Revivir el deseo (los pilares básicos) II
En el anterior artículo analizábamos cinco mitos que favorecen la pérdida del deseo sexual. Hoy me gustaría hablar de algunas causas más amplias que afectan a este y se extienden al resto de la relación de pareja.
En muchas ocasiones la disminución del deseo no tiene que ver con un deterioro del erotismo en sí, sino de la propia relación.
La sexualidad forma parte de la cumbre de una pirámide de afectos. Existen algunos componentes más elementales que constituyen los cimientos del deseo en la pareja.
Uno de de estos pilares es la intimidad.
Si hay algo común a todas las relaciones sexuales es precisamente la confianza de los amantes que comparten algo tan privado. De esta forma dos personas que desconfían el uno del otro, que no comparten intimidades de carácter emocional o que se muestran muy reservados, difícilmente podrán lograr una interacción satisfactoria que produzca y mantenga el deseo entre ellos.
Además, para la mayoría de personas las relaciones sexuales se convierten en la máxima expresión de afectividad. Las muestras de cariño son muy variadas y van desde proporcionar apoyo emocional y ayuda en la tareas diarias, hasta algunas conductas de cariño físico, como son los besos, los abrazos, las caricias, los masajes, etc. Lo cuales, pueden tener un componente erótico o no, pero expresan físicamente el afecto por la otra persona.
No podemos esperar que pase toda la semana sin el más mínimo contacto, más que un par de besos de saludo y cuando llegue el fin de semana, exista una una buena conexión física y emocional.
Por último, no podemos olvidarnos de la comunicación, o mejor dicho, de cierta forma de comunicación. Hablar no es suficiente. Se requiere tiempo, espacio, confianza, establecer un clima que no juzgue a la otra persona, que no reproche, que entienda sus particularidades, en especial aquellas que no nos gustan.
Si no nos sentimos comprendidos, si tenemos sentimientos encontrados hacia nuestra pareja o si nos sentimos decepcionados con nuestra relación, difícilmente querremos exponernos a una situación tan íntima y delicada como es el sexo.
Soy consciente de que estas tres áreas de las que hemos hablado son muy generales y costosas de conseguir. Sin embargo, pienso que no hay otra manera. La sexualidad dentro del marco de la pareja, en especial en las que llevan más tiempo juntas, es una sexualidad muy diferente del “aquí te pillo aquí te mato” de las relaciones esporádicas y no podemos, por ello, tratar de imitar este modelo tan televisivo.
El árbol que no reguemos en invierno, difícilmente florecerá en primavera.
En el anterior artículo analizábamos cinco mitos que favorecen la pérdida del deseo sexual. Hoy me gustaría hablar de algunas causas más amplias que afectan a este y se extienden al resto de la relación de pareja.
En muchas ocasiones la disminución del deseo no tiene que ver con un deterioro del erotismo en sí, sino de la propia relación.
La sexualidad forma parte de la cumbre de una pirámide de afectos. Existen algunos componentes más elementales que constituyen los cimientos del deseo en la pareja.
Uno de de estos pilares es la intimidad.
Si hay algo común a todas las relaciones sexuales es precisamente la confianza de los amantes que comparten algo tan privado. De esta forma dos personas que desconfían el uno del otro, que no comparten intimidades de carácter emocional o que se muestran muy reservados, difícilmente podrán lograr una interacción satisfactoria que produzca y mantenga el deseo entre ellos.
Además, para la mayoría de personas las relaciones sexuales se convierten en la máxima expresión de afectividad. Las muestras de cariño son muy variadas y van desde proporcionar apoyo emocional y ayuda en la tareas diarias, hasta algunas conductas de cariño físico, como son los besos, los abrazos, las caricias, los masajes, etc. Lo cuales, pueden tener un componente erótico o no, pero expresan físicamente el afecto por la otra persona.
No podemos esperar que pase toda la semana sin el más mínimo contacto, más que un par de besos de saludo y cuando llegue el fin de semana, exista una una buena conexión física y emocional.
Por último, no podemos olvidarnos de la comunicación, o mejor dicho, de cierta forma de comunicación. Hablar no es suficiente. Se requiere tiempo, espacio, confianza, establecer un clima que no juzgue a la otra persona, que no reproche, que entienda sus particularidades, en especial aquellas que no nos gustan.
Si no nos sentimos comprendidos, si tenemos sentimientos encontrados hacia nuestra pareja o si nos sentimos decepcionados con nuestra relación, difícilmente querremos exponernos a una situación tan íntima y delicada como es el sexo.
Soy consciente de que estas tres áreas de las que hemos hablado son muy generales y costosas de conseguir. Sin embargo, pienso que no hay otra manera. La sexualidad dentro del marco de la pareja, en especial en las que llevan más tiempo juntas, es una sexualidad muy diferente del “aquí te pillo aquí te mato” de las relaciones esporádicas y no podemos, por ello, tratar de imitar este modelo tan televisivo.
El árbol que no reguemos en invierno, difícilmente florecerá en primavera.





















