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Manuel Garacía Cienfuegos
Lunes, 4 abril 2011
CARCESA

De Felipe Corchero a Nueva Rumasa

El 24 de julio de 1951, el Ayuntamiento de Montijo subastaba los terrenos del “Ejido de los Bueyes”. Con este acuerdo entendía el Consistorio municipal, que el futuro Plan Badajoz (aprobado el 7 de abril de 1952) no debía ser una obra única y exclusiva de los organismos estatales, sino obligación moral de cooperar los Ayuntamientos.


Felipe Corchero Jiménez, importante industrial y mecenas emeritense, casado con Juana Rivera Riola, fue uno de los licitadores al que se le adjudicaron en pública subasta 63.993,07 m2. En el BOE del 27 de junio de 1953, la Dirección General del Ministerio de Industria, autorizaba al industrial Corchero, instalar en Montijo una fábrica de conservas vegetales. En esas fechas se habían edificado ya más de 3.000 m2, estando en funcionamiento un equipo con siete hornos para el asado del pimiento.

Pimiento en salmuera, morrón, tomate natural y concentrado

La nueva factoría tenía, en 1957, una capacidad para elaborar 100.000 kilos de pimientos en una jornada normal de trabajo, con cuatro equipos de máquinas descorazonadoras y peladoras. Línea para elaboración de tomate pelado, fabricación de envases metálicos de hojalata, equipo de fabricación de mermeladas y equipo de concentrado de tomate. Éste último suficiente para elaborar 6.500 kilos de tomate fresco a la hora, pudiendo trabajar ininterrumpidamente durante toda la campaña. En aquel año el tomate concentrado era algo novedoso en el mercado nacional.

Los productos que se fabricaban era el pimiento en salmuera con destino al relleno de aceituna, pimiento morrón en botes de hojalata, tomate al natural y concentrado de tomate. También, durante ese año, se había ensayado con vistas a un próximo programa de fabricación: la conservación de guisantes, espárragos, alcachofas, judías, habas, mermeladas y pulpas de fruta.

175 hombres y 450 mujeres ocupados en campaña

En aquella campaña se tenía contratada la producción de 650 hectáreas de tomates y 350 de pimientos. Esperando, según los cálculos, recoger unos seis millones de kilos de cada uno de los productos mencionados; duplicando lo recogido en la campaña anterior, en la que se consiguieron 210.000 kilos de tomates al natural, 392.000 kilos de concentrado de tomate y un millón de kilos de pimientos asados.

El personal empleado durante todo el año, y por lo tanto con carácter fijo, se acercaba a noventa. Durante la campaña se producía un notable aumento, ocupando hasta 175 hombres y 450 mujeres (conocidas popularmente como las “chicas del pimentón”). Con las ampliaciones que se proyectaban se esperaba ocupar seiscientas mujeres, agotando, según se decían en los informes, la disponibilidad de la mano de obra femenina.

Visita de Franco y el príncipe Juan Carlos

El 6 de octubre de 1956 el general Franco, Jefe del Estado, que inauguró ese día el pueblo Valdelacalzada, visitó la factoría de Felipe Corchero, abriendo así las visitas de personalidades que se irían produciendo a lo largo de los años. En 1958, con la llegada de los tecnócratas al gabinete ministerial, visitaron las instalaciones de Industrias Vegetales Corchero, los ministros de Obras Públicas (Jorge Vigón Suero-Díaz), Agricultura (Cirilo Cánovas) y Ministro sin cartera (Pedro Gual Villalbí) y el Presidente del Consejo Nacional de Economía, junto a otras autoridades rectoras del Plan Badajoz, como el subsecretario del Ministerio de Industria, Capitán General de la I Región Militar, y los embajadores de Gran Bretaña y Bélgica. Un año después fue cuando el príncipe Juan Carlos de Borbón, visitó la fábrica de Felipe Corchero, acompañado, entre otras autoridades, por el gobernador civil de la provincia, Francisco Gerona de la Figuera.

En el año 1960, la empresa tenía una capacidad productiva, en fresco, de 8.000 toneladas de pimientos y 10.000 toneladas de tomates; mientras que las exportaciones realizadas por esta firma desde el inicio de sus actividades se evaluaban, según la cotización de la moneda, en 106.066.300 pesetas. Sin embargo, dificultades financieras llevaron a la firma a solicitar del INI (Instituto Nacional de Industria) su colaboración técnica y económica.

Industrias Vegetales Corchero S.A. (INVECOSA)

La fábrica de Montijo contaba con terrenos suficientes para una holgada ampliación de sus instalaciones, se encontraba situada en el centro de la mejor zona de las Vegas Bajas. Junto a la estación del ferrocarril y al lado del canal, del que tomaba el agua precisa para las necesidades de la industria. Además, la empresa disponía de una buena organización y contaba con prestigio en el mercado nacional y en el exterior. Al igual que se había hecho con la modernización y ampliación del matadero de Mérida, se pensaba desde el INI que era más económico y eficiente mejorar las instalaciones de Corchero que instalar una empresa nueva.

