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Martes, 28 de Diciembre de 2010

Año Nuevo, crónica nueva

Ante todo, felices fiestas. Espero que aún os acordéis de mí, pues hace ya bastante tiempo que no dejo caer unas líneas por aquí. Lo siento de veras, pero esto de que los días solo tengan veinticuatro horas es una auténtica lata y a veces me impide cumplir los plazos establecidos. Si a esto le unimos que mi compañero Vicente ha dado el sí quiero, tenemos como resultado que tendremos que inventar una fórmula de colaboración distinta de la que hasta ahora teníamos. Pero eso es otra historia.

El caso es que un nuevo año acaba de comenzar y mi sensación es la misma que cuando acabó el anterior, es decir, que hace un par de días: estoy asqueado, en general.

Estoy asqueado con las exigencias del banco europeo (¿se merecen estos señores las mayúsculas?) que lo único que buscan es bajar las deudas externas de los países con problemas, aunque para ello los gobiernos (el nuestro incluido) tengan que llevar al práctica medidas que no repercuten directamente en mejorar la economía de las familias. A los “grandes” les importa un bledo que en España haya paro, o que en Grecia pronto todo sean ruinas. El caso es que no les debamos un puto euro. ¡Vaya mierda! Estoy asqueado, e indignado, con la inocentada de mal gusto (y, encima, adelantada) que nos gastaron a todos los controladores aéreos a primeros de diciembre. Hay que tener muy mala baba para joder a miles de personas por la cara, aunque tengan razón en sus exigencias (que no me lo creo). No se puede jugar con la economía de muchas familias españolas que no estás en su mejor momento, ni con muchas familias de inmigrantes que llevan años sin ver a los suyos. No se puede.

Estoy asqueado con todos los que se han empeñado en empañar los espectaculares últimos años del deporte español. Esos que han jugado sucio, esos a los que muchos chavales ponen como referente para luego darse cuenta de que eran unos tramposos. Kill your idols, que dicen por ahí. No todo vale, y menos si con ello te enriqueces, y consigues la admiración de miles de personas.

Pero bueno, tampoco es todo malo. Estoy muy contento por otras cosas, las que a mí realmente me importan: las más cercanas. Por ejemplo, estoy contento de haber colaborado con el grupo Asimétriko Teatro (estos sí, con mayúsculas) en ese precioso espectáculo llamado LLOVIZNARTE, y de comprobar el gran trabajo que hace Laura Moreira con esos chicos. Mi más sincera enhorabuena para todos los que participaron de ese gran día. Cosas como esa, realmente, merecen la pena.

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