Tenemos que oponernos: el momento es ahora
Ocurre constantemente. Temas ayer candentes y polémicos son olvidados y postergados por el empuje implacable de nuevos flashes mediáticos, en los cuales volvemos a enfrascarnos con pasión extrema, como si en ello nos fuera la misma vida. El caso es que, después de agrias polémicas, los asuntos se diluyen sin que apenas reflexionemos sobre su destino final. Por ejemplo, ¿se acuerdan del debate sobre el tabaco en los bares y restaurantes?. Parecía que Zapatero se hubiera confabulado con el mismísimo diablo para hacernos la vida imposible al común de los españoles. Todavía hay bares donde se anuncia “Zona VIP habilitada por Zapatero”. Pero ahora manda Rajoy, y la prohibición sigue vigente… afortunadamente. Convendría concluir que la idea era buena y que, en general, ha sido socialmente bien aceptada, ante lo cual ningún gobierno se atrevería a dar marcha atrás. Yo ya había advertido que así ocurriría, aunque era casi una obviedad.
Otro tanto ha ocurrido con la refinería Balboa, donde se enfrentaron dos posiciones irreconciliables: por un lado los que veíamos entonces (y lo seguimos viendo ahora) la necesidad de una mayor industrialización de Extremadura, que era posible con el único proyecto industrial que se ofrecía a la ciudadanía extremeña (con inconvenientes, pero el único). Y, por otra parte, la opinión de aquellos que les preocupaba menos el empleo (probablemente porque lo tenían seguro) y se mostraban contrarios a las repercusiones medioambientales, que anunciaban catastróficas para nuestra región. ¿En qué quedará todo esto? ¿Habrá cambiado la opinión de algunos?. Lo que no ha cambiado es la posición ambigua del Partido Popular, que se ha preocupado más de obtener rédito político de este asunto que de los ciento cincuenta y seis mil parados de la región. ¿Se acuerdan ustedes del Sr. Rato cuando era ministro Economía de Aznar? . Entonces el Sr. Rato afirmaba que “los españoles compran casas caras porque pueden pagarlas”. Este señor cuando dejó el ministerio fue presidente del Fondo Monetario Internacional, y después presidente de Bankia. ¡Vaya con algunos líderes!.
Digo todo esto porque la opinión política y, sobre todo, la opinión publicada no siempre resultan acordes con el sentido común y el buen gobierno de un país o de una región. Y por ello debemos estar atentos a los mensajes y reforzar nuestros valores cívicos y sociales.Por ejemplo, ahora se nos quiere convencer de que los recortes en la educación pública no tendrán repercusiones sobre la calidad de la enseñanza, ni sobre la igualdad y la equidad que el sistema educativo favorece. Hasta ahora la universalización y gratuidad del sistema público educativo ha permitido una cierta igualdad de oportunidades a todas las clases sociales, en un proceso iniciado en los años sesenta y que se ha venido mejorando hasta nuestros días. Pero ahora quieren recortar recursos materiales y económicos a las escuelas, suprimir ayudas escolares, despedir profesores, subir las tasas universitarias, endurecer el acceso a las becas, aumentar los alumnos por aulas o suprimir modalidades de bachillerato. Y quieren que nos creamos que esto no tendrá efectos negativos sobre la educación pública extremeña. Tenemos que oponernos: el momento es ahora. Nos estamos jugando el futuro de nuestros jóvenes. Y el de Extremadura.
Ocurre constantemente. Temas ayer candentes y polémicos son olvidados y postergados por el empuje implacable de nuevos flashes mediáticos, en los cuales volvemos a enfrascarnos con pasión extrema, como si en ello nos fuera la misma vida. El caso es que, después de agrias polémicas, los asuntos se diluyen sin que apenas reflexionemos sobre su destino final. Por ejemplo, ¿se acuerdan del debate sobre el tabaco en los bares y restaurantes?. Parecía que Zapatero se hubiera confabulado con el mismísimo diablo para hacernos la vida imposible al común de los españoles. Todavía hay bares donde se anuncia “Zona VIP habilitada por Zapatero”. Pero ahora manda Rajoy, y la prohibición sigue vigente… afortunadamente. Convendría concluir que la idea era buena y que, en general, ha sido socialmente bien aceptada, ante lo cual ningún gobierno se atrevería a dar marcha atrás. Yo ya había advertido que así ocurriría, aunque era casi una obviedad.
Otro tanto ha ocurrido con la refinería Balboa, donde se enfrentaron dos posiciones irreconciliables: por un lado los que veíamos entonces (y lo seguimos viendo ahora) la necesidad de una mayor industrialización de Extremadura, que era posible con el único proyecto industrial que se ofrecía a la ciudadanía extremeña (con inconvenientes, pero el único). Y, por otra parte, la opinión de aquellos que les preocupaba menos el empleo (probablemente porque lo tenían seguro) y se mostraban contrarios a las repercusiones medioambientales, que anunciaban catastróficas para nuestra región. ¿En qué quedará todo esto? ¿Habrá cambiado la opinión de algunos?. Lo que no ha cambiado es la posición ambigua del Partido Popular, que se ha preocupado más de obtener rédito político de este asunto que de los ciento cincuenta y seis mil parados de la región. ¿Se acuerdan ustedes del Sr. Rato cuando era ministro Economía de Aznar? . Entonces el Sr. Rato afirmaba que “los españoles compran casas caras porque pueden pagarlas”. Este señor cuando dejó el ministerio fue presidente del Fondo Monetario Internacional, y después presidente de Bankia. ¡Vaya con algunos líderes!.
Digo todo esto porque la opinión política y, sobre todo, la opinión publicada no siempre resultan acordes con el sentido común y el buen gobierno de un país o de una región. Y por ello debemos estar atentos a los mensajes y reforzar nuestros valores cívicos y sociales.Por ejemplo, ahora se nos quiere convencer de que los recortes en la educación pública no tendrán repercusiones sobre la calidad de la enseñanza, ni sobre la igualdad y la equidad que el sistema educativo favorece. Hasta ahora la universalización y gratuidad del sistema público educativo ha permitido una cierta igualdad de oportunidades a todas las clases sociales, en un proceso iniciado en los años sesenta y que se ha venido mejorando hasta nuestros días. Pero ahora quieren recortar recursos materiales y económicos a las escuelas, suprimir ayudas escolares, despedir profesores, subir las tasas universitarias, endurecer el acceso a las becas, aumentar los alumnos por aulas o suprimir modalidades de bachillerato. Y quieren que nos creamos que esto no tendrá efectos negativos sobre la educación pública extremeña. Tenemos que oponernos: el momento es ahora. Nos estamos jugando el futuro de nuestros jóvenes. Y el de Extremadura.




















