Crónicas Cinéfagas
Vacaciones en el paraíso
La actualidad cinematográfica se halla en un momento propicio para que este mes les hablara de varios temas interesantes: el triunfo en los Goya de la maravillosa CELDA 211 sobre ÁGORA (que no he visto ni pienso ver); el de EN TIERRA HOSTIL (que todavía no he visto pero quiero ver) en los Oscar sobre AVATAR (que en maldita hora padecí); la llegada de las proyecciones tridimensionales al cine Conquistadores de Badajoz, con lo cual ya no será necesario desplazarse hasta Mérida o Almendralejo para ver en 3D FURIA DE TITANES o ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS… También una serie de estrenos apetecibles a priori y que han llegado de golpe a nuestras pantallas (AL LÍMITE, DAYBREAKERS, THE LOVELY BONES, GREEN ZONE – DISTRITO PROTEGIDO, EL LIBRO DE ELI, DESDE PARÍS CON AMOR, SHUTTER ISLAND…). Lástima que no haya visto ninguno de ellos. De hecho, no voy al cine desde el mes pasado, cuando salí asqueado de ver aquel HOMBRE LOBO del que ya les hablé. Y en casa apenas he vuelto a ver algunos títulos, bien por encargo (para un artículo que me han pedido para la web www.welovecinema.es que quizá ya esté on-line cuando tengan este número del Crónicas en sus manos) o para acompañar a algún familiar. ¿Qué ocurre? ¿Acaso he perdido interés por el cine? ¿Acaso he dejado de ser yo? Nada de eso, digamos que me he tomado unas vacaciones... en una isla (semi)desierta acompañado de un puñado de supervivientes de un accidente aéreo: los pasajeros del vuelo Oceanic 815.
Efectivamente, les hablo de PERDIDOS. De un tiempo a esta parte, todo mi tiempo de ocio ha sido empleado en disfrutar de esta serie, probablemente el fenómeno televisivo de mayor impacto que podremos presenciar en muchos años (si no contamos la nariz nueva de la Esteban), un producto que ha marcado un antes y un después en la ficción televisiva y blablablá, ya saben, todo eso que se escribe por ahí. A mí lo que realmente me importa es que después de muchos años resistiéndome a ver la serie (cualquier serie, en realidad, porque prefiero emplear mi tiempo libre en ver películas, en leer o en jugar a emuladores de videoconsolas antiguas y a alguna novedad), sentí una especie de agobio al conocer que el final se acercaba y que irremediablemente conocería el final de PERDIDOS antes de saber cómo fue el principio. Así, me propuse intentar ver al menos el primer capítulo para ver qué ocurría. El resultado es que hoy, mes y muy poco después, me he puesto al día y he visto en este corto periodo de tiempo lo que otros han tenido que dilatar durante seis años. Eso quiere decir que los fines de semana y muchas tardes después de trabajar no he hecho otra cosa que sentarme delante de esta pantalla a ver cómo se las apañan Jack, Kate, Sawyer, Locke, Claire, Sayid o Hurley para sobrevivir y escapar de la isla, cómo Desmond (mi personaje favorito) intentaba solucionar sus saltos temporales o cómo Charlie (mi segundo preferido) s
uperaba su adicción a las drogas y se convertía en un héroe trágico. Así que sí, definitivamente, PERDIDOS tiene algo… ese algo capaz de hacerme ver doce episodios de una sentada en un domingo, que consigue que cada temporada sea más emocionante, compleja y vibrante que la anterior y que me hiciera pensar, mientras disfrutaba el último episodio de la cuarta temporada hace apenas unos días, que voy a echar de menos a unos personajes de los que hasta hace dos meses no sabía prácticamente nada. Y también capaz de conseguir que no haya echado de menos el cine en todo este tiempo, porque casi todo lo que me gusta en el cine está aquí. Si eso no tiene mérito, que venga Ben Linus y me corte el cuello.
Efectivamente, les hablo de PERDIDOS. De un tiempo a esta parte, todo mi tiempo de ocio ha sido empleado en disfrutar de esta serie, probablemente el fenómeno televisivo de mayor impacto que podremos presenciar en muchos años (si no contamos la nariz nueva de la Esteban), un producto que ha marcado un antes y un después en la ficción televisiva y blablablá, ya saben, todo eso que se escribe por ahí. A mí lo que realmente me importa es que después de muchos años resistiéndome a ver la serie (cualquier serie, en realidad, porque prefiero emplear mi tiempo libre en ver películas, en leer o en jugar a emuladores de videoconsolas antiguas y a alguna novedad), sentí una especie de agobio al conocer que el final se acercaba y que irremediablemente conocería el final de PERDIDOS antes de saber cómo fue el principio. Así, me propuse intentar ver al menos el primer capítulo para ver qué ocurría. El resultado es que hoy, mes y muy poco después, me he puesto al día y he visto en este corto periodo de tiempo lo que otros han tenido que dilatar durante seis años. Eso quiere decir que los fines de semana y muchas tardes después de trabajar no he hecho otra cosa que sentarme delante de esta pantalla a ver cómo se las apañan Jack, Kate, Sawyer, Locke, Claire, Sayid o Hurley para sobrevivir y escapar de la isla, cómo Desmond (mi personaje favorito) intentaba solucionar sus saltos temporales o cómo Charlie (mi segundo preferido) s
uperaba su adicción a las drogas y se convertía en un héroe trágico. Así que sí, definitivamente, PERDIDOS tiene algo… ese algo capaz de hacerme ver doce episodios de una sentada en un domingo, que consigue que cada temporada sea más emocionante, compleja y vibrante que la anterior y que me hiciera pensar, mientras disfrutaba el último episodio de la cuarta temporada hace apenas unos días, que voy a echar de menos a unos personajes de los que hasta hace dos meses no sabía prácticamente nada. Y también capaz de conseguir que no haya echado de menos el cine en todo este tiempo, porque casi todo lo que me gusta en el cine está aquí. Si eso no tiene mérito, que venga Ben Linus y me corte el cuello.



















