Alguien sueña a cada instante con abrazarte... y brindar
La Navidad es una fiesta tan hermosa y a la vez que extraña, difícil, sobre todo cuando eres mayor y te envuelve una nostalgia que apenas te deja disfrutar de ella. Son las fechas donde están más presentes los seres queridos que nos dejaron, donde siente más de cerca esa situación no demasiado buena que estas viviendo o donde se agudizan las ausencias, en torno a la mesa, de los que no pueden acompañarnos ese día.
Nos damos especial cuenta, al recordar, que nuestros deseos de felicidad para el año que termina, esos que pedíamos cuando finalizaba el año anterior y que por unos momentos creímos que darían un cambio positivo a nuestra vida... no llegaron a cumplirse y terminamos asumiendo, que cada vez parece que es más difícil ser feliz.
Estas fechas nos invita a salir más a la calle y ciertamente, todo está espléndido y hermoso. Nos atrevemos, desde la ilusión, a llevar a nuestra mesa manjares más especiales. Nos hacemos, dentro de nuestras posibilidades, más regalos que en todo el año pero tenemos impregnada la sensibilidad a flor de piel y apenas lo disfrutamos porque lo que necesitamos realmente es ternura y cariño, es lo que nos pide el cuerpo desde la nostalgia.
La Navidad es una fiesta llena de nostalgia y de tristeza. La nostalgia, como decía anteriormente, es entendible y en cierto modo, necesaria pero la tristeza hay que combatirla siempre. No podemos hurgar en ella porque nos amargará la vida. Todos sabemos lo difícil que es deshacerse de todo lo triste que puede sucedernos pero hay que intentarlo ¡luchar cada día por ser feliz! y por valorar y disfrutar con lo que tenemos.
Sé que no todo sale como cada uno quiere; que la vida no es fácil para casi nadie; que la mayoría de las veces no conseguimos nuestros proyectos, por insignificantes que sean; que el amor no responde en nuestra vida como deseamos. Hay que poner los pies en la tierra, asimilar la realidad y comprender que nunca va a ser posible ser amados por todos. No puedes pasarte los días esperando que pase algo porque, por desgracia, lo único que pasan irremediablemente son los días.
No es prudente encerrarnos en una coraza y hacernos insensibles, todo lo contrario, hay que salir a luchar, a disfrutar, a valorar esas pequeñas cosas que tenemos y que nos pueden dar grandes satisfacciones. Yo escribí hace años un poema donde invitaba a todos a brindar por la esperanza y hoy quiero volver a compartirlo con vosotros:
Aunque te duela hasta el alma y tu vida sea un pesar
porque has perdido el cariño, la esperanza, la amistad…
¡Sonríe frente a la vida, no es buena la soledad!.
A malos tiempos… paciencia.
Hoy llega la Navidad envuelta en cien mil colores
para invitarte a soñar.
Alégrate la vida, amigo, y no debes olvidar
que en algún lugar del mundo alguien sueña a cada instante
con abrazarte… y brindar.
La Navidad es una fiesta tan hermosa y a la vez que extraña, difícil, sobre todo cuando eres mayor y te envuelve una nostalgia que apenas te deja disfrutar de ella. Son las fechas donde están más presentes los seres queridos que nos dejaron, donde siente más de cerca esa situación no demasiado buena que estas viviendo o donde se agudizan las ausencias, en torno a la mesa, de los que no pueden acompañarnos ese día.
Nos damos especial cuenta, al recordar, que nuestros deseos de felicidad para el año que termina, esos que pedíamos cuando finalizaba el año anterior y que por unos momentos creímos que darían un cambio positivo a nuestra vida... no llegaron a cumplirse y terminamos asumiendo, que cada vez parece que es más difícil ser feliz.
Estas fechas nos invita a salir más a la calle y ciertamente, todo está espléndido y hermoso. Nos atrevemos, desde la ilusión, a llevar a nuestra mesa manjares más especiales. Nos hacemos, dentro de nuestras posibilidades, más regalos que en todo el año pero tenemos impregnada la sensibilidad a flor de piel y apenas lo disfrutamos porque lo que necesitamos realmente es ternura y cariño, es lo que nos pide el cuerpo desde la nostalgia.
La Navidad es una fiesta llena de nostalgia y de tristeza. La nostalgia, como decía anteriormente, es entendible y en cierto modo, necesaria pero la tristeza hay que combatirla siempre. No podemos hurgar en ella porque nos amargará la vida. Todos sabemos lo difícil que es deshacerse de todo lo triste que puede sucedernos pero hay que intentarlo ¡luchar cada día por ser feliz! y por valorar y disfrutar con lo que tenemos.
Sé que no todo sale como cada uno quiere; que la vida no es fácil para casi nadie; que la mayoría de las veces no conseguimos nuestros proyectos, por insignificantes que sean; que el amor no responde en nuestra vida como deseamos. Hay que poner los pies en la tierra, asimilar la realidad y comprender que nunca va a ser posible ser amados por todos. No puedes pasarte los días esperando que pase algo porque, por desgracia, lo único que pasan irremediablemente son los días.
No es prudente encerrarnos en una coraza y hacernos insensibles, todo lo contrario, hay que salir a luchar, a disfrutar, a valorar esas pequeñas cosas que tenemos y que nos pueden dar grandes satisfacciones. Yo escribí hace años un poema donde invitaba a todos a brindar por la esperanza y hoy quiero volver a compartirlo con vosotros:
Aunque te duela hasta el alma y tu vida sea un pesar
porque has perdido el cariño, la esperanza, la amistad…
¡Sonríe frente a la vida, no es buena la soledad!.
A malos tiempos… paciencia.
Hoy llega la Navidad envuelta en cien mil colores
para invitarte a soñar.
Alégrate la vida, amigo, y no debes olvidar
que en algún lugar del mundo alguien sueña a cada instante
con abrazarte… y brindar.



















