Que no nos falten las emociones
Emoción, escalofrío, impresión, repeluco es lo que solemos sentir cuando vemos o nos hablan de algún acontecimiento, hecho o situación que pasa en nuestras vidas. Ahondando en estas acepciones he confeccionado este catálogo, este muestrario, aunque no están todas las emociones y repelucos, si bien una selección de algunas de ellas.
Juan Antonio el Pastor cantándole con sentimiento y pasión una saeta al Cristo de la Agonía en la noche del Jueves Santo. El primer cohete de la noche de los fuegos de nuestra Feria y Fiestas Patronales. El triunfo de la U.D. Montijo frente al Lagun Onak por medio del cual, los de Bienve ascendieron a tercera división, en su recibimiento y celebración desde los balcones del Ayuntamiento. La Banda de Música tocando la “Saeta” por la avenida Emperatriz Eugenia. Un plato de migas del bar Patro para calentar el cuerpo en una mañana de frío del mes de diciembre. El poder que concentraba el rey y el verdugo en una misma persona cuando jugábamos a él en la edad de la adolescencia. Pedro López tocando con su saxofón el pasodoble “En er mundo”. Cuando desde la radio se escuchaba “Aquí Radio España Independiente, estación pirenaica, la única emisora española sin censura”. El sonido de los pregones: “Bollos de leche. Platería, no quiere alguna cosita. Tinajas, barriles, cuenca. Niña el molletero y al rico helado mantecado”. La emoción de las primeras aceitunas machás de la temporada.
El contagio por la emoción que producía el popular Dimas al cantar en su “Tómbola la Fuente” un cincuenta. Un trago del fino Macario. El corro de muchachos, en una noche de verano cantando por la calle, “Pobre sardina ya se murió, le cantaremos misa mayor. La calavera el conqui”. El fotógrafo y guitarrista Manolo Vargas acompañando a Fernando Navarro, el Garbancero, cantando un fandango. La alegría de los niños en un Domingo de Ramos. Las faenas del torero Curri de Camas en la plaza portátil que se instalaba en la Feria. La emoción que le daba a los asiduos clientes de la bodega de Lorenzo Paredes Carretero al subir los escalones de su establecimiento que estaba en la Puerta del Sol. El olor a albahaca en la mañana del 28 de agosto en las andas de nuestra Patrona, la Virgen de Barbaño. La Agrupación Cultural Agla cantando y bailando “Por la calle de Arriba”. Las ganas de tomarte una caña cuando vas de nazareno en la procesión del Santo Entierro y la cofradía para frente a la freiduría de la Ronda del Valle. O ese olor a jazmines que desprendía una noche de verano el cine Palmera.
Alfonso Romero con la orquesta Los Rebeldes cantando “Reloj no marques las horas” en el baile de Miguel Cuéllar. Las tardes de fútbol que ofreció a la afición Juanito Carretero, jugador de la U.D. Montijo y hoy policía municipal. Cuando los indios estaban a punto de acabar con una caravana de hombres blancos y de pronto aparecía el ejército yanqui, escuchándose una atronadora ovación en el gallinero del Teatro Calderón. La primera vez que escuchamos el Himno Oficial de Montijo compuesto por Narciso M. Leo Romero, director de la Banda de Música. La música que produce el sonido del agua contra las vasijas al caer desde las canales en una tarde de siesta de invierno. El olor que desprendía el obrador de Paco el dulcero por la calle Peñas. Las subidas y bajadas por La Joyailla, que estaba en el parque, hoy Hogar del Pensionista. La alegría por el encuentro de las imágenes del Domingo de Resurrección. El calorcito de un buen brasero de picón, protegido por las enaguas de la camilla. Estas son algunas de las emociones más hondas, aquellas que se arraigan en la memoria; quizás sea porque a medida que vas cumpliendo años el corazón desea escribir la luz primera.
Emoción, escalofrío, impresión, repeluco es lo que solemos sentir cuando vemos o nos hablan de algún acontecimiento, hecho o situación que pasa en nuestras vidas. Ahondando en estas acepciones he confeccionado este catálogo, este muestrario, aunque no están todas las emociones y repelucos, si bien una selección de algunas de ellas.
Juan Antonio el Pastor cantándole con sentimiento y pasión una saeta al Cristo de la Agonía en la noche del Jueves Santo. El primer cohete de la noche de los fuegos de nuestra Feria y Fiestas Patronales. El triunfo de la U.D. Montijo frente al Lagun Onak por medio del cual, los de Bienve ascendieron a tercera división, en su recibimiento y celebración desde los balcones del Ayuntamiento. La Banda de Música tocando la “Saeta” por la avenida Emperatriz Eugenia. Un plato de migas del bar Patro para calentar el cuerpo en una mañana de frío del mes de diciembre. El poder que concentraba el rey y el verdugo en una misma persona cuando jugábamos a él en la edad de la adolescencia. Pedro López tocando con su saxofón el pasodoble “En er mundo”. Cuando desde la radio se escuchaba “Aquí Radio España Independiente, estación pirenaica, la única emisora española sin censura”. El sonido de los pregones: “Bollos de leche. Platería, no quiere alguna cosita. Tinajas, barriles, cuenca. Niña el molletero y al rico helado mantecado”. La emoción de las primeras aceitunas machás de la temporada.
El contagio por la emoción que producía el popular Dimas al cantar en su “Tómbola la Fuente” un cincuenta. Un trago del fino Macario. El corro de muchachos, en una noche de verano cantando por la calle, “Pobre sardina ya se murió, le cantaremos misa mayor. La calavera el conqui”. El fotógrafo y guitarrista Manolo Vargas acompañando a Fernando Navarro, el Garbancero, cantando un fandango. La alegría de los niños en un Domingo de Ramos. Las faenas del torero Curri de Camas en la plaza portátil que se instalaba en la Feria. La emoción que le daba a los asiduos clientes de la bodega de Lorenzo Paredes Carretero al subir los escalones de su establecimiento que estaba en la Puerta del Sol. El olor a albahaca en la mañana del 28 de agosto en las andas de nuestra Patrona, la Virgen de Barbaño. La Agrupación Cultural Agla cantando y bailando “Por la calle de Arriba”. Las ganas de tomarte una caña cuando vas de nazareno en la procesión del Santo Entierro y la cofradía para frente a la freiduría de la Ronda del Valle. O ese olor a jazmines que desprendía una noche de verano el cine Palmera.
Alfonso Romero con la orquesta Los Rebeldes cantando “Reloj no marques las horas” en el baile de Miguel Cuéllar. Las tardes de fútbol que ofreció a la afición Juanito Carretero, jugador de la U.D. Montijo y hoy policía municipal. Cuando los indios estaban a punto de acabar con una caravana de hombres blancos y de pronto aparecía el ejército yanqui, escuchándose una atronadora ovación en el gallinero del Teatro Calderón. La primera vez que escuchamos el Himno Oficial de Montijo compuesto por Narciso M. Leo Romero, director de la Banda de Música. La música que produce el sonido del agua contra las vasijas al caer desde las canales en una tarde de siesta de invierno. El olor que desprendía el obrador de Paco el dulcero por la calle Peñas. Las subidas y bajadas por La Joyailla, que estaba en el parque, hoy Hogar del Pensionista. La alegría por el encuentro de las imágenes del Domingo de Resurrección. El calorcito de un buen brasero de picón, protegido por las enaguas de la camilla. Estas son algunas de las emociones más hondas, aquellas que se arraigan en la memoria; quizás sea porque a medida que vas cumpliendo años el corazón desea escribir la luz primera.





















