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Lunes, 08 de Noviembre de 2010

El juego de la hipocresía

El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a los otros” (Jaime Balmes).

Los humanos tenemos la mala costumbre de tratar de quedar bien con todo el mundo, de no mojarnos delante y lanzar detrás un verdadero chaparrón de malaleche hacía los demás, y esa situación tiene un nombre: “Hipocresía”. Todos sabemos que es completamente imposible tratar de quedar bien con todo el mundo, pero esto se acepta y punto... Cada uno tenemos nuestros gustos, nuestras preferencias… y los que no entren dentro de nuestros cánones solamente tendríamos que dejarlos en paz, que vivan su vida y nosotros la nuestra, de esta manera la convivencia sería más respetuosa y no tendríamos que estar continuamente usando artimañas para intentar hacer creer lo que no es.

La hipocresía es el acto de fingir que eres muy “progre”, que lo aceptas todo, y respetas todas las ideas aunque no las compartas (¡Y un “güevo”!). Y, sobre todo, es tremendamente hipócrita alardear de unos sentimientos que en realidad no se tienen. Es, en definitiva, hacerte un profesional en el arte de la simulación y el disimulo, porque como leí en cierta ocasión, la simulación reside en mostrar lo que se desea, y el disimulo en ocultar lo que no se quiere mostrar.

No solamente se es hipócrita cuando nos ponemos a hablar a espaldas de los demás, ni muchísimo menos. Para mí, el grado superior de hipocresía es el falso afecto de cariño, la sonrisa maliciosa disfrazada de bondad… ver como te felicitan por tu labor y que esas mismas personas sean capaces de tirar por tierra tu trabajo, nada más y nada menos que por su propio interés. ¡Yo sé de lo que estoy hablando y la mayoría de vosotros también!
El juego de la doble cara es muy usual, lo que ocurre es que cada vez se nos ve más el plumero y esa falsa sonrisa o esa mirada de inocencia termina trasluciendo el trasfondo de las cien mil maldades que maquinamos contra el prójimo.

Como todos entramos a formar parte del juego de la hipocresía, muchas veces creemos que nos enteramos de “todo lo de todos”, parece que nosotros somos los únicos que sabemos toda la vida de los demás (aunque de lo que no me doy por enterado es que los demás conocen nuestra vida al dedillo) y lo peor es que cuando nos cuentan las cosas nos hacen prometer no decir nada, y luego nos callamos, o no, para convertirnos en hipócritas que fomentamos la rivalidad y la malaleche que tenemos los unos con los otros.

La hipocresía es como un mecanismo que funciona en todos nosotros, que lentamente trabaja en nuestro interior y que en lugar de erradicarla, la alimentamos con el engaño y la doble moral, ¡con lo hermoso que sería relacionarnos los unos con los otros sinceramente, con honestidad!, tratándonos con el respeto y con la compresión que todos deseamos, pero claro, los buenos deseos son para la nochevieja y ahora estamos en Octubre, o sea que hay que esperar… y si puede ser sentados, mejor.

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