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Manuel García Cienfuegos
Última actualización 19:49
Lunes, 6 febrero 2012

El dolmen de Prado de Lácara

En la carretera que une La Nava de Santiago con Aljucén, en plena dehesa, se encuentra este sepulcro megalítico, esta joya arquitectónica, cuya construcción nos ofrece dimensiones sorprendentes. Basta con visitarlo para ver cómo, en el prado del Lácara, la majestuosidad de la piedra fue levantada gracias al pulso y al latido del hombre.


El dolmen de Lácara es un monumento megalítico del tipo de sepulcro de corredor y el más antiguo de la comarca de Mérida.
Fue declarado Monumento Nacional en 1931, con la Alcazaba de Mérida, siendo catalogado como uno de los dólmenes más importantes junto con la Cueva de Menga en Antequera (Málaga), Soto en Trigueros (Huelva) y La Pastora en Valencina de la Concepción (Sevilla),
Perteneciente al período Neolítico (V o IV milenio antes de Cristo), ha sufrido a lo largo del tiempo distintas agresiones, pero, a pesar de ello, ha llegado hasta nuestros días, bastante completo debido a su excepcional tamaño y a su excelente fábrica.
Fue adquirido, a finales de 2009, por la Junta de Extremadura, interviniéndose en él trabajos de consolidación e investigación así como en su entorno para facilitar su acceso.

Un monumento
para uso funerario

Dentro de su categoría es el mayor que existe en España (en la península solo hay uno más grande en la localidad portuguesa de Évora), y emblema de una corriente cultural común a los pueblos de la vertiente atlántica desde Irlanda hasta la Península Ibérica. El monumento está formado por un largo corredor, dividido en un vestíbulo, dos antecámaras y una gran cámara poligonal que cuenta con cinco metros de diámetro y otros tantos de altura, cámara que es el prodigio del dolmen.
Este dolmen es un magnífico dolmen de corredor, con una longitud de 19,90 metros, levantado con una serie de losas de un tamaño inmenso hasta el punto de parecer una obra de gigantes. Un pasillo adintelado conduce a una cámara mortuoria que originalmente debió de alcanzar los 5 metros de altura, que estaba cubierta de un manto de tierra que ocultaba a la vista dicha cámara.
La presión que los grandes bloques de piedra ejercían hacia fuera era tan fuerte que fue necesario colocar una serie de piedras hincadas en un anillo exterior para contrarrestar estas fuerzas. La cúpula se cerraba con una gran losa (tapa), de la que no quedan evidencias. Toda la estructura estaba cubierta con piedras y tierra, hasta formar un gran túmulo funerario de 40 metros de diámetro.
El dolmen, a lo largo de su historia, ha sido utilizado como vivienda y resguardo para el ganado, resultó dañado en los siglos XIX y XX por las voladuras que se llevaron a cabo para utilizar la piedra granítica empleada en su construcción.

Barrantes, Mélida, Roso de Luna,
Pacheco y Georg y Vera Leisner


Las excavaciones más importantes en el monumento tuvieron lugar en tres fases durante los años 1957 y 1958, realizadas por el prestigioso arqueólogo, especialista en Prehistoria, y director del Museo Arqueológico Nacional de España, Martín Almagro Basch (1911-1984).
Siendo el primer dolmen extremeño excavado de manera científica.
Anterior a las excavaciones que realiza el profesor Almagro, el dolmen fue citado por el erudito extremeño Vicente Barrantes (año 1875), que dijo de él que es “uno de los más raros y notables monumentos de la Edad de Piedra”; el arqueólogo José Ramón Mélida, que lo visitó en dos ocasiones, años 1908 y 1912, al que lo consideró como uno de los más importantes monumentos megalíticos de España, agregando que fue dinamitado; el ingeniero de minas Ismael Roso de Luna y el naturalista Francisco Hernández Pacheco (año 1950), recogieron la existencia del dolmen y de unas sepulturas inmediatas excavadas en los peñascos de granito cercanos; y finalmente el matrimonio alemán, Georg y Vera Leisner (año 1956), que incluyeron el dolmen en su catálogo de dólmenes de largo corredor y cámara poligonal del occidente de la península ibérica.

Las excavaciones de
Martín Almagro Basch

En la intervención realizada -años 1957-1958- por Martín Almagro, se localizaron puntas de flecha de metal (bronce); un ídolo placa, típico objeto de culto realizado sobre una placa de pizarra de color gris oscuro de forma trapezoidal; varios adornos, colgantes y cuentas de collar, de quienes se enterraron en este gran sepulcro colectivo; fragmentos de alabardas y puñales de silex; puntas de flecha (más de un centenar) de silex, cuarzo, pizarra y cristal de roca. Muy abundantes fueron los hallazgos de restos de finos cuchillos de silex, cuarcita e incluso de fina pizarra; útiles diversos de piedra como cuencos, vasitos y hachas.
Junto a todo este ajuar hay que hacer referencia a los restos cerámicos localizados por Martín Almagro en la excavación, como fragmentos de fabricación tosca y sin especial interés, a excepción de un pequeño fragmento del borde de un vaso campaniforme.
El prestigioso arqueólogo informa que el corredor y las cámaras fueron, en varias ocasiones, saqueadas, afirmando que es seguro ya en época romana y luego en épocas posteriores, aprovechándose el área de la sepultura monumental para viviendas, alojándose entre sus grandes piedras grupos humanos de forma no precisa, pero evidente. Almagro Basch afirma que lo prueba plenamente el buen número de trozos de tégulas y de cerámica romana y de época medieval, hallados entre los niveles revueltos de tierra que cubrían el corredor y cámaras. Martín Almagro, en su informe, indica que algunas de las piedras de la cubierta del corredor y todas las de la cámara poligonal fueron intencionadamente desmontadas, barrenadas, rotas y destruidas.

