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Jueves, 15 de Julio de 2010
Port-O-San

Una de pelotas

Estamos lamentablemente acostumbrados a escuchar lo de las dos varas de medir, porque aquí cada uno va a lo que le interesa y, por lo tanto, tiene que tener dos visiones (cuando no tres o cuatro) de todo lo que ocurre a su alrededor. Hoy día todos los políticos utilizan la expresión para condenar actitudes de sus contrarios que serían, por supuesto, igualmente reprochables en su caso pero que, por pura conveniencia, admiten cuando los implicados son sus compañeros o ellos mismos.

Por si fuera poco, el asunto va extendiéndose como una plaga y salpicando a otros sectores de nuestras vidas que, supuestamente y, desgraciadamente solo de forma supuesta, nada tienen que ver con la política. Estoy refiriéndome al tremendamente supervalorado y siempre mal denominado deporte rey (al fútbol de los huevos, vamos). Y a mí me gusta el fútbol, pero el deporte, aunque nunca tanto como mi querido baloncesto (enhorabuena, Pau) pero me da asco todo lo que representa: forofos radicales de cerebros cuadrados, contratos astronómicamente repugnantes, deportistas disfrazados de modelos convertidos previo pago (claro) en carnaza utilizada para capturar a jovencitas a las que les da igual que jueguen al fútbol, canten o lo que sea, publicidad desmesurada que hace que chicos jóvenes no deseen más que tener un gran coche, ir al gimnasio y vivir del cuento…

Y aparte de todos esos deportivos valores, resulta que se ven cosas cada día más contradictorias en esto del balompié. Mientras las personas e instituciones con más peso en el planeta hacen campaña contra la represión en todas sus formas, y a favor de las libertades, se permite participar en un mundial a un país como Corea del Norte (y a China organizar unos JJOO, que le vamos a hacer), que no permite ni que sus aficionados sigan al equipo, y prefiere contratar a actores chinos para que griten aquello de “árbitrohijoputa” en su nombre; pero claro, el coreano mayor tiene mala leche y un botoncito, así que puede hacer lo que le de la gana. Por otro lado, después de sumir al mundo entero en una psicosis antiterrorista y aumentar la seguridad en los aeropuertos hasta el punto de vigilarnos el píloro, resulta que un equipo se desplaza para jugar la copa de África, unos capullos los ametrallan asesinando a tres de los componentes de la expedición y la única respuesta es expulsar del torneo al equipo víctima del atentado por negarse a jugar en esas condiciones; parece que el terrorismo solo existe en el hemisferio norte, entonces. En el sur son bromas de mal gusto o algo así. En plena crisis internacional los jugadores esperan las primas que les correspondan por sumar puntitos, mientras con lo que para ellos son extras innecesarios se podrían solucionar los problemas de muchísimas familias. Y para colmo, en un país como Honduras, que acaba de atravesar una época rocambolesca con golpe de estado incluido, el jefe del gobierno se marcha a pasar todo el mundial con su equipo sin haber siquiera dictado unas normas a seguir para salir del estado de excepción. Es más, el presidente del congreso hondureño también ha ido a dilapidarse el erario público al país de los diamantes sin dejar siquiera sustituto…¡manda huevos!

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