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Lunes, 09 de Mayo de 2011

Elecciones democráticas

En este mes de mayo vamos a elegir a nuestros alcaldes y concejales y a nuestros diputados autonómicos. El derecho al voto, más allá de la tremenda crisis económica que estamos padeciendo, es siempre un motivo de alegría y ánimo, o como diría el Borbón, de orgullo y satisfacción.

Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para ver lo que cuesta este derecho a decidir. Miles de personas, la mayoría  jóvenes, pierden su vida o su libertad en los países árabes y magrebíes, en el resto de África, en China y otros países asiáticos y en algunos países de Latinoamérica, para poder hacer eso que algunos de nosotros valoramos tan poco. Hemos de ser conscientes de ello y hemos de ejercer, en consecuencia,  el voto con responsabilidad y con respeto, conscientes de su importancia.

Son tiempos difíciles para los servicios públicos y, por lo tanto, son tiempos difíciles para los ciudadanos, y también para los ayuntamientos y para la administración autonómica. Decisiones importantes y graves habrán de ser tomadas una vez que pasen las elecciones.
Estas decisiones serán distintas en función de la ideología del partido político que gobierne. En lo que se refiere a los servicios públicos las diferencias son grandes. La derecha tenderá a ir reduciendo el volumen de estos servicios públicos, ya lo hemos visto en Cataluña y en Madrid, o intentará que lo paguemos los usuarios más allá de los impuestos, como ha manifestado el presidente de Murcia, del PP, al hablar de la conveniencia del copago en la sanidad y en la educación.

Es por ello que sería necesaria la convergencia de los partidos de izquierda extremeños, PSOE e IU, para aplicar políticas sociales diferentes, en la línea del Estado del Bienestar que a lo largo del siglo pasado se fue configurando en Europa, y que llegaron a España una vez muerto el dictador.

Espero, y creo, que así será en el ámbito autonómico, donde es probable la vuelta de IU a la Asamblea de Extremadura. De hechos ambas agrupaciones políticas ya alcanzaron acuerdos en los ayuntamientos en las dos últimas elecciones, de forma que en la última se consiguieron 30 alcaldías más, 6 de ellas para Izquierda Unida. Sin embargo, como todos sabemos Montijo fue una excepción en ese acuerdo, y me temo que lo será también en esta ocasión.

En el caso de Montijo, contrasta la disciplina férrea que impone el líder de la agrupación local de Izquierda Unida, y que supongo que es lo que ha hecho desaparecer de la lista al único concejal que quiso objetar la fallida teoría de las dos orillas, digo que contrasta con la falta de disciplina de la agrupación, que no asume los acuerdos de su dirección regional. Y es que, como decía don Santiago Carrillo, en algunos lugares “Izquierda Unida es el Partido Comunista vestido de lagarterana”.

Esto, que puede hasta que sea legítimo, debe ser conocido por la ciudadanía por las repercusiones que pueda tener en el gobierno de Montijo. Yo, por mi parte, sigo “alucinado” con este asunto que vengo comentando desde hace varios años.
 A votar. El que vota decide.

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