Que salga el toro del toril
“Somos la
consecuencia de lo vivido, somos la consecuencia de la memoria, y ese es el
gran problema del mundo, la memoria” (Carlos
Cano).
La escalera con
ruedas, como de carro, llevada como un carrillo de mano, que utilizaban los
empleados del alumbrado público para arreglar averías o cambiar bombillas
fundidas. El llamado “curita”,
de la familia de los escarabajos, de color negro y con rayas coloradas, que
tras su captura se echaba a una sartén donde se freía para luego macharlo en un
mortero y con el líquido obtenido, una vez filtrado, se utilizaba para reparar
las heridas de las caballerizas. Al curita, también, aprisionándolo con un dedo
se le cantaba “Curita redentor con el dedo corazón”. Micaela Calvo Barrena y
María Sánchez Campos, encargadas de la Biblioteca Municipal, cuando estuvo en
los bajos de la Plaza de Abastos, junto al Frente de Juventudes. Los muchachos en el gallinero del
Teatro Calderón gritando, ante la tardanza de que comenzase la película, “Que
salga el toro del toril que lo quiero ver aquí”; cuando la luz roja se encendía
en señal de que iba a empezar sonaba, entonces, una atronadora ovación. Las cencerradas que les daban a los viudos
cuando volvían a casarse.
Cuando las abuelas
llevaban a los nietos a bautizar a la iglesia, las madres solían quedarse
entonces en casa, y al regresar decían, “Me lo llevé moro y te lo entrego
cristiano, salud para criarlo”. Juanita
Llanos, hija del médico Manuel Llanos y hermana del sacerdote Ignacio Llanos,
que vivió en los altos de la casa luego de don Rafael González Castell. Las películas que en este tiempo, antes y durante Semana
Santa, se proyectaban, los Diez mandamientos, Barrabás, Quo Vadis, Ben Hur, Rey
de Reyes, las Sandalias del Pescador y la Túnica Sagrada. El
lagar de Antonio Pinilla Pinilla, en la Puerta del Sol, frente al Estillero. El queso manchego de la marca Morales, de
Tarancón, que traía Santi Hernández, mi primo. Gerardo, Gómez Trigo,
Chicho Gordillo, Alonso Álvarez, Valentín García, Isidoro Gragera y Tomás
Acevedo, entrenadores de la U.D. Montijo.
Los gallos de pelea de Martín Gallego Pozo y los de Blas Martín, de la huerta
La Toledana. La caligrafía inglesa.
Guarro vendo los
guarros. María Claudia Domínguez Cabo
que fue madrina del primer partido disputado tras la refundación de la U.D.
Montijo. En clara alusión a los defectos que tenemos “Todos tenemos una
pinta, hermana pega”. “¿Qué me vas a regalar?, te voy a regalar un sí señor con
las patas azules”. El puesto de recogida de aceitunas de Juan Molano. La
fábrica de gaseosa que estaba en la casa de Gloria de los Ríos, en la calle de
Papas. La fonda de Menayo, en la hoy plaza del Rey, en la casa de Pedro
Pinilla, que fue alcalde. Los
matarifes Eduardo Cordero, Alfonso Díaz, su hermano Juan y Paco Ruíz, conocido
cariñosamente como el vaquero. Los equipos de fútbol Hércules y Titanic.
Urbano, que hacía cacharros de barro y
vivía en la calle Santa Ana, en la casa que fue del maestro Luis López. El
diario hablado de la radio. La gallina ciega en los estercoleros.
El pirulí de la habana, hecho de caramelo en forma de capirote de
nazareno, con a sabor a coco, piña, menta, naranja y limón. El
potaje de garbanzos acompañado con verdolaga. Diego López, dependiente en el
comercio de calzados Martín Garay, que estaba, arriba, en el Piquete. Santiago Rodríguez Zambrano, Antonio Gómez,
Mario López y Francisco Vázquez, presidentes del C.D. El Valle. El
catecismo de primer grado, en el que aparecía en la portada un niño escribiendo
en el encerado: “Somos hijos de Dios”. Las clases de Formación del Espíritu
Nacional que en el Instituto nos impartía el abogado Pablo Sánchez Montes. Juan
Luis González Rico, que fue utillero en el C.D. El Valle y la U.D. Montijo. La
vecería en los olivos, que un año da mucho fruto y en otro poco o ninguno. Los
responsos en el puente de la vía, camino del cementerio. Laly, auxiliar
del dentista don Domiciano.
