CARTAS DESDE EL NORTE
Vergüenza por Garzón
Hay gente y grupos que tienen la extraña facultad de montar un circo y que le crezcan los enanos. Uno de esos grupos se llama España. No nos bastan políticos corruptos, silencios clamorosos, afanes de poder desmedido, venganzas asquerosas, crisis galopante…no. Hay que buscar una cabeza que reciba los palos que se pierden y hacerlo sin rigor ni vergüenza alguna.
En 1936, en este País, dos bandos con políticas y acciones enfrentadas se liaron a tiros unos contra otros en un conflicto que causó más de un millón de muertos. En una guerra es posible cualquier cosa incluso, la pura venganza personal. Ganaron los representantes del Capital y de la Iglesia. Es decir, los que querían tener más y mejores medios económicos y aquellos que veían en Dios la justicia máxima por encima de la de los Tribunales. Unos y otros, defendiendo aquellos principios bastardos, se unieron y acabaron gobernando España durante casi 50 años, desterrando de este País cualquier idea de libertades individuales aunque, para lograr ese objetivo les resultara necesario, incluso conveniente, deshacerse de cualquier prueba. Del millón de muertos en la Guerra Civil, muchos, que no estaban contabilizados como combatientes, murieron por las envidias, venganzas, y cierto tufillo a rojerio. Mi abuelo materno, Florencio García, pasó 5 años en la Cárcel por el enorme delito de colgar un abrigo en el mismo perchero donde alguien antes había colgado un rosario. En dos ocasiones practicaron con el simulacros de fusilamiento que consistían en matar a todos los que estaban en el paredón, menos a el. Los malos tratos, mala alimentación y el miedo convirtieron a mi abuelo en un pelele que salió de la cárcel, ya depurado, sin trabajo y gravemente enfermo, pero con la etiqueta de rojo peligroso, para acabar muriendo en 1952 de un cáncer expansivo de estómago.
Abusos los hubo y muy serios, por ambos bandos. Pero parece más lógico que el bando vencedor, apoyado en los principios de la Iglesia Católica, estaba en mejor posición para hacer un esfuerzo de reunificación que incluyera el perdón generalizado. No solo no fue así sino que, los principios del movimiento nacional inspirados en frases como Dios, Patria y Justicia, perseguían a todo aquel que no predicara con aquella forma de vida impuesta por la fuerza de las armas. Todo aquel que exponía un simple argumento de corte liberal, o que denunciaba a un cura por tocamientos,(¿os suena?), acababa paseado hasta las tapias de cualquier cementerio y, no bastaba con acabar con un tiro en la cabeza. Su cuerpo había de desaparecer. Hoy, en el siglo XXI ya sabemos muchas más cosas de tantos abusos cometidos en el nombre de la Ley de Dios, que era la que se aplicaba. Su Ley, la de Su Dios, la de Su Patria. El resto se las apañaba como podía para buscarse un mendrugo de pan con el que alimentar a sus familias. Durante 50 años se produjo en España el mayor y mejor ejemplo de injusticias y barbaridades de los que la historia de la humanidad tiene constancia. Y sabemos otra cosa más…: que la Iglesia estuvo detrás de la gran mayoría de estos abusos por la vía del consentimiento explícito consistente en ver, oír, callar y aplaudir.
Mis abuelos y sus hijos vivían en una casita baja llena de humedades, sin agua dentro de la casa, junto al Colegio Paideuterion de Cáceres, en la calle Sierpes. Mi abuelo, antimilitarista convencido, fue tachado de inmediato de Rojo. Y como resulta que la casa pertenecía al Párroco de San Mateo, ya se ocupó aquel conductor de almas de que la familia supiera muy a las claras que Dios no les iba a permitir una vida fácil, por rojos. Cada semana se presentaba el Párroco en la casa y, poniendo a Dios como excusa, les cortaba el agua del patio común de donde se servían. No los pudo echar porque, trampeando y vendiendo lo poco que tenían, iban pagando el alquiler. A mi madre la vistieron con un trajecito que le confeccionó mi abuela con la funda de la máquina de coser. Y se sintió la niña más feliz del mundo porque estrenaba ropa cuando a los demás, solo se la remendaban.
Se trata de una simple anécdota de los muchos casos gravísimos que se vivieron en aquellos días. Cuando se veía un cura por la calle, todos los niños corrían a besarle el anillo y ¡¡¡hay de aquel que no lo hiciera!!!. El rezo del rosario era condición diaria y había que hacerlo en voz alta para que lo oyeran los vecinos si no querías tener problemas. En definitiva, la Iglesia estaba detrás de muchos de los abusos que se cometieron. A mi pobre abuelo lo mataron tres veces y poco a poco, hasta que reventó. Cuando aquel Párroco entraba en la casa, se dirigía a mi abuelo y, dándole unos cachetitos en la cara le decía…”Hay, rojillo, rojillo…¿qué voy a hacer contigo?. El ejemplo de un hijo de puta encantador.
