Educación social
Como todos los años, durante todo este mes me desplazo por cuestiones laborales a muchos de nuestros centros educativos (colegios e institutos) y les paso a los alumnos de cuarto de primaria y de primero de secundaria una serie de cuadernillos que ayudan a la administración a asegurarse de que las evaluaciones externas que periódicamente realizamos sean lo más fiables posible y permitan de esta forma conocer la calidad de la enseñanza que se imparte y las posibles ayudas que se puedan tomar desde cada centro educativo para mejorar el rendimiento de nuestros alumnos. Desde hace bastante tiempo, se ha apostado por una educación inclusiva. Se pretende que todos los niños sean atendidos en función a sus necesidades, lo que permite poder igualar las posibilidades de alumnos que de otra forma y debido fundamentalmente al entorno en el que viven, queden excluidos de recibir la educación y las enseñanzas que le permitan en un futuro tener igualdad de oportunidades respecto al resto de compañeros.
Hasta aquí todo bien y correcto. Es lógico que tu futuro no debe estar decidido de antemano exclusivamente por tu cuna ya que de esa forma es posible que estemos perdiendo talentos y que por el hecho de nacer en familias desestructuradas o sin posibilidades le puedan cerrar las puertas a su desarrollo profesional.
El problema es cuando esa pretendida y necesaria inclusividad, impide el crecimiento del resto de compañeros de aula. Estoy acostumbrado a ver alumnos totalmente desmotivados que toda su labor cuando asiste al centro educativo (normalmente el instituto) es la de impedir que el profesor pueda impartir su clase sin que se produzcan interrupciones y la de molestar al resto de compañeros que si están interesados en sacar partido a las horas que pasan aprendiendo en las aulas. Es la medida inclusiva de favorecer al más débil, la que permite a este tipo de alumnos destrozar sistemáticamente las clases. En muchos casos, la solución de los equipos directivos pasa por unificar a todos los alumnos con este perfil en un mismo grupo (destrozo un grupo, pero salvo otro) con lo que el resto de compañeros que tienen la mala suerte de caer en este grupo pasan el año escolar con un rendimiento mucho menor del que podrían haber tenido en condiciones normales. Desgraciadamente es la solución que cada vez con más frecuencia me encuentro en las aulas y cuando me ocurre me da mucha pena por el bajón en rendimiento de ese aula.
Evidentemente no es el único problema que explica el nivel bajo en el que se encuentran nuestros alumnos, pero habría que dar solución a este comportamiento disruptivo en las aulas que impide en gran medida el desarrollo educativo de los alumnos que pueblas las aulas.
Como todos los años, durante todo este mes me desplazo por cuestiones laborales a muchos de nuestros centros educativos (colegios e institutos) y les paso a los alumnos de cuarto de primaria y de primero de secundaria una serie de cuadernillos que ayudan a la administración a asegurarse de que las evaluaciones externas que periódicamente realizamos sean lo más fiables posible y permitan de esta forma conocer la calidad de la enseñanza que se imparte y las posibles ayudas que se puedan tomar desde cada centro educativo para mejorar el rendimiento de nuestros alumnos. Desde hace bastante tiempo, se ha apostado por una educación inclusiva. Se pretende que todos los niños sean atendidos en función a sus necesidades, lo que permite poder igualar las posibilidades de alumnos que de otra forma y debido fundamentalmente al entorno en el que viven, queden excluidos de recibir la educación y las enseñanzas que le permitan en un futuro tener igualdad de oportunidades respecto al resto de compañeros.
Hasta aquí todo bien y correcto. Es lógico que tu futuro no debe estar decidido de antemano exclusivamente por tu cuna ya que de esa forma es posible que estemos perdiendo talentos y que por el hecho de nacer en familias desestructuradas o sin posibilidades le puedan cerrar las puertas a su desarrollo profesional.
El problema es cuando esa pretendida y necesaria inclusividad, impide el crecimiento del resto de compañeros de aula. Estoy acostumbrado a ver alumnos totalmente desmotivados que toda su labor cuando asiste al centro educativo (normalmente el instituto) es la de impedir que el profesor pueda impartir su clase sin que se produzcan interrupciones y la de molestar al resto de compañeros que si están interesados en sacar partido a las horas que pasan aprendiendo en las aulas. Es la medida inclusiva de favorecer al más débil, la que permite a este tipo de alumnos destrozar sistemáticamente las clases. En muchos casos, la solución de los equipos directivos pasa por unificar a todos los alumnos con este perfil en un mismo grupo (destrozo un grupo, pero salvo otro) con lo que el resto de compañeros que tienen la mala suerte de caer en este grupo pasan el año escolar con un rendimiento mucho menor del que podrían haber tenido en condiciones normales. Desgraciadamente es la solución que cada vez con más frecuencia me encuentro en las aulas y cuando me ocurre me da mucha pena por el bajón en rendimiento de ese aula.
Evidentemente no es el único problema que explica el nivel bajo en el que se encuentran nuestros alumnos, pero habría que dar solución a este comportamiento disruptivo en las aulas que impide en gran medida el desarrollo educativo de los alumnos que pueblas las aulas.




