Industrias Vegetales Corchero, S. A. (INVECOSA) se constituyó como sociedad en 1961, interviniendo en su constitución Juan Antonio Suanzes Fernández, como presidente del INI, y Felipe Corchero Jiménez, como propietario de la factoría de Montijo que servía de base a la nueva sociedad. La nueva empresa fue dotada con un capital social de cien millones de pesetas. El INI desembolsó el 87% del valor nominal (57.420.000 pesetas), equivalente a 66.000 acciones y Corchero adquirió 34.000 acciones, para lo que desembolsó el 87% de su valor nominal (29.580.000 pesetas), aportando el activo inmovilizado de su negocio.
Para valorar la rentabilidad de la inversión del INI, se partió de las capacidades de producción estimadas para las nuevas instalaciones previstas, considerándolas en pleno rendimiento. La producción prevista a los precios de coste de ese momento se evaluó en 115.598.000 pesetas y el precio de venta, calculado también a los precios de mercado de ese momento, se cifró en 173.449.000 pesetas. A 1os gastos de producción se le sumaron otros, quedando un beneficio de más de 14 millones de pesetas, lo que suponía una rentabilidad en relación con el capital social del 14,44%.

Salida de Corchero del capital social de INVECOSA

INVECOSA se convirtió en la principal empresa del sector. En el año 1966 el INI se hizo con el control total al cederle Felipe Corchero, socio minoritario, su participación, pasando la empresa a denominarse Industrias Vegetales y Conserveras S.A. La nueva empresa se dedicó a la industrialización del tomate, incrementando fuertemente en tanto su capacidad de tratamiento como la producción, que de 1965 a 1975 se cuadriplicó en ambos casos, destacando especialmente la producción de concentrado de tomate, de la que la empresa representaba en torno al 20% del total nacional.

La capacidad de tratamiento pasó de 21.153 toneladas de tomate fresco/año en 1965 a 80.000 en 1975, y la producción de conservas de tomate de unas 6.000 toneladas en 1965 a unas 24.000 en 1975. Sin embargo, el tamaño de la empresa no le permitió obtener ventajas comparativas en la comercialización, por lo que su capacidad comercial fue más reducida que su capacidad productora. La industria se dedicaba, inicialmente sobre todo a la producción de concentrado de tomate, pero desde los años setenta fue incrementando también la de tomate triturado.

Una de las cinco mayores empresas conserveras del país

INVECOSA, a mediados de los años setenta, era de una de las cinco mayores empresas conserveras del país, (el suministro de materia prima, tomate fresco, dependía entonces de 1.000 productores de la región extremeña). Una posición que había consolidado a pesar del notable crecimiento que este subsector experimentó durante los años sesenta y primeros de los setenta, siendo éste, además, uno de los que presentaba una mayor presencia del capital extranjero. Precisamente fue esta orientación hacia los mercados exteriores uno de los argumentos esgrimidos por el INI para participar en la fábrica de Montijo, al considerar que ésta contribuiría con sus exportaciones a mejorar la balanza comercial del país. Los principales mercados exteriores de las producciones de INVECOSA eran Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos.

El problema más grave que aquejaba a la empresa, aunque era común a todo el subsector, fue la elevada estacionalidad de la producción, lo que, a su vez, era consecuencia del ritmo de las cosechas y de la disponibilidad de materia prima. Este hecho motivó una infrautilización de las instalaciones durante la mayor parte del año, con las consiguientes repercusiones sobre los costes de explotación, y, en determinados momentos punta, la saturación de la capacidad instalada. Hubo un intento de complementar su principal línea de actividad con elaboración de jugos de frutas, dulce de membrillo, mermeladas y conservas de espárragos, guisantes y alcachofas, y aunque las instalaciones de la empresa para el tratamiento del tomate eran muy modernas, carecía del equipamiento adecuado para llevar a cabo otras líneas de producción.

INVECOSA presentaba un balance con resultado positivo, aunque su rentabilidad media era bastante reducida. En la baja rentabilidad de la empresa incidió de forma notable la excesiva carga financiera que soportaba debido al elevado peso de los capitales ajenos, destacando, en este sentido, la importancia de la financiación ajena a corto plazo, destinada, en su mayor parte, a costear la adquisición de la materia prima.


De INVECOSA a IFESA, y definitivamente CARCESA

Fue en este contexto, cuando el INI tomó conciencia de la importancia de la industria alimentaria y de la necesidad de introducir cambios en sus estrategias. Reestructuró el sector, aceleró el proceso de concentración, realizó una expansión selectiva, fomentó nuevas líneas de producción y potenció el desarrollo tecnológico.

