Los propósitos para el Nuevo Año
Cuando empezamos un nuevo año y nos vemos con todo el
calendario en blanco por delante, a todos nos entran ganas de llenarlo de
éxitos y ponernos las pilas para conseguir una serie de objetivos que siempre
tenemos pendientes: algunos relacionados con la salud, como hacer más deporte,
adelgazar, dejar de fumar; otros profesionales, como estudiar idiomas, buscar
empleo, mejorar el que tenemos, emprender un negocio; y otros personales como
mejorar relaciones con los demás y con nosotros mismos. Sin embargo, en la
mayoría de los casos no damos ni un paso adelante o lo damos pero
perdemos fuelle enseguida y a otra cosa mariposa. El próximo año lo volveremos
a intentar. Siempre trato de comprender porque caemos una y
otra vez en esta trampa china que solo nos lleva a perder seguridad en
nosotros mismos y convencernos de que nuestra fuerza de voluntad es más bien
escasa. Y creo que he dado con un par de claves interesantes.
En primer lugar, cuando fijamos un
objetivo, nos entra la euforia pensando en lo que vamos a ganar, pero
pasamos por alto lo que vamos a perder y no valoramos si estamos dispuestos a
hacerlo. Si quiero aprender idiomas pero no a asistir regularmente a unas
clases y a estudiar; si quiero adelgazar pero nada de renunciar a comer y
beber lo que me gusta; si quiero tener buenas relaciones pero no quiero
controlar mi temperamento….entonces es que no estoy dispuesto a pagar el
precio del cambio. Es decir, que en muchas ocasiones, anunciamos nuestro
propósito esperando que el objetivo nos caiga encima como el gordo de la
lotería, sin esfuerzos por nuestra parte. Lo que no sabemos es que todos
tenemos capacidad de sobra para superar todas esas limitaciones que en nuestra
cabeza se hacen insalvables. Si confiáramos en nuestras posibilidades,
veríamos que no es tan difícil cambiar un rato al día el paseo por el sofá, la
tele por el estudio, el bocadillo por la lechuga, el chicle por el cigarro
o la conversación por la discursión. Poco a poco nuestros hábitos irán
mejorando y pasado un tiempo nos asombraríamos de lo que estamos
consiguiendo. El secreto de avanzar siempre es comenzar y así provocamos
que ocurran cosas. Nuestro peor error es quedarnos quietos esperando
ese toque divino que, lógicamente, nunca llega. Si valoramos “qué” estamos
dispuestos a perder, conoceremos el grado de compromiso que tenemos con la
causa en cuestión.
Decía Steve
Jobs: "Cuando te dedicas a construir algo tan grande como Apple tienes que
dejar de vivir otras vidas que podrías estar viviendo. Vivir es elegir y elegir
es descartar”. En este año 2013, con todas las dificultades que se presentan,
ojalá individualmente sepamos elegir el camino más productivo. Muchos pequeños
aciertos podrían, con suerte, cambiar el rumbo de nuestra trayectoria.
Cuando empezamos un nuevo año y nos vemos con todo el calendario en blanco por delante, a todos nos entran ganas de llenarlo de éxitos y ponernos las pilas para conseguir una serie de objetivos que siempre tenemos pendientes: algunos relacionados con la salud, como hacer más deporte, adelgazar, dejar de fumar; otros profesionales, como estudiar idiomas, buscar empleo, mejorar el que tenemos, emprender un negocio; y otros personales como mejorar relaciones con los demás y con nosotros mismos. Sin embargo, en la mayoría de los casos no damos ni un paso adelante o lo damos pero perdemos fuelle enseguida y a otra cosa mariposa. El próximo año lo volveremos a intentar. Siempre trato de comprender porque caemos una y otra vez en esta trampa china que solo nos lleva a perder seguridad en nosotros mismos y convencernos de que nuestra fuerza de voluntad es más bien escasa. Y creo que he dado con un par de claves interesantes.
En primer lugar, cuando fijamos un objetivo, nos entra la euforia pensando en lo que vamos a ganar, pero pasamos por alto lo que vamos a perder y no valoramos si estamos dispuestos a hacerlo. Si quiero aprender idiomas pero no a asistir regularmente a unas clases y a estudiar; si quiero adelgazar pero nada de renunciar a comer y beber lo que me gusta; si quiero tener buenas relaciones pero no quiero controlar mi temperamento….entonces es que no estoy dispuesto a pagar el precio del cambio. Es decir, que en muchas ocasiones, anunciamos nuestro propósito esperando que el objetivo nos caiga encima como el gordo de la lotería, sin esfuerzos por nuestra parte. Lo que no sabemos es que todos tenemos capacidad de sobra para superar todas esas limitaciones que en nuestra cabeza se hacen insalvables. Si confiáramos en nuestras posibilidades, veríamos que no es tan difícil cambiar un rato al día el paseo por el sofá, la tele por el estudio, el bocadillo por la lechuga, el chicle por el cigarro o la conversación por la discursión. Poco a poco nuestros hábitos irán mejorando y pasado un tiempo nos asombraríamos de lo que estamos consiguiendo. El secreto de avanzar siempre es comenzar y así provocamos que ocurran cosas. Nuestro peor error es quedarnos quietos esperando ese toque divino que, lógicamente, nunca llega. Si valoramos “qué” estamos dispuestos a perder, conoceremos el grado de compromiso que tenemos con la causa en cuestión.
Decía Steve Jobs: "Cuando te dedicas a construir algo tan grande como Apple tienes que dejar de vivir otras vidas que podrías estar viviendo. Vivir es elegir y elegir es descartar”. En este año 2013, con todas las dificultades que se presentan, ojalá individualmente sepamos elegir el camino más productivo. Muchos pequeños aciertos podrían, con suerte, cambiar el rumbo de nuestra trayectoria.




















