Jueves, 22 de Enero de 2026

Actualizada Jueves, 22 de Enero de 2026 a las 14:04:30 horas

Manuel García Cienfuegos
Viernes, 04 de Octubre de 2019 Actualizada Viernes, 04 de Octubre de 2019 a las 12:05:41 horas

Octubre. Aceitunas aliñadas

Octubre principia con el quinario a San Francisco. Llegarán las Témporas y el Niño se dormirá sobre el hombro de la Virgen del Rosario. Días después se celebrará la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil, Benemérito Instituto que este año cumple ciento setenta y cinco años de la fundación por el duque de Ahumada. Despunta la luz tamizada y los chaparrones proclaman la otoñada. Ha llegado el otoño endureciendo la carne de membrillo, enrojeciendo y poniendo a punto las granadas y haciendo que los melones, casados y sumisos, sean subidos a los doblados a la espera de endulzarnos los días cortos y tristes del invierno. Mientras, las moscas pesadas y pegajosas faenan en este tiempo de comienzos de octubre. El almanaque del tiempo en sus amaneceres y atardeceres ha puesto su mirada en los árboles que lentamente han comenzado a despojarse de sus vestiduras, anunciándonos que ha sido confirmada la belleza de la pasión de la luz que da color al otoño. Tonos dorados, suaves, tamizados, algunos con sabor a oro viejo en la paleta que dibuja y pinta estos días, los trabajos, los recuerdos y la vida. Así es como la liturgia de octubre amarillea en el horizonte.

Recuerdo cuando bajo el sol de los últimos rescoldos que nos embauca haciéndonos creer que aún queda verano, cómo, en una silla baja con asiento de enea, sus manos se entregaban al saludable oficio de machar la estirada piel de las aceitunas, tras haber caído las primeras lluvias generosas que la ponían morada, dándole tamaño y convirtiéndolas en pan. Así era como despertaban las orzas, volviendo al cabo de un año los sabores de la temporada. Las primeras aceitunas bajo el aliño mejor guardado. Tres o cuatro días en agua, cambiándosela dos o tres veces cada jornada. Ajo, orégano, pimiento molido, laurel y un buen reposo. Todo con un sabor ligeramente amargo, pero muy agradable. Mis ojos se iban en busca de aquellas orzas. Ella sonreía, y yo le profetizaba “Tienen que estar de muerte”. Cuando el sol no pueda quitarse el frío de la cara. Cuando se caigan las hojas y venga la lluvia empapándolo todo. Cuando se pidan mesas de camilla y brasero poniendo en lo alto, para aliviarnos de las encogidas del invierno, un plato de migas; allí estará un tazón de aceitunas aliñadas.

Estos días, este sol de otoño, traen también la partitura del salmo que canta y repica gozoso asomándose por la tapia de la casa de los hermanos Paca y Juan Domínguez Delgado. Porque esta dama, esta reina a punto de ser coronada, principió haciéndose carne en junio para enrojecerse en octubre y cantar el pregón de la madurez de su fruto: “la granada”, que nos saluda ruborizada en su timidez para endulzarnos. Ay, otoño. Tiempo y sazón. Porque hay un tiempo para nacer y otro para morir. Tiempo de hablar y tiempo de callar. Tiempo de rasgar y otro para coser. Tiempo de plantar y de arrancar. Tiempo de llorar y de reír, Todo tiene su tiempo. Lo que es ya lo es.

A finales de octubre serpenteará el rito del humo y el olor a castañas asadas envueltas en un cartucho de papel estraza, bajo los contraluces con los que nos obsequian sus días. Y llegarán sabores a buñuelos de viento, pestiños y huesos de santo. Las ausencias blanquearán nichos y colocarán crisantemos sintiendo las ausencias y los recuerdos. Porque las horas liman los días, los días roen los años y los años menguan la vida. Nada somos, por más que nos empeñemos. Todo es efímero. Así, en esa espera, ahora, desde lo alto, sobre el azul del cielo, nos vigila una luna grande y redonda como un pandero. Desde el color a cobre de las hojas de los árboles que son acunadas por una luz gris plomo que les imprime el ritmo que, nuevamente, dicta sabiamente la naturaleza. Tempus fugit.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.