Un meteorito mata a cuatro patos
Dos días después de la festividad del Corpus Christi, día en el que llegó el solsticio del verano de 1924, festividad también de San Luis de Gonzaga, Correo de la Mañana, exponía en un titular: “De Montijo. Mueren cuatro patos”. La noticia parece un tanto intrascendente, pero a medida que te entregas a su lectura descubres la trágica aventura que los patos cautivos en casa de Francisco Pajuelo, de la calle Senador Piñero (antes y ahora de Arcos) sufrieron y la causa que lo motivó.
Todo sucedió sobre las nueve de la mañana, instante en el que pudo observarse en los cielos de Montijo, el cruce de un fenómeno meteorológico en dirección noroeste. A pesar de los agnósticos, el vecindario quedó convencido de dicho efecto cuando supo de la muerte de los cuatro patos. Las aves fallecieron, señala la noticia, por algunos gases desprendidos del pequeño aerolito (meteorito compuesto de silicatos de hierro y magnesio) que marchaba en estado incandescente, acompañando de fuertes detonaciones, que por no verse mejor el foco luminoso debido a la reflexión del sol, llamaban poderosamente la atención. Tras haber dejado la bóveda, bajo la que habita Montijo, continuaba viéndose como una nube blanca por espacio de algunos minutos. El tema del día, afirmaba la crónica, fue la marcha del meteorito que corría vertiginosamente. Para los más temerosos pensaron que llegaba el final de los tiempos, el Juicio Final.
En ese mismo número, Correo de la Mañana profundizaba aún más sobre la noticia enviada desde Montijo, contándole a los lectores que “el bólido que anteayer a las nueve y media de la mañana pasó en dirección a Portugal, fue a caer a unos 27 kilómetros de Badajoz, en el término de Olivenza, a tres kilómetros de la ciudad, en una finca llamada “Lemos”. Se calcula su peso en unos 150 a 200 kilos, no pudiendo precisarse porque al chocar contra el suelo parte de él se dividió en pequeños trozos. Cerca del lugar donde el bólido fue a caer, se hallaban unos trabajadores ocupados en faenas del campo, que no sufrieron más daño que el susto consiguiente por tan desagradable visita”.
Días después del suceso, el catedrático de Cristalografía y de Mineralogía de la Universidad Central y jefe de Sección de Meteoritos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Lucas Fernández Navarro, precisaba sobre el susto que muchos se llevaron, diciendo “que acercándose al sitio vieron una gran piedra partida en diferentes trozos que, al ser tocada en la superficie quemaba y, en cambio, en el centro de los trozos recién partidos, tenían tan baja temperatura que parecía de hielo. Por los fragmentos de que se tiene noticia puede calcularse que la masa total del meteorito alcanzaría cerca de 120 kilos”.
Tiempos en los que competían dos máquinas de escribir, la Bar-Lock y la Remington portátil. La primera decía ser la más moderna máquina de fabricación inglesa; silenciosa, rápida en la escritura, de tipo claro y visible. El marketing publicitario de la portátil Remington, decía ser la única máquina de viaje con teclado universal, poseedora de tecla de cambio de mayúsculas, teclas de retroceso y mecanismo de cinta bicolor.
Todo en plena efervescencia de la dictadura de Primo de Rivera. Era alcalde primorriverista de Montijo, Juan Gragera Quintana, nombrado el 9 de abril de 1924; natural de La Nava de Santiago, población de la que había sido alcalde, junto con algunos de sus hermanos, Gumersindo, Vicente y Francisco, adictos a la derecha monárquica. Juan Gragera Quintana volvió a la alcaldía en 1930, firmando un convenio entre el Ayuntamiento y el Centro Obrero, representado por el socialista Sebastián Gabardino, estableciendo un salario mínimo y dando preferencia a los obreros vecinos en detrimento de los forasteros.
Dos días después de la festividad del Corpus Christi, día en el que llegó el solsticio del verano de 1924, festividad también de San Luis de Gonzaga, Correo de la Mañana, exponía en un titular: “De Montijo. Mueren cuatro patos”. La noticia parece un tanto intrascendente, pero a medida que te entregas a su lectura descubres la trágica aventura que los patos cautivos en casa de Francisco Pajuelo, de la calle Senador Piñero (antes y ahora de Arcos) sufrieron y la causa que lo motivó.
Todo sucedió sobre las nueve de la mañana, instante en el que pudo observarse en los cielos de Montijo, el cruce de un fenómeno meteorológico en dirección noroeste. A pesar de los agnósticos, el vecindario quedó convencido de dicho efecto cuando supo de la muerte de los cuatro patos. Las aves fallecieron, señala la noticia, por algunos gases desprendidos del pequeño aerolito (meteorito compuesto de silicatos de hierro y magnesio) que marchaba en estado incandescente, acompañando de fuertes detonaciones, que por no verse mejor el foco luminoso debido a la reflexión del sol, llamaban poderosamente la atención. Tras haber dejado la bóveda, bajo la que habita Montijo, continuaba viéndose como una nube blanca por espacio de algunos minutos. El tema del día, afirmaba la crónica, fue la marcha del meteorito que corría vertiginosamente. Para los más temerosos pensaron que llegaba el final de los tiempos, el Juicio Final.
En ese mismo número, Correo de la Mañana profundizaba aún más sobre la noticia enviada desde Montijo, contándole a los lectores que “el bólido que anteayer a las nueve y media de la mañana pasó en dirección a Portugal, fue a caer a unos 27 kilómetros de Badajoz, en el término de Olivenza, a tres kilómetros de la ciudad, en una finca llamada “Lemos”. Se calcula su peso en unos 150 a 200 kilos, no pudiendo precisarse porque al chocar contra el suelo parte de él se dividió en pequeños trozos. Cerca del lugar donde el bólido fue a caer, se hallaban unos trabajadores ocupados en faenas del campo, que no sufrieron más daño que el susto consiguiente por tan desagradable visita”.
Días después del suceso, el catedrático de Cristalografía y de Mineralogía de la Universidad Central y jefe de Sección de Meteoritos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Lucas Fernández Navarro, precisaba sobre el susto que muchos se llevaron, diciendo “que acercándose al sitio vieron una gran piedra partida en diferentes trozos que, al ser tocada en la superficie quemaba y, en cambio, en el centro de los trozos recién partidos, tenían tan baja temperatura que parecía de hielo. Por los fragmentos de que se tiene noticia puede calcularse que la masa total del meteorito alcanzaría cerca de 120 kilos”.
Tiempos en los que competían dos máquinas de escribir, la Bar-Lock y la Remington portátil. La primera decía ser la más moderna máquina de fabricación inglesa; silenciosa, rápida en la escritura, de tipo claro y visible. El marketing publicitario de la portátil Remington, decía ser la única máquina de viaje con teclado universal, poseedora de tecla de cambio de mayúsculas, teclas de retroceso y mecanismo de cinta bicolor.
Todo en plena efervescencia de la dictadura de Primo de Rivera. Era alcalde primorriverista de Montijo, Juan Gragera Quintana, nombrado el 9 de abril de 1924; natural de La Nava de Santiago, población de la que había sido alcalde, junto con algunos de sus hermanos, Gumersindo, Vicente y Francisco, adictos a la derecha monárquica. Juan Gragera Quintana volvió a la alcaldía en 1930, firmando un convenio entre el Ayuntamiento y el Centro Obrero, representado por el socialista Sebastián Gabardino, estableciendo un salario mínimo y dando preferencia a los obreros vecinos en detrimento de los forasteros.





