Hace unos años, con motivo de la muy necesaria Ley de Memoria Histórica que solo pretendía que se hiciera justicia, un Juez, Baltasar Garzón, apoyó la búsqueda de restos de personas represaliadas para dejar constancia legal e histórica de los asesinatos cometidos en nombre de un régimen impuesto a través de un Golpe de Estado encabezado por un tal General Franco. Este General se apoyó durante 50 años en violentos grupos organizados, de extrema derecha, fascistas convencidos, que acababan con cualquier persona que no comulgara abiertamente con sus mandatos. Miles de españoles perdieron a miles de sus familiares fuera de las trincheras de un conflicto armado. Morir en la guerra por un disparo o un obús, será duro pero es natural. Morir por una idea, es espantoso. Eso es lo que ha querido demostrar el Juez Garzón. Pues bien, esto resulta incómodo. Y son de nuevo esos grupos ultraderechistas, Manos Limpias y Falange Española, quienes han denunciado a Garzón y lo van a sentar en el banquillo. Vamos a ver…¿no hubo una guerra en España para que resplandeciera la verdad?. Pues aquí no ha cambiado nada. Mandará quien democráticamente gane las Elecciones pero, por detrás, siguen mandando los mismos. Intereses basados en la venganza y el vil dinero y la Iglesia, en general, con su demostrado empeño de no saber nada y mirar para otro lado. Ese es el mayor error cometido por el Juez. Creer que, por ser Juez, todo el mundo va a ponerse firmes. El Sindicato Manos Limpias es un grupo ultra que tiene tentáculos en la Judicatura. Y de Falange, ¿qué vamos a contar?. Que este Juez no consiga pruebas sobre las barbaridades que se cometieron y que no llegue a demostrar la cantidad de asesinos sueltos que quedan en España. Ese y no otro es el objetivo. Siento vergüenza de lo que le están haciendo a Garzón y me da vergüenza el silencio de los Gobernantes y siento asco de una Justicia politizada que me ordena lo que tengo o no tengo que hacer. Animo a todos los que lean esta carta a crear una Plataforma de apoyo al Juez Baltasar Garzón para que no se consienta la injusticia que se pretende, por muy basada en preceptos legales que se fundamente. Este Juez ha sido la única tabla de naufrago a la que se han agarrado las familias de los represaliados que solo buscaban los restos de sus familiares para poder darles un enterramiento en un lugar donde ir a respetar su memoria. No se puede hacer lo que se pretende y que les salga gratis. Acabemos de una vez por todas con tanto sinvergüenza como anda suelto.
En 1936, en este País, dos bandos con políticas y acciones enfrentadas se liaron a tiros unos contra otros en un conflicto que causó más de un millón de muertos. En una guerra es posible cualquier cosa incluso, la pura venganza personal. Ganaron los representantes del Capital y de la Iglesia. Es decir, los que querían tener más y mejores medios económicos y aquellos que veían en Dios la justicia máxima por encima de la de los Tribunales. Unos y otros, defendiendo aquellos principios bastardos, se unieron y acabaron gobernando España durante casi 50 años, desterrando de este País cualquier idea de libertades individuales aunque, para lograr ese objetivo les resultara necesario, incluso conveniente, deshacerse de cualquier prueba. Del millón de muertos en la Guerra Civil, muchos, que no estaban contabilizados como combatientes, murieron por las envidias, venganzas, y cierto tufillo a rojerio. Mi abuelo materno, Florencio García, pasó 5 años en la Cárcel por el enorme delito de colgar un abrigo en el mismo perchero donde alguien antes había colgado un rosario. En dos ocasiones practicaron con el simulacros de fusilamiento que consistían en matar a todos los que estaban en el paredón, menos a el. Los malos tratos, mala alimentación y el miedo convirtieron a mi abuelo en un pelele que salió de la cárcel, ya depurado, sin trabajo y gravemente enfermo, pero con la etiqueta de rojo peligroso, para acabar muriendo en 1952 de un cáncer expansivo de estómago.
Abusos los hubo y muy serios, por ambos bandos. Pero parece más lógico que el bando vencedor, apoyado en los principios de la Iglesia Católica, estaba en mejor posición para hacer un esfuerzo de reunificación que incluyera el perdón generalizado. No solo no fue así sino que, los principios del movimiento nacional inspirados en frases como Dios, Patria y Justicia, perseguían a todo aquel que no predicara con aquella forma de vida impuesta por la fuerza de las armas. Todo aquel que exponía un simple argumento de corte liberal, o que denunciaba a un cura por tocamientos,(¿os suena?), acababa paseado hasta las tapias de cualquier cementerio y, no bastaba con acabar con un tiro en la cabeza. Su cuerpo había de desaparecer. Hoy, en el siglo XXI ya sabemos muchas más cosas de tantos abusos cometidos en el nombre de la Ley de Dios, que era la que se aplicaba. Su Ley, la de Su Dios, la de Su Patria. El resto se las apañaba como podía para buscarse un mendrugo de pan con el que alimentar a sus familias. Durante 50 años se produjo en España el mayor y mejor ejemplo de injusticias y barbaridades de los que la historia de la humanidad tiene constancia. Y sabemos otra cosa más…: que la Iglesia estuvo detrás de la gran mayoría de estos abusos por la vía del consentimiento explícito consistente en ver, oír, callar y aplaudir.
