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Mario López Sánchez | 556
Jueves, 13 de Mayo de 2010

Te podría suceder a ti · Mario López Sánchez · Montijo

Una mañana cualquiera sales al balcón de tu casa con ganas de fumar un cigarrillo. Es verano y afuera la temperatura es suave, con agradables golpes de brisa fresca. Abajo la vida empieza a fluir; niños que van al colegio, barrenderos acicalando las calles y tenderos abriendo las verjas de sus tiendas. Das una calada a tu pitillo y dejas que el calor inunde los pulmones. Tras unos segundos el humo resbala hacia la boca y lo expulsas lentamente. La mañana es hermosa.

Pero entonces aparece aquel hombre extraño. No lo has visto nunca por el barrio y pasea indagando el interior de los establecimientos comerciales que acaban de abrir. No parece interesado en comprar, sino que gesticula nervioso y se lleva las manos al pelo constantemente. De pronto saca algo negro de un bolsillo. Es un pasamontañas. Se lo coloca y entra en la tienda de comestibles que está justo debajo de tu balcón. No lo puedes creer. Boquiabierto y con el cigarrillo pegado al labio superior dudas como actuar. Y no es para menos. España es un país extraño donde no todo puede darse por sentado.

Opción 1
Llamas a la policía y te quedas en casa esperando.

Opción 2
No hay tiempo. Llamas a la policía, pero no esperas a que lleguen. Respiras hondo y bajas por las escaleras con el bate de béisbol en posición de ataque y listo para ayudar a la dependienta.

Opción 3
Pasas de todo. De llamar a la policía “ni mijita”. Te recompones y sigues disfrutando del cigarrillo apoyado en la baranda del balcón.

En un país normal la opción descartada automáticamente sería la 3. Sin embargo, aquí, en España, sería la opción más válida. Y no por que los ladrones españoles sean amables y cuidadosos, y que sólo roban si realmente lo necesitan y siempre se aseguran de no hacer daño a nadie y de pedir la cosas por favor. Ni tampoco por que los tenderos sean tan ricos que no les importa que les roben de vez en cuando. No, la razón por la que la opción 3 es la más adecuada en nuestro país tiene que ver con las repercusiones negativas con las que tendría que lidiar un ciudadano que opta colaborar con la sociedad y cuidar del bienestar de sus vecinos.

Imaginemos que elegimos la opción 2. Evidentemente es la más peligrosa. Pero a veces no hay tiempo para más. Bajar a defender a tu vecina antes de que llegue la policía puede posicionarte en una situación muy comprometida, aunque éticamente es una elección válida. ¿Qué puede pasarte entonces? Hay dos posibles resultados. El primero es que el atracador vaya armado con un arma de fuego y cuando te vea llegar dispuesto a aporrearle con el bate de béisbol te pegue un tiro. No habrías impedido el atraco y además quedarías herido o muerto. Mal resultado.

Ahora bien, también podría ser que el atracador sólo llevara una navaja, o que no llevara nada. Entonces tú entrarías en la tienda, lo pillarías por sorpresa y le partirías el lomo a porrazos. Habrías impedido el atraco, la dependienta te estaría eternamente agradecida. Pero ahora tendrías que lidiar con la demanda que el atracador interpondría contra ti como consecuencia de los daños físicos que le has infringido. Y eso no es lo peor. Puede que la familia del atracador sea tan peligrosa como el propio atracador y te veas acosado y perseguido por una jauría descontrolada de delincuentes peligrosos.

Como podéis observar ambos resultados tendrían consecuencias muy negativas para tu vida futura.

También podrías escoger la opción 1: Agarras el teléfono, llamas a la policía y tienes fe en que lleguen pronto y hagan su trabajo. Bien, en principio parece una opción lógica y civilizada, aunque dejaría a la tendera a solas con el atracador el tiempo suficiente para que le desvalije todo el establecimiento. Se sobrentiende que la policía no tiene aun máquinas de teletransporte y tardaría unos valiosos minutos en hacer acto de presencia. Pero seamos optimistas e imaginemos que llegan a tiempo. El atracador es detenido gracias a tu denuncia, que lejos de ser anónima expone tus datos en la documentación procesal (que no es la primera vez que ocurre) dejándote en evidente indefensión ante las futura venganza del atracador o a la persecución y acoso de su familia. Vuelve a ser un mal resultado.

Por lo tanto, y una vez analizado el caso, recomendamos que si te encuentras en esta disyuntiva escojas la opción 3: Sigue fumándote el cigarrillo, pasa de tu tendera, de los niños que van al cole y de la madre que los parió. Disfruta de una hermosa mañana en un país donde los derechos civiles están diseñados para el disfrute de los delincuentes, y reza para no ser la próxima víctima.

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