Mejorar para Educar
Decía el griego Hesíodo que la educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser. Según esta idea, en Extremadura estamos
desaprovechando muchos talentos y habilidades de nuestros chicos y chicas,
porque en la primera vez que nos hemos atrevido a presentarnos al sistema de
evaluación PISA, nos han colocado directamente en el furgón de cola en materias
tan importantes como comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Estos datos
se unen a lo que ya sabíamos: que somos
la segunda
comunidad autónoma con una mayor tasa de abandono escolar temprano.
Ante esta desoladora situación la reacción general ha sido echarle las
culpas a los demás, algo que por otra parte tenemos muy interiorizado ante
cualquier conflicto. En este tiempo el tema se ha analizado ampliamente en numerosos
foros, pero la tónica general ha sido lanzar los dardos con fuerza y hacia fuera: Los profesores han
cargado contra los recortes en la educación, contra la falta
de implicación y de autoridad de los padres y contra la pereza supina de los
alumnos; los padres reniegan del desacierto de las políticas educativas y de la incapacidad de los profesores para
motivar a los alumnos y mantenerlos a
raya en el aula. En cuanto a los políticos, en la Asamblea de Extremadura
se estableció todo un cruce de acusaciones: el PSOE criticó los recortes del
gobierno de Monago y la expulsión de unos mil profesores del sistema; IU
alertó que ley Wert no servirá para corregir estos malos datos y el PP
achacó los malos resultados a las políticas educativas que el PSOE ha
llevado a cabo en Extremadura durante los últimos 28 años.
Los alumnos, mientras ven a sus mayores tirarse los trastos a la cabeza,
esperan que alguien toque la tecla que les active la ciencia infusa, esa
leyenda que habla de obtener los conocimientos sin tener que clavar los codos y
estudiar. Y mientras siguen en su limbo. A río revuelto, ganancia de pescadores….
Como estamos en época de los deseos yo voy a pedir para el 2014 que cada
uno de nosotros hagamos examen de conciencia y nos responsabilicemos de la parte
que nos toca en este asunto. Esa es la postura más complicada y trabajosa en
estos casos, pero sin ninguna duda la más eficaz. Porque en cualquier
conflicto, los demás cambiarán o no, en función de su voluntad, pero el
cambio personal solo depende de uno mismo. Eso que en términos modernos se
llama “Proactividad” que no significa ser más activos, sino intervenir en tu
radio de acción. Si cada uno trata de mejorar la parte que le toca, todo
empezará a cambiar para mejor, sin ninguna duda. Y Extremadura se merece que
arreglemos entre todos este descalabro y planifiquemos profundamente como queremos
que sea nuestra educación y, por lo tanto, nuestro futuro.
Decía el griego Hesíodo que la educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser. Según esta idea, en Extremadura estamos desaprovechando muchos talentos y habilidades de nuestros chicos y chicas, porque en la primera vez que nos hemos atrevido a presentarnos al sistema de evaluación PISA, nos han colocado directamente en el furgón de cola en materias tan importantes como comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Estos datos se unen a lo que ya sabíamos: que somos la segunda comunidad autónoma con una mayor tasa de abandono escolar temprano.
Ante esta desoladora situación la reacción general ha sido echarle las culpas a los demás, algo que por otra parte tenemos muy interiorizado ante cualquier conflicto. En este tiempo el tema se ha analizado ampliamente en numerosos foros, pero la tónica general ha sido lanzar los dardos con fuerza y hacia fuera: Los profesores han cargado contra los recortes en la educación, contra la falta de implicación y de autoridad de los padres y contra la pereza supina de los alumnos; los padres reniegan del desacierto de las políticas educativas y de la incapacidad de los profesores para motivar a los alumnos y mantenerlos a raya en el aula. En cuanto a los políticos, en la Asamblea de Extremadura se estableció todo un cruce de acusaciones: el PSOE criticó los recortes del gobierno de Monago y la expulsión de unos mil profesores del sistema; IU alertó que ley Wert no servirá para corregir estos malos datos y el PP achacó los malos resultados a las políticas educativas que el PSOE ha llevado a cabo en Extremadura durante los últimos 28 años.
Los alumnos, mientras ven a sus mayores tirarse los trastos a la cabeza, esperan que alguien toque la tecla que les active la ciencia infusa, esa leyenda que habla de obtener los conocimientos sin tener que clavar los codos y estudiar. Y mientras siguen en su limbo. A río revuelto, ganancia de pescadores….
Como estamos en época de los deseos yo voy a pedir para el 2014 que cada uno de nosotros hagamos examen de conciencia y nos responsabilicemos de la parte que nos toca en este asunto. Esa es la postura más complicada y trabajosa en estos casos, pero sin ninguna duda la más eficaz. Porque en cualquier conflicto, los demás cambiarán o no, en función de su voluntad, pero el cambio personal solo depende de uno mismo. Eso que en términos modernos se llama “Proactividad” que no significa ser más activos, sino intervenir en tu radio de acción. Si cada uno trata de mejorar la parte que le toca, todo empezará a cambiar para mejor, sin ninguna duda. Y Extremadura se merece que arreglemos entre todos este descalabro y planifiquemos profundamente como queremos que sea nuestra educación y, por lo tanto, nuestro futuro.




















