Poda de extinción · Julia Coco Castón · Montijo
La gente se pregunta “¿por qué Montijo es un pueblo tan insano?” Montijo es un pueblo rural, donde el afán por la limpieza, la ornamentación y la estética está eliminando toda la vegetación que en otro tiempo proliferaba en todas las calles. Somos el único pueblo del universo donde sus habitantes no precisan de oxígeno para respirar. Por eso se cambian las zonas verdes por alquitrán.
Y es sólo en Montijo,
porque en los pueblos de alrededor sus calles están sembradas de plantas,
árboles, zonas verdes y vegetación que los propios vecinos riegan, cuidan y
mantienen. Mientras en otros lugares los árboles se veneran como elemento
fundamental de la Naturaleza, aquí se ensañan con ellos y los hacen
desaparecer.
El problema de Montijo y
de gran parte de Extremadura es que los analfabetos manejan nuestro destino y
los que saben están marginados.
En Montijo hay que luchar
contra los propios vecinos para imponerles salubridad. Es así como subsisten
las pocas zonas verdes que nos quedan. Pequeños oasis entre tanto asfalto,
pulmones para que las generaciones se desarrollen en entornos saludables.
Siempre en contra, no solo de quienes los destrozan por deporte, sino de
quienes los tienen que mantener, a sueldo. Y no hay que echar siempre la culpa al
Ayuntamiento, que lo permite. La mayoría de las veces la desaparición de
árboles se debe a petición de los vecinos. Y el resto al personal encargado de
su mantenimiento, que no saben o no quieren aprender. Cuando los vecinos han
pedido que en su calle se siembren árboles, el Ayuntamiento lo ha hecho.
De todas maneras aún
quedan calles en las que verdean hileras de árboles de hoja perennes y
caducifolios. Los caducifolios pierden sus hojas para afrontar el frío y entran
en dormición. Los de hoja perenne, naranjos en su mayoría, frutales que se
toman por ornamentales, perdiendo con ello su función nutricia y su
consideración, siguen sosteniendo con su oxígeno nuestros pueblos, limpiando de
contaminación el lugar donde vivimos y se desarrollan nuestros hijos. Siendo
este tipo de árboles los que más favor nos hacen, en fechas en que los
caducifolios, al carecer de hojas para realizar la fotosíntesis, nos privan de
una buena porción del oxígeno que los humanos necesitamos para vivir. Son
también los que más sufren una sistemática agresión, que por innecesaria, solo
tiene una meta: su extinción. La drástica poda a que se viene sometiendo a los
naranjos año tras año,(Ver fotos 4 y 5) sin tregua para su recuperación, está
dando lugar a que se sequen, a su debilitación, mangria y enfermedades de todo
tipo que están dejando desiertas nuestras calles otrora llenas de verdor y
perfume. Árboles de hoja perenne que solo precisan de un leve recorte para su
mantenimiento y fortaleza, están siendo salvajemente mutilados de tal forma que
se defienden brotando sin control por donde les dejan. Consecuencia: (Ver fotos
2 y 3) mangria, proliferación de agallas, bultos y aglomeraciones o tumores
vegetales que son un conglomerado de células debido a un crecimiento
anormal, provocado por organismos como hongos, bacterias y hasta nematodos.
Infecciones que entran por heridas debidas a la poda y rotura de ramas, que
impiden la circulación de savia y por tanto, la planta muere. A la vez que ocasionan
que esas células demanden una mayor cantidad de nutrientes, con el consiguiente
desgaste que afecta el crecimiento en general de la planta, que al envejecerse
se hacen más débiles y proclives a enfermar. En las plantas no hay factores
ambientales ni genéticos que ocasionen la aparición de tumores, si estos
aparecen es por causa de los microorganismos y de la mano del hombre. Debido a
podas con motosierra, de dentada ancha que dañan y destrozan las células y dejan
la planta sin sellar el corte, en lugar de las tijeras o sierra de poda al
efecto y cortes oblícuos, sellados con cera de abejas.
Es por ahí que entra la enfermedad, incorporando hongos a raíz
de los cortes. Sin olvidar que la poda ha de realizarse una vez recogida la
cosecha y antes de la floración (Marzo), no ahora con el árbol cargado de naranjas.
