Jueves, 22 de Enero de 2026

Actualizada Jueves, 22 de Enero de 2026 a las 14:04:30 horas

Andrés Acevedo
Miércoles, 11 de Septiembre de 2019 Actualizada Miércoles, 11 de Septiembre de 2019 a las 12:42:09 horas

¿Es cruel utilizar el castigo?

Desde hace tiempo, el castigo ha adquirido mala fama entre los educadores, medios de comunicación y población general. Supongo que es el resultado de la utilización desmedida e infundada que se hizo de éste hace algunos años.

La antigua visión de la educación se basaba en la sumisión a las figuras de autoridad, que administraban tales consecuencias si no se cumplía con lo demandado. Pareciera, ahora, que castigar te convirtiera en una de esas figuras. Quedando así, huérfanos de recursos los padres, cuando desean que sus hijos no hagan algo y no quieren utilizar el castigo.

En un sentido técnico, un castigo es cualquier consecuencia que haga menos probable que se repita una conducta determinada, ya sea añadiendo algo desagradable o retirando algo agradable. De este modo, castigar no es sólo quedar a tu hijo sin salir de casa o pegarle un cachete en el culo. También es mandarle a que limpie lo que ha ensuciado, privarle de la paga de la semana o decirle de forma seria “eso no se hace”.

Estas consecuencias, según el caso y la persona, pueden hacer menos probable que se repita aquello que ha provocado el castigo.

Basar la educación únicamente en estrategias de castigo (sea del tipo que sea) es un grave error. Hay mil razones por las que esto está desaconsejado: disminuye otras conductas que no queremos reducir, es difícil de ejecutar o de mantener en muchas ocasiones, puede acarrear enfado, tristeza o rabietas, tiende a ir aumentando en intensidad y a perder eficacia a lo largo del tiempo, etc.

Sin embargo, aunque la educación más eficaz es la que se centra en el refuerzo de las conductas adecuadas, prescindir de la utilización del castigo por completo, es muchas veces complicado.

 Hay conductas que requieren ser modificadas de forma inmediata, como por ejemplo pegar a los compañeros o cruzar la carretera sin mirar. Ciertos castigos como hablar serio en ese momento, privarlo de juego 5 minutos, mandar a recoger lo que ha ensuciado o a pedir perdón a los niños que ha insultado, son estrategias que han demostrado ser eficaces.

Estar a favor de evitar los castigos crueles o de evitar el castigo como forma prioritaria de educación, no implica estar en contra de utilizar ciertas modalidades de castigo en ciertos momentos como los expuestos. Tal vez sea más cruel para un niño no ayudarle a regularse cuando lo necesita y permitir que ciertos comportamientos poco adaptativos se mantengan en el tiempo.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.