Casilda y Palmira
La memoria del
corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese
artificio, logramos sobrellevar el pasado (Gabriel García Márquez).
El librito de papel de fumar de la marca
“Bambú”. Los músicos Gabriel Acevedo, el chambo, Diego Gutiérrez, Diego Caballero,
Francisco Álvarez, Antonio López, Manolo González, Pedro Parro, Ángel Sánchez
García, hijo del fotógrafo Ansama, Almirante y Minguito. Echar pie para ver quién sacaba de centro en los partidillos de fútbol
que los muchachos jugaban en el atrio de la iglesia de san Pedro, cuando éste
era de tierra. Juanita
Rivera bailando con la Orquesta Monty, en la piscina Cavi, mientras tocaban “En
forma”, de Glenn Miller. Los estudiantes que iban en bici al
colegio salesiano de la Puebla. Alfonso Martín, el loco, recitando uno de
sus dichos: “Antoñito y su hermana van a misa, uno pisa paja y la otra paja
pisa”. Las sillas del casino para el velatorio
en la casa del difunto.
Los árbitros de
fútbol que le pitaban a la U.D. Montijo, Ceballos Martínez, Cecilia Mateos,
Díez de Castro, conocido como Curro Jiménez, Nacarino Muriel, Asensio Asensio,
Orgaz Oviedo, Prieto Castillo, Belinchón García y Casero Pérez. El cantaor
Juanito Valderrama jugando a las máquinas en el bar El Hoyo. Los teléfonos con
disco en el que estaban los números debajo de los circulitos perforados donde
se marcaban los números. El músico Julián Rico Gómez, hijo del maestro Antonio
Rico, el del pito gordo, que compuso la pieza festiva “La Eustaquia”, embeleso
de sinfonía popular. Casilda y Palmira, las dos perritas que tenía el
comerciante Simón Lavado Navia, propietario del Arca de Noé, donde hoy está
Antonio Ortega. La Guardia Civil dando escolta al paso del Santo Entierro. La
puerta grande que abrieron, hoy tapada, para que pudieran salir los pasos de la
ermita de Jesús.
El jardín que había
en la plazuela de San Antonio. La casa cuartel de la Guardia Civil que estuvo
en la casa del Conde, detrás de la plaza de Abastos y luego en la carretera de
la Estación, frente a las Escuelas de Artes y Oficios. Las barcas de madera
de la Feria que se frenaban sobre una tabla protegida por una cubierta de goma.
La placa con
la inscripción “José Antonio Primo de Rivera” en la fachada de la iglesia de
San Pedro. El Juzgado en la calle Antonio Maura. Las carteras de cuero alargadas de
los cobradores de la Sevillana, cuando iban cobrando los recibos de la luz por
las casas. El Renault 4x4. El Cerro Gordo. Los patines
metálicos con las cintas de cuero. Los guardias civiles León, Grande, Lobato,
Matos, Venegas, Jesús, Roa, Moreno, Diego Sánchez, Quintero y los subtenientes
Fermín Matamoros y Cristóbal Jiménez Hormigo. El sereno Juan Caballero. ¡Qué bien, que bien,
hoy comemos con Isabel! Las cogorzas en las quincenas. El pregón “Al rico pirulí de la habana, el alegrón para el niño y el
sofocón para la mama”. Antonio
Calle Escobar, conocido como el cacharrero, que jugó en el Montijo, fue músico y
topógrafo.
La calle Francisco Bautista Rodríguez, en la
Huertecilla, ganadora del concurso convocado por el Ayuntamiento como calle
mejor adornada. El texto de una postal de la época “Asómate a la
ventana y verás lindas cosas, una música tronando y un olor propio de rosas”. Tienes más cojones que el burro de la lejía;
su dueño era de Badajoz y venía a Montijo vendiéndola por las casas. El estabilizador de corriente para
la radio. Los helados al
corte con las galletas chorreando fresa y nata o vainilla y chocolate. Los bolígrafos sin recambio que utilizaban los
muchachos en la escuela como canutos para, soplando, lanzar bolitas de papel. Joselito, conocido cariñosamente
como el sheriff, ayudando a montar los cacharritos cuando la Feria se instalaba
detrás de la iglesia de san Pedro. El caballo de cartón de los
retratistas. Don José Zambrano,
el párroco, dirigiéndose a los asistentes de la procesión del encuentro del
domingo de Resurrección, desde el balcón del Ayuntamiento. El Ibertren. Las monedas de chocolate imitando
ducados o doblones de oro.