Que se consuman, se vendan o no, no resta un ápice de razón al argumento. (Esto
también es debido a que quienes lo gestionan no tienen ni idea de los recursos
que manejan y lo que se puede hacer con lo que están tirando). Los cítricos
(naranjo, mandarino, limonero, pomelo, etc) son árboles de hoja perenne y se
tiende a podarlos lo menos posible porque la poda drástica elimina muchas
reservas de ramas y hojas para la nutrición del propio árbol a través de la
fotosíntesis. Y evitando que el tronco principal no quede
demasiado expuesto al sol y se seque la corteza, con el correspondiente
perjuicio para el árbol. Además, no se poda igual un plantón que un árbol de
varios años. Son árboles que se autorregulan bastante bien, por eso solo
precisan un ligero clareo, y su copa tiende a ser redondeada, no hay que
insistir en el empeño de hacerlos bolitas. Los ejemplares de varios años se
podan ligeramente, incluso en fincas de gran producción, haciéndose incluso
cada 2 o 3 años. Para la poda de formación simplemente se desmocha, eliminando
únicamente las ramas viejas o secas; repaso, no poda. Y, en todo caso, la época
más recomendada para ello es en primavera, una vez pasados los fríos del
invierno (puesto que después de una tala, el árbol es más susceptible al
descenso de temperaturas), y cuando menor actividad vegetativa presente. Y en
todo caso como no son árboles de producción sino ornamentales tal poda salvaje
no tiene fundamento alguno.
Sobre estética no hay nada escrito y es por
estética, limpieza y ornamentación que se está pasando por alto la nada
despreciable cuestión de la necesidad de respirar que toda persona tiene si
quiere seguir vivo. Libre de contaminantes. La función de los árboles de hoja
perenne es suplir a los caducifolios cuando éstos pierden la hoja. Y es ahora,
aprovechando que los de hoja caduca han perdido su capacidad de realizar la
fotosíntesis, que se tala a los naranjos dejándolos con menos hojas que los que
las pierden por propia voluntad. Es tal el afán de limpieza en Montijo que limpian
hasta el oxígeno del aire. Eso es facilitar el aumento de contaminación, la
aparición de enfermedades respiratorias y el aumento de todo tipo de
enfermedades en los humanos, ¿de qué se quejan entonces?
Nadie se queja de la contaminación, de los malos
olores, de las fumigaciones con que nos riegan a diario… se quejan de las hojas
de los árboles y de las plantas de nuestras calles. Y mientras a otros
requerimientos, nadie hace caso ni se toman soluciones. A esto siempre hay
alguien dispuesto a dar solución inmediata. Resultado, nos estamos quedando sin
árboles. A las pruebas me remito:
- Foto 1 : Aún no se han
recuperado de la poda del año anterior
- Foto 6 : Antes de podarlos
- Foto 7 : Trabajo terminado
Tengo que decir que, antes de publicar esto lo
he intentado hablando con quienes tienen competencia para evitar este destrozo:
Quien lo perpetra dijo textualmente “que hacía
su trabajo como le saliera de los huevos y nadie iba a venir a decirle cómo
tenía que hacerlo. Ni aunque hablase con el mismísimo rey”.
Quienes tienen potestad para evitarlo… a las
pruebas me remito: después de tres días han vuelto a las andadas.
¡Buen Trabajo!
Y es sólo en Montijo, porque en los pueblos de alrededor sus calles están sembradas de plantas, árboles, zonas verdes y vegetación que los propios vecinos riegan, cuidan y mantienen. Mientras en otros lugares los árboles se veneran como elemento fundamental de la Naturaleza, aquí se ensañan con ellos y los hacen desaparecer.
El problema de Montijo y de gran parte de Extremadura es que los analfabetos manejan nuestro destino y los que saben están marginados.
En Montijo hay que luchar contra los propios vecinos para imponerles salubridad. Es así como subsisten las pocas zonas verdes que nos quedan. Pequeños oasis entre tanto asfalto, pulmones para que las generaciones se desarrollen en entornos saludables. Siempre en contra, no solo de quienes los destrozan por deporte, sino de quienes los tienen que mantener, a sueldo. Y no hay que echar siempre la culpa al Ayuntamiento, que lo permite. La mayoría de las veces la desaparición de árboles se debe a petición de los vecinos. Y el resto al personal encargado de su mantenimiento, que no saben o no quieren aprender. Cuando los vecinos han pedido que en su calle se siembren árboles, el Ayuntamiento lo ha hecho.