“Somos la consecuencia de lo vivido, somos la consecuencia de la memoria, y ese es el gran problema del mundo, la memoria” (Carlos Cano).
La escalera con ruedas, como de carro, llevada como un carrillo de mano, que utilizaban los empleados del alumbrado público para arreglar averías o cambiar bombillas fundidas. El llamado “curita”, de la familia de los escarabajos, de color negro y con rayas coloradas, que tras su captura se echaba a una sartén donde se freía para luego macharlo en un mortero y con el líquido obtenido, una vez filtrado, se utilizaba para reparar las heridas de las caballerizas. Al curita, también, aprisionándolo con un dedo se le cantaba “Curita redentor con el dedo corazón”. Micaela Calvo Barrena y María Sánchez Campos, encargadas de la Biblioteca Municipal, cuando estuvo en los bajos de la Plaza de Abastos, junto al Frente de Juventudes. Los muchachos en el gallinero del Teatro Calderón gritando, ante la tardanza de que comenzase la película, “Que salga el toro del toril que lo quiero ver aquí”; cuando la luz roja se encendía en señal de que iba a empezar sonaba, entonces, una atronadora ovación. Las cencerradas que les daban a los viudos cuando volvían a casarse.
Cuando las abuelas llevaban a los nietos a bautizar a la iglesia, las madres solían quedarse entonces en casa, y al regresar decían, “Me lo llevé moro y te lo entrego cristiano, salud para criarlo”. Juanita Llanos, hija del médico Manuel Llanos y hermana del sacerdote Ignacio Llanos, que vivió en los altos de la casa luego de don Rafael González Castell. Las películas que en este tiempo, antes y durante Semana Santa, se proyectaban, los Diez mandamientos, Barrabás, Quo Vadis, Ben Hur, Rey de Reyes, las Sandalias del Pescador y la Túnica Sagrada. El lagar de Antonio Pinilla Pinilla, en la Puerta del Sol, frente al Estillero. El queso manchego de la marca Morales, de Tarancón, que traía Santi Hernández, mi primo. Gerardo, Gómez Trigo, Chicho Gordillo, Alonso Álvarez, Valentín García, Isidoro Gragera y Tomás Acevedo, entrenadores de la U.D. Montijo. Los gallos de pelea de Martín Gallego Pozo y los de Blas Martín, de la huerta La Toledana. La caligrafía inglesa.
Guarro vendo los guarros. María Claudia Domínguez Cabo que fue madrina del primer partido disputado tras la refundación de la U.D. Montijo. En clara alusión a los defectos que tenemos “Todos tenemos una pinta, hermana pega”. “¿Qué me vas a regalar?, te voy a regalar un sí señor con las patas azules”. El puesto de recogida de aceitunas de Juan Molano. La fábrica de gaseosa que estaba en la casa de Gloria de los Ríos, en la calle de Papas. La fonda de Menayo, en la hoy plaza del Rey, en la casa de Pedro Pinilla, que fue alcalde. Los matarifes Eduardo Cordero, Alfonso Díaz, su hermano Juan y Paco Ruíz, conocido cariñosamente como el vaquero. Los equipos de fútbol Hércules y Titanic. Urbano, que hacía cacharros de barro y vivía en la calle Santa Ana, en la casa que fue del maestro Luis López. El diario hablado de la radio. La gallina ciega en los estercoleros.
El pirulí de la habana, hecho de caramelo en forma de capirote de nazareno, con a sabor a coco, piña, menta, naranja y limón. El potaje de garbanzos acompañado con verdolaga. Diego López, dependiente en el comercio de calzados Martín Garay, que estaba, arriba, en el Piquete. Santiago Rodríguez Zambrano, Antonio Gómez, Mario López y Francisco Vázquez, presidentes del C.D. El Valle. El catecismo de primer grado, en el que aparecía en la portada un niño escribiendo en el encerado: “Somos hijos de Dios”. Las clases de Formación del Espíritu Nacional que en el Instituto nos impartía el abogado Pablo Sánchez Montes. Juan Luis González Rico, que fue utillero en el C.D. El Valle y la U.D. Montijo. La vecería en los olivos, que un año da mucho fruto y en otro poco o ninguno. Los responsos en el puente de la vía, camino del cementerio. Laly, auxiliar del dentista don Domiciano.





