La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado (Gabriel García Márquez).
El librito de papel de fumar de la marca “Bambú”. Los músicos Gabriel Acevedo, el chambo, Diego Gutiérrez, Diego Caballero, Francisco Álvarez, Antonio López, Manolo González, Pedro Parro, Ángel Sánchez García, hijo del fotógrafo Ansama, Almirante y Minguito. Echar pie para ver quién sacaba de centro en los partidillos de fútbol que los muchachos jugaban en el atrio de la iglesia de san Pedro, cuando éste era de tierra. Juanita Rivera bailando con la Orquesta Monty, en la piscina Cavi, mientras tocaban “En forma”, de Glenn Miller. Los estudiantes que iban en bici al colegio salesiano de la Puebla. Alfonso Martín, el loco, recitando uno de sus dichos: “Antoñito y su hermana van a misa, uno pisa paja y la otra paja pisa”. Las sillas del casino para el velatorio en la casa del difunto.
Los árbitros de fútbol que le pitaban a la U.D. Montijo, Ceballos Martínez, Cecilia Mateos, Díez de Castro, conocido como Curro Jiménez, Nacarino Muriel, Asensio Asensio, Orgaz Oviedo, Prieto Castillo, Belinchón García y Casero Pérez. El cantaor Juanito Valderrama jugando a las máquinas en el bar El Hoyo. Los teléfonos con disco en el que estaban los números debajo de los circulitos perforados donde se marcaban los números. El músico Julián Rico Gómez, hijo del maestro Antonio Rico, el del pito gordo, que compuso la pieza festiva “La Eustaquia”, embeleso de sinfonía popular. Casilda y Palmira, las dos perritas que tenía el comerciante Simón Lavado Navia, propietario del Arca de Noé, donde hoy está Antonio Ortega. La Guardia Civil dando escolta al paso del Santo Entierro. La puerta grande que abrieron, hoy tapada, para que pudieran salir los pasos de la ermita de Jesús.
El jardín que había en la plazuela de San Antonio. La casa cuartel de la Guardia Civil que estuvo en la casa del Conde, detrás de la plaza de Abastos y luego en la carretera de la Estación, frente a las Escuelas de Artes y Oficios. Las barcas de madera de la Feria que se frenaban sobre una tabla protegida por una cubierta de goma. La placa con la inscripción “José Antonio Primo de Rivera” en la fachada de la iglesia de San Pedro. El Juzgado en la calle Antonio Maura. Las carteras de cuero alargadas de los cobradores de la Sevillana, cuando iban cobrando los recibos de la luz por las casas. El Renault 4x4. El Cerro Gordo. Los patines metálicos con las cintas de cuero. Los guardias civiles León, Grande, Lobato, Matos, Venegas, Jesús, Roa, Moreno, Diego Sánchez, Quintero y los subtenientes Fermín Matamoros y Cristóbal Jiménez Hormigo. El sereno Juan Caballero. ¡Qué bien, que bien, hoy comemos con Isabel! Las cogorzas en las quincenas. El pregón “Al rico pirulí de la habana, el alegrón para el niño y el sofocón para la mama”. Antonio Calle Escobar, conocido como el cacharrero, que jugó en el Montijo, fue músico y topógrafo.
La calle Francisco Bautista Rodríguez, en la Huertecilla, ganadora del concurso convocado por el Ayuntamiento como calle mejor adornada. El texto de una postal de la época “Asómate a la ventana y verás lindas cosas, una música tronando y un olor propio de rosas”. Tienes más cojones que el burro de la lejía; su dueño era de Badajoz y venía a Montijo vendiéndola por las casas. El estabilizador de corriente para la radio. Los helados al corte con las galletas chorreando fresa y nata o vainilla y chocolate. Los bolígrafos sin recambio que utilizaban los muchachos en la escuela como canutos para, soplando, lanzar bolitas de papel. Joselito, conocido cariñosamente como el sheriff, ayudando a montar los cacharritos cuando la Feria se instalaba detrás de la iglesia de san Pedro. El caballo de cartón de los retratistas. Don José Zambrano, el párroco, dirigiéndose a los asistentes de la procesión del encuentro del domingo de Resurrección, desde el balcón del Ayuntamiento. El Ibertren. Las monedas de chocolate imitando ducados o doblones de oro.





















