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Teo Cayetano
Teo Cayetano | 355
Viernes, 11 de Mayo de 2018

La batalla de la posverdad

El término posverdad viene a definir, con ribetes de cultura política, lo que de toda la vida hemos conocido simple y llanamente como mentira. O sea, que si a usted le plantean un argumento basado en la posverdad, que sepa que le están colando una trola como una casa.
Viene esto a colación del escaso tino con que el Gobierno ha hecho frente a la que posiblemente sea la peor crisis institucional que nos haya tocado vivir desde la Transición, el intento de golpe de Estado perpetrado por las autoridades autonómicas de Cataluña. Además de la desidia gubernamental para poner coto a los desmanes nacionalistas, o la pachorra de un presidente del Gobierno que prefiere seguir leyendo el Marca mientras el poder judicial asume en solitario la respuesta del Estado ante la insurrección, hay un campo de batalla que los golpistas dominan con maestría y donde la incomparecencia institucional ha sido clamorosa: la difusión del discurso victimista y falso que vomitan a placer rufianes, puchimones y secuaces, sin que ninguna autoridad competente se afane en desmentirlo.
Aquí esta mercancía discursiva, defectuosa y maloliente, sólo la compran los propios independentistas - forjados a base de años de control de la educación y  manipulación de los medios de comunicación - a quienes se suman con entusiasmo las marcas locales de la izquierda radical, encantadas con la idea de dañar cualquier fundamento de lo que aún conocemos como España. Pero fuera de nuestro país, la manipulación de los hechos, convenientemente mutados vía posverdad, va calando en la opinión pública internacional, que termina comprando una historia adulterada porque es el único relato que se le ofrece.
Ante el bochornoso silencio gubernamental, ha tenido que ser Inés Arrimadas, la valerosa mujer que ha logrado ganar, por primera vez, las elecciones en Cataluña al frente de un partido constitucionalista, quien intervenga en el Parlamento Europeo para confrontar el tramposo discurso independentista. Se han vulnerado las leyes, la Constitución y el Estatuto de Autonomía; se ha señalado, marginado y actuado contra más de la mitad del pueblo catalán que no comparte la secesión; se ha perseguido, acosado y humillado a los policías y guardias civiles enviados a Cataluña para defender la legalidad; se ha silenciado y excluido a la oposición en el Parlamento de Cataluña; se han traicionado los más elementales principios de convivencia dividiendo en dos a la sociedad; y se han manoseado con sectarismo las instituciones de autogobierno de Cataluña.
Esa es la verdad, oculta por la vergonzosa incomparecencia en los foros internacionales de un Gobierno incompetente, incapaz de usar su propio Servicio Exterior para librar esta batalla de la posverdad y desenmascarar a una panda de fulleros mentirosos que están causando un daño irreparable a la imagen de España.

 

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