implosione.
Que un día sí y otro también escuchemos los ataques reiterados del vicepresidente a ls Monarquía parlamentaria genera mucha preocupación ya que en estos momentos más que nunca lo que se precisa a toneladas es estabilidad y lealtad institucional.
El titular no puede ser más desalentador: “Tenemos un Gobierno falto de credibilidad y arrodillado ante sus socios preferentes, Bildu-Batasuna y los independentistas”.





















