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Lunes, 04 de Julio de 2011

M&M’s

Como dicen en las pelis, esta historia está basada en hechos reales. Los M&M’S son dos “profesionales” de la sanidad cuyos nombres voy a ocultar porque no quiero implicar directamente a nadie, aunque mis razones tengo. Su actuación del pasado jueves 16 fue a la medicina lo que Pepe Gotera y Otilio a la albañilería. Hace poco más de un mes mi madre, una señora de casi 80 años, tuvo la mala suerte de resbalar en casa y romperse un brazo. Mala suerte, pero gracias a mi amiga Maxi, fue rápidamente atendida y llevada a Badajoz donde la atendieron como se debe. Hasta aquí, todo normal. Tan solo mala suerte. Pero Murphy decidió ayudarme a que me cagara en todos sus muertos y volvió a aplicar su famosa ley, con lo cual…doble mala suerte. Así, el día de autos, que diría mi compañero Vicente, mi madre tropieza en unos adoquines de la Plaza de los Bootello y vuelve a caer con cabestrillo y todo. Aquí empieza realmente la aventura.
Gracias a las personas que se encontraban cerca de nosotros en ese momento, mi madre fue socorrida en primera instancia y una de esas personas se ofreció gentilmente a avisar al Centro de Salud para que un servicio de urgencias se acercase a atenderla. Pues bien, Los M&M’S, con poderes sensoriales nunca vistos deciden que la urgencia no es tal y tardan lo que no está escrito en llegar. Además, se presentan en un utilitario, con lo cual si la paciente, y vaya si lo fue, necesitase traslado en ambulancia, pues…¡se sieeenteeee! Afortunadamente las ya débiles extremidades inferiores de Margarita no sufrieron daño alguno, con lo que al menos, nos evitamos ir corriendo al C.S. gritando ¡ninoninoninoninonino! Nos desplazamos unos metros para atender a mi madre en casa, dada la corta distancia entre nuestro hogar y el lugar del accidente. Allí, los M&M’S solicitan agua oxigenada. Se la doy, me ofrezco a proporcionarles algodón, y me dicen que les de gasa. ¡Coño, gasa! Pues no tengo. Ni corto ni perezoso, el enfermero me dice que, entonces, cuando tenga gasa le limpie yo mismo la herida, y da por terminado su servicio. ¡Genial! Desde entonces, cuando voy a la pescadería llevo siempre unas tijeras, por si quiero que me quiten la raspa, y un camping-gas cuando salgo a tomar algo, por si me entra hambre. Pero eso no es todo, queda el médico. Mi madre, la pobrecilla, se quejaba de dolores en el pecho, el costado y la cara, lo cual referí al doctor. Éste, volviendo a hacer uso de sus extrasensoriales dotes, y ¡sin ponerle un dedo encima, dictamina: Nolotil cada 8 horas. Nos vamos que tenemos consulta. ¡Tócate los güevos, Antoñito! Eso es una exploración en condiciones, si señor. Y se fueron, tan panchos.
Más tarde, decido llevar a mi madre al C.S. porque seguía quejándose. Y mire usted por donde, me encuentro con uno de los M&M’S que me dice “Hombre!, ¿Qué hacéis aquí?” Le digo que vamos a que atiendan a mi madre porque en casa no lo han hecho y me dedica una sonrisilla irónica mientras se aleja y me entran ganas de tratarle como a Murphy. Tras esperar el tiempo necesario, ya que no teníamos cita, Salvador, Alicia e Isa atendieron DE VERDAD a mi madre, y encontraron en las radiografías dos fisuras en las costillas. Gracias a los tres, de verdad. Y vosotros, M&M’S…¡así os derritais!

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