De todas maneras aún quedan calles en las que verdean hileras de árboles de hoja perennes y caducifolios. Los caducifolios pierden sus hojas para afrontar el frío y entran en dormición. Los de hoja perenne, naranjos en su mayoría, frutales que se toman por ornamentales, perdiendo con ello su función nutricia y su consideración, siguen sosteniendo con su oxígeno nuestros pueblos, limpiando de contaminación el lugar donde vivimos y se desarrollan nuestros hijos. Siendo este tipo de árboles los que más favor nos hacen, en fechas en que los caducifolios, al carecer de hojas para realizar la fotosíntesis, nos privan de una buena porción del oxígeno que los humanos necesitamos para vivir. Son también los que más sufren una sistemática agresión, que por innecesaria, solo tiene una meta: su extinción. La drástica poda a que se viene sometiendo a los naranjos año tras año,(Ver fotos 4 y 5) sin tregua para su recuperación, está dando lugar a que se sequen, a su debilitación, mangria y enfermedades de todo tipo que están dejando desiertas nuestras calles otrora llenas de verdor y perfume. Árboles de hoja perenne que solo precisan de un leve recorte para su mantenimiento y fortaleza, están siendo salvajemente mutilados de tal forma que se defienden brotando sin control por donde les dejan. Consecuencia: (Ver fotos 2 y 3) mangria, proliferación de agallas, bultos y aglomeraciones o tumores vegetales que son un conglomerado de células debido a un crecimiento anormal, provocado por organismos como hongos, bacterias y hasta nematodos. Infecciones que entran por heridas debidas a la poda y rotura de ramas, que impiden la circulación de savia y por tanto, la planta muere. A la vez que ocasionan que esas células demanden una mayor cantidad de nutrientes, con el consiguiente desgaste que afecta el crecimiento en general de la planta, que al envejecerse se hacen más débiles y proclives a enfermar. En las plantas no hay factores ambientales ni genéticos que ocasionen la aparición de tumores, si estos aparecen es por causa de los microorganismos y de la mano del hombre. Debido a podas con motosierra, de dentada ancha que dañan y destrozan las células y dejan la planta sin sellar el corte, en lugar de las tijeras o sierra de poda al efecto y cortes oblícuos, sellados con cera de abejas. Es por ahí que entra la enfermedad, incorporando hongos a raíz de los cortes. Sin olvidar que la poda ha de realizarse una vez recogida la cosecha y antes de la floración (Marzo), no ahora con el árbol cargado de naranjas. Que se consuman, se vendan o no, no resta un ápice de razón al argumento. (Esto también es debido a que quienes lo gestionan no tienen ni idea de los recursos que manejan y lo que se puede hacer con lo que están tirando). Los cítricos (naranjo, mandarino, limonero, pomelo, etc) son árboles de hoja perenne y se tiende a podarlos lo menos posible porque la poda drástica elimina muchas reservas de ramas y hojas para la nutrición del propio árbol a través de la fotosíntesis. Y evitando que el tronco principal no quede demasiado expuesto al sol y se seque la corteza, con el correspondiente perjuicio para el árbol. Además, no se poda igual un plantón que un árbol de varios años. Son árboles que se autorregulan bastante bien, por eso solo precisan un ligero clareo, y su copa tiende a ser redondeada, no hay que insistir en el empeño de hacerlos bolitas. Los ejemplares de varios años se podan ligeramente, incluso en fincas de gran producción, haciéndose incluso cada 2 o 3 años. Para la poda de formación simplemente se desmocha, eliminando únicamente las ramas viejas o secas; repaso, no poda. Y, en todo caso, la época más recomendada para ello es en primavera, una vez pasados los fríos del invierno (puesto que después de una tala, el árbol es más susceptible al descenso de temperaturas), y cuando menor actividad vegetativa presente. Y en todo caso como no son árboles de producción sino ornamentales tal poda salvaje no tiene fundamento alguno.
Sobre estética no hay nada escrito y es por estética, limpieza y ornamentación que se está pasando por alto la nada despreciable cuestión de la necesidad de respirar que toda persona tiene si quiere seguir vivo. Libre de contaminantes. La función de los árboles de hoja perenne es suplir a los caducifolios cuando éstos pierden la hoja. Y es ahora, aprovechando que los de hoja caduca han perdido su capacidad de realizar la fotosíntesis, que se tala a los naranjos dejándolos con menos hojas que los que las pierden por propia voluntad. Es tal el afán de limpieza en Montijo que limpian hasta el oxígeno del aire. Eso es facilitar el aumento de contaminación, la aparición de enfermedades respiratorias y el aumento de todo tipo de enfermedades en los humanos, ¿de qué se quejan entonces?
Nadie se queja de la contaminación, de los malos olores, de las fumigaciones con que nos riegan a diario… se quejan de las hojas de los árboles y de las plantas de nuestras calles. Y mientras a otros requerimientos, nadie hace caso ni se toman soluciones. A esto siempre hay alguien dispuesto a dar solución inmediata. Resultado, nos estamos quedando sin árboles. A las pruebas me remito:
- Foto 1 : Aún no se han recuperado de la poda del año anterior
- Foto 6 : Antes de podarlos
- Foto 7 : Trabajo terminado
Tengo que decir que, antes de publicar esto lo he intentado hablando con quienes tienen competencia para evitar este destrozo:
Quien lo perpetra dijo textualmente “que hacía su trabajo como le saliera de los huevos y nadie iba a venir a decirle cómo tenía que hacerlo. Ni aunque hablase con el mismísimo rey”.
Quienes tienen potestad para evitarlo… a las pruebas me remito: después de tres días han vuelto a las andadas.
¡Buen Trabajo!



























