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Lunes, 04 de Julio de 2011

El movimiento del 15-M

El mes pasado dediqué mi columna al movimiento surgido en los días previos a las elecciones. Creo a pies juntillas en la buena predisposición de la inmensa mayoría de personas que se sienten cercanas a un ideario que lo que reclama en líneas generales es una mayor participación de los ciudadanos en la política, y un sistema más democrático, en el que la elección de los políticos a través de listas abiertas sea la tónica general de las elecciones en las que elegimos a quienes nos representan. Desde aquella columna que, se escribió antes de las elecciones se han producido algunos cambios y algún que otro movimiento. Las elecciones autonómicas las ganó el PP de forma abrumadora en la mayor parte de las circunscripciones en las que se presentaba en España a nivel regional lo que contradice a aquellos que opinaban que este movimiento se organizaba desde las filas de la izquierda (ya he comentado en alguna ocasión que no creo en la clasificación “izquierdas y derechas”) y que las pretensiones eran sacar a votar al mayor número de progresistas (teóricos votantes de izquierdas) para que el impacto del partido popular fuera menor. De igual forma, los de izquierdas, intentaron sumarse al carro del 15-M haciendo significar sus simpatías hacia dicho movimiento y también salieron con el rabo entre las piernas. Recordemos que el mismísimo coordinador General de Izquierda unida fue abucheado cuando fue a unirse a una manifestación de indignados que participaban en una concentración en Madrid para evitar un desahucio y que llegaron a arrojarle agua por encima. Dicho esto queda claro que independientemente del pensamiento de cada uno, lo que une al movimiento del 15-M es su aversión a como se plantean las cuestiones políticas por parte de la clase política a la que algún autor ha rebautizado como “la casta”. Su máximo exponente a la hora de protestar es la de concentrarse en los centros de decisión política y manifestar “a grito pelao” su indignación por la mala forma de gestionar y de hacer política que tienen los que en la actualidad ostentan la representación de nuestras instituciones. El hecho de que se hayan producido algunos altercados en ese tipo de manifestaciones no es significativo y sobre todo, no le quita valor ni razón a todo el ideario que lo sustenta. De hecho, habría que saber cuántas personas han sido las que participaron en los incidentes del parlamento catalán y cuantas son las que verdaderamente participaron activamente ya que de los 3000 participantes, parece que tan solo unos 300 participaron activamente en la algarada. Más bien da la impresión de que los políticos catalanes tenían interés en aumentar los efectos al acoso al que fueron sometidos como si hubieran temido en algún momento por sus vidas. Por supuesto he de decir que estoy en contra de todo acto violento al que se vea sometido una persona y en el caso de los políticos es igualmente condenable, pero que no se rasguen ahora las vestiduras por cuatro zarandeos a los que fueron sometidos. Ellos lo pasaron mal un día. Hay 5 millones de desempleados que lo pasan mal todos los días. No me cabe la menor duda de que este movimiento implica un antes y un después y va a obligar a la clase política a realizar una serie de cambios ya que de persistir todo así, el número de indignados va a ir creciendo en progresión geométrica hasta que llegue un momento en el que las protestas no sean verbales y pasemos a otros sistemas de protesta que nadie seguro desea.

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