La maldad no tiene límites
He hablado muchas veces sobre el tema de los refugiados pero, en conciencia, no tengo más remedio que hacerlo de nuevo porque es algo que me sigue doliendo diariamente. Muchas veces tengo la sensación de que hemos tocado fondo y más daño, creo, que no se le puede hacer a estos seres humanos que vienen de vivir un infierno en su país pero me sigo, una y otra vez, sorprendiendo sin saber cómo somos capaces de ser tan crueles.
Yo no entro en acuerdos ni pactos políticos, ni tengo en mis manos la varita mágica que solucione este conflicto pero solo me basta ver imágenes de esa tragedia para rebelarme de impotencia contra ellas. El día que vi como dos guardacostas turcos golpeaban una barca de refugiado en alta mar repleta de ancianos, mujeres y niños que gritaban aterrorizados me quedé paralizado, mi mente y mi corazón no entendían ¡se negaban a entender! que eso pudiera estar pasando.
Todo es incomprensible de esta situación ¡todo! Aunque hay noticias tan duras que sobrepasa los límites de maldad que puede tener el ser humano. Un claro ejemplo de ello es cuando se hizo pública la noticia de que al menos 10.000 niños refugiados, que viajaban solos, habrían desaparecido nada más llegar a Europa. ¿Cómo podemos conocer esta noticia sin que se nos revuelvan las tripas? ¿Cómo no nos paramos a pensar que si, por desgracia, a nosotros nos hubiese tocado vivir esta situación, serían nuestros pequeños los que no volviéramos a ver?. Analicemos, aunque solo sea unos minutos, la crudeza de esta situación: Unos padres intentando sacar a sus hijos de un infierno sin pensar que lo están mandando, inconscientemente, a otro. Según las noticias, me gustaría que fuesen infundadas, muchos de estos pequeños podían encontrarse en manos de organizaciones de tráfico de personas. ¡Aborrezco que pueda darse esta situación y voy a gritar mil veces contra ella!.
Estoy, como dice Antonio Miguel Carmona, “Harto de que nadie mueva el puto culo” y le den una solución a este drama. No se puede cerrar una frontera y mirar para el otro lado porque hay, en estos momentos, demasiados seres humanos indefensos, sufriendo y vagando, por campamentos inhumanos intentando sobrevivir en un invierno de frío y lluvia, con sus ropas mojadas... y en total incomprensión.
A mí, últimamente, de los refugiados me duele todo, Sufro hasta cuando veo el llanto de una niña a la que el padre le ha afeitado la cabeza para evitar que se siga propagando una plaga de piojos en el campamento donde malviven porque lo que me duele realmente es que esto esté pasando ahora y nadie de una solución a ello. Seguramente si no hubiese tantos intereses por medio sería más mucho fácil.
He hablado muchas veces sobre el tema de los refugiados pero, en conciencia, no tengo más remedio que hacerlo de nuevo porque es algo que me sigue doliendo diariamente. Muchas veces tengo la sensación de que hemos tocado fondo y más daño, creo, que no se le puede hacer a estos seres humanos que vienen de vivir un infierno en su país pero me sigo, una y otra vez, sorprendiendo sin saber cómo somos capaces de ser tan crueles.
Yo no entro en acuerdos ni pactos políticos, ni tengo en mis manos la varita mágica que solucione este conflicto pero solo me basta ver imágenes de esa tragedia para rebelarme de impotencia contra ellas. El día que vi como dos guardacostas turcos golpeaban una barca de refugiado en alta mar repleta de ancianos, mujeres y niños que gritaban aterrorizados me quedé paralizado, mi mente y mi corazón no entendían ¡se negaban a entender! que eso pudiera estar pasando.
Todo es incomprensible de esta situación ¡todo! Aunque hay noticias tan duras que sobrepasa los límites de maldad que puede tener el ser humano. Un claro ejemplo de ello es cuando se hizo pública la noticia de que al menos 10.000 niños refugiados, que viajaban solos, habrían desaparecido nada más llegar a Europa. ¿Cómo podemos conocer esta noticia sin que se nos revuelvan las tripas? ¿Cómo no nos paramos a pensar que si, por desgracia, a nosotros nos hubiese tocado vivir esta situación, serían nuestros pequeños los que no volviéramos a ver?. Analicemos, aunque solo sea unos minutos, la crudeza de esta situación: Unos padres intentando sacar a sus hijos de un infierno sin pensar que lo están mandando, inconscientemente, a otro. Según las noticias, me gustaría que fuesen infundadas, muchos de estos pequeños podían encontrarse en manos de organizaciones de tráfico de personas. ¡Aborrezco que pueda darse esta situación y voy a gritar mil veces contra ella!.
Estoy, como dice Antonio Miguel Carmona, “Harto de que nadie mueva el puto culo” y le den una solución a este drama. No se puede cerrar una frontera y mirar para el otro lado porque hay, en estos momentos, demasiados seres humanos indefensos, sufriendo y vagando, por campamentos inhumanos intentando sobrevivir en un invierno de frío y lluvia, con sus ropas mojadas... y en total incomprensión.
A mí, últimamente, de los refugiados me duele todo, Sufro hasta cuando veo el llanto de una niña a la que el padre le ha afeitado la cabeza para evitar que se siga propagando una plaga de piojos en el campamento donde malviven porque lo que me duele realmente es que esto esté pasando ahora y nadie de una solución a ello. Seguramente si no hubiese tantos intereses por medio sería más mucho fácil.




















