Demasiados intereses personales
En el artículo de este mes me apetece comentar algo que se da mucho en nuestra sociedad y no voy a centrarme en un caso concreto porque existen multitud, surgen tantos en el día a día que generalizarlo lo considero más correcto. El tema: Los intereses personales.
Siempre me ha llamado la atención como se nos llena la boca elogiando el bien común, la colaboración, luchar todos unidos por la misma causa, y luego, cuando llega el momento de la verdad, se actúa enfocando todo hacía nuestros propios intereses y ya nos pueden dar mil razones, por convincentes que sean, para llevar a cabo un buen proyecto colectivo que no sirve de nada. Al ser humano nos gusta la cooperación, trabajar en equipo es primordial –pensamos todos- pero cuando hay intereses por medio, que fácil nos resulta dar un paso atrás, buscar justificaciones y mantenernos firmes en nuestras creencias aunque estas solo tengan por finalidad… una imposición de medallas. Se interponen los intereses personales al interés general, que debería estar por encima de creencias, costumbres y pensamientos. ¡Como nos gusta a todos brillar en solitario, sin darnos cuenta que si brillamos todos a la vez, el resplandor sería más grande y mucho más hermoso!.
Todos teníamos que trabajar buscando cosas positivas para nuestra sociedad, que existan verdaderos lazos de cooperación entre los distintos grupos y sobre todo, que aprendamos a enterrar los intereses personales de cada uno. Se positivamente que esto es prácticamente imposible pero siempre tienes ese rayo de esperanza con el que soñamos y nos ilusionamos. Si aprendiéramos, al menos, a dejar a un lado la hipocresía de defender un bien general, cuando en realidad lo que se está persiguiendo es tu propio interés o el de tu entorno otro gallo nos cantaría. La convivencia sería más armoniosa porque la crispación, que siempre está en el ambiente, no estaría tan latente.
Nunca va a funcionar nada cuando existen demasiadas preferencias individuales o la división está flotando en el ambiente o sobre nuestras cabezas. Dejemos tanta teoría o filosofía sobre el bien común y seamos prácticos llevándolo a cabo, pero de verdad, sin intereses personales, sin decir una cosa y hacer otra y mucho menos, intentando colgarnos una medalla. Si algo hay que subir a un pódium es a un buen proyecto y que esté sobre él porque se ha trabajado en equipo para realizarlo.
Nuestro esfuerzo, nuestra lucha, nuestra unión es lo único que puede hacernos grandes. No olvidemos aquella frase tan acertada de Alexis Tocqueville: “Más que las ideas, a los seres humanos los separan los intereses”.
En el artículo de este mes me apetece comentar algo que se da mucho en nuestra sociedad y no voy a centrarme en un caso concreto porque existen multitud, surgen tantos en el día a día que generalizarlo lo considero más correcto. El tema: Los intereses personales.
Siempre me ha llamado la atención como se nos llena la boca elogiando el bien común, la colaboración, luchar todos unidos por la misma causa, y luego, cuando llega el momento de la verdad, se actúa enfocando todo hacía nuestros propios intereses y ya nos pueden dar mil razones, por convincentes que sean, para llevar a cabo un buen proyecto colectivo que no sirve de nada. Al ser humano nos gusta la cooperación, trabajar en equipo es primordial –pensamos todos- pero cuando hay intereses por medio, que fácil nos resulta dar un paso atrás, buscar justificaciones y mantenernos firmes en nuestras creencias aunque estas solo tengan por finalidad… una imposición de medallas. Se interponen los intereses personales al interés general, que debería estar por encima de creencias, costumbres y pensamientos. ¡Como nos gusta a todos brillar en solitario, sin darnos cuenta que si brillamos todos a la vez, el resplandor sería más grande y mucho más hermoso!.
Todos teníamos que trabajar buscando cosas positivas para nuestra sociedad, que existan verdaderos lazos de cooperación entre los distintos grupos y sobre todo, que aprendamos a enterrar los intereses personales de cada uno. Se positivamente que esto es prácticamente imposible pero siempre tienes ese rayo de esperanza con el que soñamos y nos ilusionamos. Si aprendiéramos, al menos, a dejar a un lado la hipocresía de defender un bien general, cuando en realidad lo que se está persiguiendo es tu propio interés o el de tu entorno otro gallo nos cantaría. La convivencia sería más armoniosa porque la crispación, que siempre está en el ambiente, no estaría tan latente.
Nunca va a funcionar nada cuando existen demasiadas preferencias individuales o la división está flotando en el ambiente o sobre nuestras cabezas. Dejemos tanta teoría o filosofía sobre el bien común y seamos prácticos llevándolo a cabo, pero de verdad, sin intereses personales, sin decir una cosa y hacer otra y mucho menos, intentando colgarnos una medalla. Si algo hay que subir a un pódium es a un buen proyecto y que esté sobre él porque se ha trabajado en equipo para realizarlo.
Nuestro esfuerzo, nuestra lucha, nuestra unión es lo único que puede hacernos grandes. No olvidemos aquella frase tan acertada de Alexis Tocqueville: “Más que las ideas, a los seres humanos los separan los intereses”.





