El INI procedió a concentrar sus empresas para conseguir mayores economías de escala. El proceso comenzó en 1972 con la integración de INVECOSA en IFESA y continuó con la fusión de ésta y FRIGSA en 1975, dando lugar a Carnes y Conservas Españolas, S. A. (CARCESA), quedando convertida en empresa cabecera de los subsectores cárnico y de conservas vegetales. El capital social de la nueva sociedad se fijó en 750 millones de pesetas. El INI suscribió el 84,4%, que era la suma de sus participaciones en IFESA y FRIGSA, con fábricas en Montijo, Mérida y Don Benito.

IFESA tenía sus orígenes en el Matadero regional de Mérida, que nació en 1927 de la mano de la Diputación de Badajoz y de la asociación de ganaderos, además de contar con la participación simbólica del rey Alfonso XIII. Sin embargo, en 1930, el Matadero se encontraba en quiebra técnica, siendo José Fernández López, empresario gallego, quien arrendó sus instalaciones desde 1936 a 1955, año en el que la firma se integró en el INI bajo el nombre de IFESA.

De la privatización al concurso de acreedores con Nueva Rumasa

A partir de 1984, en el marco de una política industrial global en la que se abordó coordinadamente la reconversión de sectores en crisis, el INI abandonó definitivamente sus funciones de subsidiariedad y complementariedad del capital privado, sustituyéndolas por la de competitividad, a fin de convertirse en un holding público, acometiendo actuaciones de ajustes de capacidad, reducción de costes y el saneamiento financiero. CARCESA, en ese año, formaba parte del grupo de alimentación ENDIASA (holding alimentario del INI, grupo que fue integrado en 1988 en Tabacalera, constituyéndose en 1991 el grupo Royal Brands, que agrupó tanto a CARCESA como a empresas productoras y filiales de la antigua NABISCO (National Biscuit Company) en España, hasta que en 1994 fue comprada por la multinacional del Reino Unido, United Biscuits, y de ésta a la multinacional norteamericana Kraft Foods, para ser adquirida en marzo de 2008 por NUEVA RUMASA; comenzando una nueva etapa cargada de optimismo ante un nuevo cambio de propietario, que venía a sumarse a la larga lista de vaivenes de propietarios que CARCESA había padecido en los últimos 25 años.

Tres años después de la compra por el conglomerado de la nueva abeja de Ruiz Mateos, éste ha solicitado, a mediados de marzo, en el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Badajoz el concurso voluntario de acreedores, antigua suspensión de pagos, para Carnes y Conservas Españolas S.A.

Los más de 300 trabajadores de las tres factorías de CARCESA en Extremadura (Mérida, Montijo y Don Benito) se encuentran “intranquilos, pero contentos al mismo tiempo” tras conocer que ésta es la segunda empresa del grupo NUEVA RUMASA que se ha declarado en concurso de acreedores. Los trabajadores mantienen su confianza en que el administrador nombrado desde el Juzgado, confirme la “viabilidad” de la empresa. El concurso de acreedores abre ahora otra etapa. Las deudas de CARCESA son de 100,13 millones de euros.




Fuentes consultadas: Para la elaboración de este artículo se han consultado las hemerotecas de los diarios ABC y Hoy, Revista de Feria de Montijo, años 1957 y 1958. Centro de Documentación y Archivo Histórico de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Y los trabajos “Autarquía e intervención: el fracaso de la vertiente industrial del Plan Badajoz”, “La intervención del estado en la industria alimentaria durante el franquismo”, “Privatización y eficiencia en el Sector Público español” y “Balance de las políticas de privatización de las Empresas Públicas en España”.


El problema de CARCESA nos afecta a todos

Gracias al tomate, el emeritense Felipe Corchero, en aquellos años difíciles, transformó el pimentón en una industria de conservas vegetales abriendo la puerta del trabajo a la mujer. La maquinaria del régimen integró la fábrica en el Instituto Nacional de Industria, naciendo así INVECOSA, de la que fue presidente de su Consejo de Administración, Manuel Gutiérrez Mellado, un valiente militar que tuvo el coraje de enfrentarse a un golpista. Don Manuel, siendo presidente, alcanzó el rango de General de División en 1973. Los empleados le ofrecieron una cena-homenaje y le regalaron el fajín de tan alta graduación. Después llegó la fusión con IFESA, y el nacimiento posterior de CARCESA.
En la campaña trabajaban turnos de cientos de trabajadores, con una residencia para las mujeres de otras poblaciones. El grupo de viviendas para empleados, la Fiesta del Tomate animada, entre otros, por Porrina de Badajoz y Rosa Morena. Y muchísimos jóvenes estudiantes, que con su trabajo en el verano, ayudaban a pagar sus estudios. ¿Qué pasará ahora, tras el concurso de acreedores, con los cultivadores, los semilleros, la mano de obra en el campo, los almacenes de fitosanitarios, los talleres, la industria auxiliar, los concesionarios de maquinaría agrícola, el comercio, los empleados…?
Este problema, sin exclusión, nos afecta a todos.

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