Port-O-San
Musa Policial
Cuando el otro día mi compañera Lupe, la encargada de recoger y
administrar las colaboraciones para este periódico, me llamó para
recordarme que, como siempre, se me acababa el plazo de entrega, le
dije que le estaba dando los últimos retoques a mi escrito. ¡¡Falso!!
Lo siento Lupe, pero te mentí. Sí que es verdad que todo estaba ya
fraguándose en mi cerebro, pero no había sido capaz aún de trasladar
mis ideas al papel. Por unas razones u otras, no acababa de convencerme
el resultado final que había imaginado: que si es demasiado corto, que
si es demasiado personal y poco interesante, que no parece mi forma
habitual de escribir…
Pero al fin ocurrió algo, un suceso que me ayudó a terminar el escrito,
pero me obligó a darle la forma que finalmente tiene. Por fin, gracias
a ese detalle, tengo algo este mes que sea suficientemente interesante,
un tema y una situación que me permita utilizar (o al menos eso creo)
mi habitual manera de escribir y, por supuesto, que pueda ser
desarrollada con la extensión mínima deseable para no confundirla con
un análisis sintáctico. Ahí va la idea: mi hermano está pintando la
fachada…
¡Que sí, que sí, que es cierto! ¡Gracias Caliope, Clio, Erato y las
demás! Y que quede claro que no es broma, ¿eh? Que ahora viene lo
mejor: resulta que me tomo un café con el pintor de la fachada (un
pedazo de artista) y me cuenta lo típico. Que bien, que tal, pero que
había tenido que cortar la calle para poner el gadcheto-andamio ese al
que se suben los pintores (que ya hay que tenerlos bien puestos para
encaramarse a esa especie de flan metálico) y que se había dirigido,
como se hace en estos casos, al puesto de guardia de la Policía
Municipal para solicitar permiso y unos conos señalizadotes. ¡Cuán
grande fue su sorpresa cuando le dijeron que tenía todo el permiso del
mundo, pero que no tenían conos, que no había presupuesto municipal
para comprarlos! ¡¿Unos p____s conos de plástico?! Y entonces, ¿cómo
desarrollan su trabajo los municipales? ¿Y los miembros del servicio de
limpieza llevan su propia escoba? No sé a vosotros, pero a mí me parece
demasiado: algo hay mal en esta historia. O el presupuesto no lo hay
porque a uno no le da la gana, o los otros mienten o yo qué sé. Lo
único que es cierto es que tantas diferencias entre gobierno municipal
y policía no son buenas para el pueblo.
Pero, afortunadamente, yo tengo la solución, por lo menos en lo
referente al presupuesto de la policía: como en el Marcelo Nessi los
guardas no saben tener las manos quietas, podemos solicitar a la Junta
de Extremadura que les confisque a todos sus preciosas y ablandadas
porras de goma, venderlas a una fábrica de neumáticos y con el
dinerito…¡compramos unos conos, y hasta cilindros!
Pero al fin ocurrió algo, un suceso que me ayudó a terminar el escrito, pero me obligó a darle la forma que finalmente tiene. Por fin, gracias a ese detalle, tengo algo este mes que sea suficientemente interesante, un tema y una situación que me permita utilizar (o al menos eso creo) mi habitual manera de escribir y, por supuesto, que pueda ser desarrollada con la extensión mínima deseable para no confundirla con un análisis sintáctico. Ahí va la idea: mi hermano está pintando la fachada…
¡Que sí, que sí, que es cierto! ¡Gracias Caliope, Clio, Erato y las demás! Y que quede claro que no es broma, ¿eh? Que ahora viene lo mejor: resulta que me tomo un café con el pintor de la fachada (un pedazo de artista) y me cuenta lo típico. Que bien, que tal, pero que había tenido que cortar la calle para poner el gadcheto-andamio ese al que se suben los pintores (que ya hay que tenerlos bien puestos para encaramarse a esa especie de flan metálico) y que se había dirigido, como se hace en estos casos, al puesto de guardia de la Policía Municipal para solicitar permiso y unos conos señalizadotes. ¡Cuán grande fue su sorpresa cuando le dijeron que tenía todo el permiso del mundo, pero que no tenían conos, que no había presupuesto municipal para comprarlos! ¡¿Unos p____s conos de plástico?! Y entonces, ¿cómo desarrollan su trabajo los municipales? ¿Y los miembros del servicio de limpieza llevan su propia escoba? No sé a vosotros, pero a mí me parece demasiado: algo hay mal en esta historia. O el presupuesto no lo hay porque a uno no le da la gana, o los otros mienten o yo qué sé. Lo único que es cierto es que tantas diferencias entre gobierno municipal y policía no son buenas para el pueblo.
Pero, afortunadamente, yo tengo la solución, por lo menos en lo referente al presupuesto de la policía: como en el Marcelo Nessi los guardas no saben tener las manos quietas, podemos solicitar a la Junta de Extremadura que les confisque a todos sus preciosas y ablandadas porras de goma, venderlas a una fábrica de neumáticos y con el dinerito…¡compramos unos conos, y hasta cilindros!




