La Junta compra
el dolmen para
hacerlo visitable.
Primeras actuaciones

La consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, en diciembre del año 2009, toma la decisión de comprar a la familia Gragera de La Garrovilla, el dolmen. En la venta se incluyó también una franja de terreno de unas dos hectáreas alrededor del mismo y un camino de acceso al monumento. A pesar de su deficiente señalización y de la escasa promoción turística, se estimaba entonces que el dolmen era visitado al año por unas dos mil personas.
La Junta de Extremadura, tras su adquisición, dentro del programa Alba Plata de recuperación de esta milenaria línea de comunicación a su paso por Extremadura, y con cargo al proyecto Vía Plata II, destinó cerca de 59.000 euros para los trabajos denominados “Excavación y consolidación de las estructuras del dolmen de Lácara”. Esta actuación consistió fundamentalmente en consolidar y limpiar el entorno del monumento, sin llegar a intervenir de forma directa en el dolmen. De ese modo, si antes se encontraba cubierto por vegetación y material de relleno, ahora luce en medio de un montículo pelado, como debió de mostrarse en sus primeros años de existencia y funcionamiento.
También se ha adecuado un camino desde el inicio de la finca hasta donde se encuentra el monumento, para lo que se ha ocupado una franja de suelo que formó parte de la compra realizada por la consejería de Cultura en 2009. Hasta entonces, los propietarios de los terrenos permitían el acceso para realizar visitas al dolmen, pero se encontraba en un espacio privado. Ahora se puede entrar con un vehículo y aparcar junto a la entrada, tras lo que se debe recorrer a pie el sendero que lleva a la construcción megalítica.
Esta actuación contribuirá a mejorar el conocimiento científico del dolmen y a difundir una joya de la arqueología extremeña y española.

El Cancho del Moro,
un altar rupestre

Martín Almagro Gorbea, Anticuario de la Real Academia de la Historia y Javier Jiménez Ávila, especialista en prehistoria y miembro del Instituto de Arqueología de Mérida, autores ambos del trabajo, “Un altar rupestre en el Prado de Lácara”, consideran que junto al dolmen existe un gran túmulo que, con toda probabilidad, contiene en su interior otro gran monumento megalítico, y es posible que exista una tercera sepultura, haciendo referencia a un altar rupestre, conocido por los vecinos de La Nava como el “Cancho del moro”.
Estas estructuras a las que se suelen denominar también “peñas sacras” se caracterizan por ofrecer cazoletas en su parte superior, asociadas a canalillos, entalles y a escaleras de acceso a su cumbre.
Este santuario rupestre, que podía remontarse a la edad del bronce, parece un monumento destinado a un uso ritual, a ritos conexos, como augurios y lustraciones rituales ancestrales, posiblemente relacionadas con tradiciones de antepasados mitificados y enterrados en la zona.
El descubrimiento de una manifestación singular como el altar rupestre del Prado de Lácara, junto a uno de los dólmenes más monumentales del territorio peninsular, han llevado a Martín Almagro y Javier Ávila a proponer la creación de un “Parque Arqueológico”, puesto que, junto a estos dos elementos fundamentales, es posible la existencia de otros dólmenes y de algunas tumbas excavadas en las rocas, catalogadas como antropomorfas por algunos historiadores y, para otros, de época tardorromana, relacionados con los restos de una extensa edificación romana que se halla al otro lado del arroyo Zamorilla.
Pero aún nos queda otra sorpresa por descubrir sobre el dolmen de Lácara, ya que su orientación consigue, que a la salida del sol, el día del solsticio de invierno, penetre la dorada luz tibia del sol por la entrada del corredor derramándose hasta el fondo de la cámara sepulcral, hecho que para aquella gente resultaba muy transcendente, porque eran conscientes y sabedores del ciclo de la vida.

Cómo llegar hasta el dolmen

[Img #30975]Sí se parte desde Montijo hay que tomar la BA-100 en dirección a la Nava de Santiago, al llegar, en la rotonda, buscar dirección hacia la EX-214, que une La Nava de Santiago con Aljucén, y sobre la mitad del tramo, a unos 9,5 km, encontramos el acceso al dolmen, en el margen derecho de la carretera. 


Sí se visita desde Cáceres o Mérida hay que coger la autovía A-66 (Ruta de la Plata) y tomar el desvío Aljucén-La Nava de Santiago, dirección La Nava de Santiago. Una señal de tráfico nos señala el acceso al monumento, encontrando un amplio espacio de tierra donde estacionar el vehículo, y recorrer a pie el camino que lleva a la construcción megalítica. Siempre al lado de la valla que separa la finca, que dejaremos permanentemente a nuestra derecha. En algo más de cinco minutos alcanzaremos el dolmen, con el que comienza un regreso al pasado.

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