Sobre la Campaña Navideña del Kilo · Manuel Regalado del Viejo · Montijo
En la
última edición de este periódico leo un resumen de la llamada “Campaña
del Kilo” promovida por las comunidades parroquiales de Montijo, cuyo
lema, se explica, lleva por nombre “Siente esta Navidad un pobre en su
mesa”.
Todo me parece muy loable y muy digno en un tiempo en que la
solidaridad casi brilla por su ausencia. Por desgracia, vivimos en una
sociedad egoísta, con un amor hasta el límite por tener cada vez más,
provocando con ello que la corrupción se esté disparando de manera tan
alarmante.
La solidaridad no sólo es cosa de los cristianos, es de todas las
religiones y de todas las culturas. Pero no es esta la intención por la
que me he decidido a escribir esta carta. Según se ha dicho, el lema
es: “Siente esta Navidad un pobre en su mesa”. No estoy muy de acuerdo
con esa definición; habría que anular esa frase o, en todo caso, añadir
otra que concluyera: “Siente esta Navidad un pobre en su mesa y sígalo
sentando durante el resto del año todas las veces que le sea posible y
se lo permita su economía”.
Me recuerda la película “Plácido”, de Berlanga, que viene como anillo
al dedo en lo que comento. El lema principal del argumento era el
mismo: “Sentar a un pobre en tu mesa”. El protagonista sufre una serie
de peripecias y a pesar de ser el que más luchó directa o
indirectamente por esa buena causa, su final no fue muy feliz, siendo
hasta menospreciado.
Afortunadamente, aún existen solidarios verdaderos que se preocupan de los demás; los menos, cierto, pero ahí están.
Ahora, en estas fechas en las que todo son buenos deseos, ahí se quedan
pues las palabras sin los hechos, es pura demagogia, es como cuando se
dice que “una fe sin obras es una fe muerta”.
Los gobiernos, que son los que pueden y deben (o debieran) buscar las
soluciones, sus reuniones y sus “cumbres” casi siempre terminan en
fracaso. La necesidad más básica del ser humano es poder alimentarse
todos los días y llevamos siglos sin que se logre acabar con este
problema, que parece que lejos de paliarse va en aumento.
Hay un villancico navideño popular con un cierto tinte sarcástico que
termina así: “… porque en esta tierra ya no hay caridad, ni la ha
habido nunca, ni nunca la habrá”.
Todo me parece muy loable y muy digno en un tiempo en que la solidaridad casi brilla por su ausencia. Por desgracia, vivimos en una sociedad egoísta, con un amor hasta el límite por tener cada vez más, provocando con ello que la corrupción se esté disparando de manera tan alarmante.
La solidaridad no sólo es cosa de los cristianos, es de todas las religiones y de todas las culturas. Pero no es esta la intención por la que me he decidido a escribir esta carta. Según se ha dicho, el lema es: “Siente esta Navidad un pobre en su mesa”. No estoy muy de acuerdo con esa definición; habría que anular esa frase o, en todo caso, añadir otra que concluyera: “Siente esta Navidad un pobre en su mesa y sígalo sentando durante el resto del año todas las veces que le sea posible y se lo permita su economía”.
Me recuerda la película “Plácido”, de Berlanga, que viene como anillo al dedo en lo que comento. El lema principal del argumento era el mismo: “Sentar a un pobre en tu mesa”. El protagonista sufre una serie de peripecias y a pesar de ser el que más luchó directa o indirectamente por esa buena causa, su final no fue muy feliz, siendo hasta menospreciado.
Afortunadamente, aún existen solidarios verdaderos que se preocupan de los demás; los menos, cierto, pero ahí están.
Ahora, en estas fechas en las que todo son buenos deseos, ahí se quedan pues las palabras sin los hechos, es pura demagogia, es como cuando se dice que “una fe sin obras es una fe muerta”.
Los gobiernos, que son los que pueden y deben (o debieran) buscar las soluciones, sus reuniones y sus “cumbres” casi siempre terminan en fracaso. La necesidad más básica del ser humano es poder alimentarse todos los días y llevamos siglos sin que se logre acabar con este problema, que parece que lejos de paliarse va en aumento.
Hay un villancico navideño popular con un cierto tinte sarcástico que termina así: “… porque en esta tierra ya no hay caridad, ni la ha habido nunca, ni nunca la habrá”.




