Mis abuelos y sus hijos vivían en una casita baja llena de humedades, sin agua dentro de la casa, junto al Colegio Paideuterion de Cáceres, en la calle Sierpes. Mi abuelo, antimilitarista convencido, fue tachado de inmediato de Rojo. Y como resulta que la casa pertenecía al Párroco de San Mateo, ya se ocupó aquel conductor de almas de que la familia supiera muy a las claras que Dios no les iba a permitir una vida fácil, por rojos. Cada semana se presentaba el Párroco en la casa y, poniendo a Dios como excusa, les cortaba el agua del patio común de donde se servían. No los pudo echar porque, trampeando y vendiendo lo poco que tenían, iban pagando el alquiler. A mi madre la vistieron con un trajecito que le confeccionó mi abuela con la funda de la máquina de coser. Y se sintió la niña más feliz del mundo porque estrenaba ropa cuando a los demás, solo se la remendaban.
Se trata de una simple anécdota de los muchos casos gravísimos que se vivieron en aquellos días. Cuando se veía un cura por la calle, todos los niños corrían a besarle el anillo y ¡¡¡hay de aquel que no lo hiciera!!!. El rezo del rosario era condición diaria y había que hacerlo en voz alta para que lo oyeran los vecinos si no querías tener problemas. En definitiva, la Iglesia estaba detrás de muchos de los abusos que se cometieron. A mi pobre abuelo lo mataron tres veces y poco a poco, hasta que reventó. Cuando aquel Párroco entraba en la casa, se dirigía a mi abuelo y, dándole unos cachetitos en la cara le decía…”Hay, rojillo, rojillo…¿qué voy a hacer contigo?. El ejemplo de un hijo de puta encantador.
Hace unos años, con motivo de la muy necesaria Ley de Memoria Histórica que solo pretendía que se hiciera justicia, un Juez, Baltasar Garzón, apoyó la búsqueda de restos de personas represaliadas para dejar constancia legal e histórica de los asesinatos cometidos en nombre de un régimen impuesto a través de un Golpe de Estado encabezado por un tal General Franco. Este General se apoyó durante 50 años en violentos grupos organizados, de extrema derecha, fascistas convencidos, que acababan con cualquier persona que no comulgara abiertamente con sus mandatos. Miles de españoles perdieron a miles de sus familiares fuera de las trincheras de un conflicto armado. Morir en la guerra por un disparo o un obús, será duro pero es natural. Morir por una idea, es espantoso. Eso es lo que ha querido demostrar el Juez Garzón. Pues bien, esto resulta incómodo. Y son de nuevo esos grupos ultraderechistas, Manos Limpias y Falange Española, quienes han denunciado a Garzón y lo van a sentar en el banquillo. Vamos a ver…¿no hubo una guerra en España para que resplandeciera la verdad?. Pues aquí no ha cambiado nada. Mandará quien democráticamente gane las Elecciones pero, por detrás, siguen mandando los mismos. Intereses basados en la venganza y el vil dinero y la Iglesia, en general, con su demostrado empeño de no saber nada y mirar para otro lado. Ese es el mayor error cometido por el Juez. Creer que, por ser Juez, todo el mundo va a ponerse firmes. El Sindicato Manos Limpias es un grupo ultra que tiene tentáculos en la Judicatura. Y de Falange, ¿qué vamos a contar?. Que este Juez no consiga pruebas sobre las barbaridades que se cometieron y que no llegue a demostrar la cantidad de asesinos sueltos que quedan en España. Ese y no otro es el objetivo. Siento vergüenza de lo que le están haciendo a Garzón y me da vergüenza el silencio de los Gobernantes y siento asco de una Justicia politizada que me ordena lo que tengo o no tengo que hacer. Animo a todos los que lean esta carta a crear una Plataforma de apoyo al Juez Baltasar Garzón para que no se consienta la injusticia que se pretende, por muy basada en preceptos legales que se fundamente. Este Juez ha sido la única tabla de naufrago a la que se han agarrado las familias de los represaliados que solo buscaban los restos de sus familiares para poder darles un enterramiento en un lugar donde ir a respetar su memoria. No se puede hacer lo que se pretende y que les salga gratis. Acabemos de una vez por todas con tanto sinvergüenza como anda suelto.




















