A Pedro "El Colorao" · Bartolomé Quero de Sevilla · Montijo
El pasado día 2 de Noviembre enterramos a mi amigo Pedro Rodríguez Cabañas. Todos le conocíamos como Pedro El Colorao. Solo tenía 59 años y una vitalidad digna de elogio, pues solo unos días antes de morir había estado haciendo lo que ha hecho toda su vida, una obra de albañilería.
Quizá por el cariño que yo le tenía ( a mi me llamaba Jaime y yo a él Toribio) no sea medianamente objetivo a la hora de escribir este obituario, pero si había una persona desinteresada en este mundo, ese era Pedro El Colorao. Nunca le oí decir NO, a cualquier cosa que le pidieras. Es cierto que al principio relataba un poco, pero inmediatamente dejaba de hacerlo y te daba lo que le hubieras pedido.
Siempre estuvo al lado de los suyos. Si su tío Tani necesitaba que lo llevaran al ambulatorio, como si había que llevarlo a Badajoz, ahí estaba Pedro, con su Seat Ibiza " Colorao", (como él); si su hermano Juan tenía que dejar algún hábito, ahí estaba Pedro para ir con él a donde hiciera falta. Si había que ir a Castellón a traerse a su sobrina Erika porque la madre tenía que trabajar y no tenía con quien dejarla, Pedro cogía su coche y se plantaba en Castellón aunque hubiera tenido que estar conduciendo toda la noche. Nunca le dolió ayudar a los demás.
Y esa misma filosofía de vida que le caracterizaba le hizo no tener ningún enemigo. Hace casi treinta años que le conocí y nunca he tenido conocimiento de que haya estado involucrado en ninguna trifulca, ni que haya tenido discusiones fuertes con nadie.
Por eso el día del entierro, la Iglesia de San Pedro no solo estaba abarrotada de gente, sino que en l calle había otro tanto esperando para dar el pésame a la viuda y sus hermanos.
Aun no hoy no me creo que ya esté allí. Y si es verdad que existe otra vida después, estoy seguro de que hará igual que en esta, estará de un lado para otro ayudando al que lo necesite.
Pero esa otra vida podía haber esperado un poco más antes de llevárselo, pues había mucha gente que aun lo necesitaba en ésta y que ya no lo vamos a tener.
Una vez más, el cáncer, de forma traicionera, como siempre, porque no avisa, se ha llevado a mi amigo Pedro, cuando más vitalidad y ganas de vivir tenía.
Por mi trabajo y por mi carácter, he conocido muchas personas en esta vida, pero si hay una de la que creo que nunca me olvidaré y además pondré todo mi empreño en ello, (entre otras cosas porque no se merecería que nos olvidáramos pronto de él), será de Pedro El Colorao, pues su recuerdo siempre estará a mi lado y por tanto seguirá vivo para mí. Adiós Toribio.
Bartolomé Quero de Sevilla
El pasado día 2 de Noviembre enterramos a mi amigo Pedro Rodríguez Cabañas. Todos le conocíamos como Pedro El Colorao. Solo tenía 59 años y una vitalidad digna de elogio, pues solo unos días antes de morir había estado haciendo lo que ha hecho toda su vida, una obra de albañilería.
Quizá por el cariño que yo le tenía ( a mi me llamaba Jaime y yo a él Toribio) no sea medianamente objetivo a la hora de escribir este obituario, pero si había una persona desinteresada en este mundo, ese era Pedro El Colorao. Nunca le oí decir NO, a cualquier cosa que le pidieras. Es cierto que al principio relataba un poco, pero inmediatamente dejaba de hacerlo y te daba lo que le hubieras pedido.
Siempre estuvo al lado de los suyos. Si su tío Tani necesitaba que lo llevaran al ambulatorio, como si había que llevarlo a Badajoz, ahí estaba Pedro, con su Seat Ibiza " Colorao", (como él); si su hermano Juan tenía que dejar algún hábito, ahí estaba Pedro para ir con él a donde hiciera falta. Si había que ir a Castellón a traerse a su sobrina Erika porque la madre tenía que trabajar y no tenía con quien dejarla, Pedro cogía su coche y se plantaba en Castellón aunque hubiera tenido que estar conduciendo toda la noche. Nunca le dolió ayudar a los demás.
Y esa misma filosofía de vida que le caracterizaba le hizo no tener ningún enemigo. Hace casi treinta años que le conocí y nunca he tenido conocimiento de que haya estado involucrado en ninguna trifulca, ni que haya tenido discusiones fuertes con nadie.
Por eso el día del entierro, la Iglesia de San Pedro no solo estaba abarrotada de gente, sino que en l calle había otro tanto esperando para dar el pésame a la viuda y sus hermanos.
Aun no hoy no me creo que ya esté allí. Y si es verdad que existe otra vida después, estoy seguro de que hará igual que en esta, estará de un lado para otro ayudando al que lo necesite.
Pero esa otra vida podía haber esperado un poco más antes de llevárselo, pues había mucha gente que aun lo necesitaba en ésta y que ya no lo vamos a tener.
Una vez más, el cáncer, de forma traicionera, como siempre, porque no avisa, se ha llevado a mi amigo Pedro, cuando más vitalidad y ganas de vivir tenía.
Por mi trabajo y por mi carácter, he conocido muchas personas en esta vida, pero si hay una de la que creo que nunca me olvidaré y además pondré todo mi empreño en ello, (entre otras cosas porque no se merecería que nos olvidáramos pronto de él), será de Pedro El Colorao, pues su recuerdo siempre estará a mi lado y por tanto seguirá vivo para mí. Adiós Toribio.
Bartolomé Quero de Sevilla




















