El regreso de la censura
Hace meses ya les hablé en estas páginas sobre lo que había sucedido en España con el estreno de SAW VI: el Ministerio de Cultura había catalogado la película como pornográfica porque, según entendía el comité de clasificación, hacía apología de la violencia. Eso hacía inviable su estreno en salas de cine convencionales, reduciendo su campo de distribución a los cines X. Finalmente, tras varios meses y algunos recortes, la película pudo ser estrenada en todas las multisalas... igual que las cinco anteriores.
Pero este no es el único motivo que nos hace pensar que, en un país supuestamente democrático donde existe el derecho a la libertad de expresión y que es gobernado por un partido aparentemente progresista, la censura ha regresado camuflada de corrección política, lo cual la hace más peligrosa todavía, porque el mal cuando viene camuflado siempre puede hacer más daño. Resulta que la Fiscalía de Barcelona ha presentado una denuncia contra Ángel Sala, director del Festival de Cine de Sitges, acusándole de exhibición de pornografía infantil. Todo viene porque en la última edición del Festival se proyectó la película A SERBIAN FILM, del director serbio Srdjan Spasojevic. Según el Código Penal, y como recoge el artículo 189.7, se puede castigar con penas de tres meses a un año de cárcel o multar a quien "produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada". En la cinta de Spasojevic, que me parece una película mediocre, aburrida y cutre, y que, según el director, pretende ser una alegoría sobre los estragos de la guerra producidos en el pueblo serbio, se pueden ver lindezas como un bebé recién nacido siendo violado. Estamos de acuerdo en que moralmente es una idea nauseabunda, pero no podemos equivocarnos: es una obra de ficción, para esa escena se utilizan efectos especiales (el bebé es, obviamente, un muñeco) y no es material pornográfico, ya que la intención de la película en ningún caso es buscar la excitación del espectador. Otra cosa es que algún enfermo pedófilo se sienta excitado ante tal escena, pero de eso no tienen la culpa ni Spasojevic ni, sobre todo, Ángel Sala, que es a quien finalmente se está acusando de un supuesto delito que, con la ley en la mano, no existe, ya que como hemos dicho A SERBIAN FILM no es una película pornográfica y en ella las escenas de sexo están simuladas. Pero se ve que la Asociación de Defensa al Menor y CONCAPA (Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia), que son quienes están detrás de la denuncia, no saben diferenciar una cosa de la otra, mientras siguen adorando un libro que también utilizaba las masacres infantiles de manera ejemplarizante (y creo que no hace falta decir su título). Si de algo es culpable Sala es de dejar que se proyecte una mala película, pero eso no es delito, al menos que yo sepa…
Hace meses ya les hablé en estas páginas sobre lo que había sucedido en España con el estreno de SAW VI: el Ministerio de Cultura había catalogado la película como pornográfica porque, según entendía el comité de clasificación, hacía apología de la violencia. Eso hacía inviable su estreno en salas de cine convencionales, reduciendo su campo de distribución a los cines X. Finalmente, tras varios meses y algunos recortes, la película pudo ser estrenada en todas las multisalas... igual que las cinco anteriores.
Pero este no es el único motivo que nos hace pensar que, en un país supuestamente democrático donde existe el derecho a la libertad de expresión y que es gobernado por un partido aparentemente progresista, la censura ha regresado camuflada de corrección política, lo cual la hace más peligrosa todavía, porque el mal cuando viene camuflado siempre puede hacer más daño. Resulta que la Fiscalía de Barcelona ha presentado una denuncia contra Ángel Sala, director del Festival de Cine de Sitges, acusándole de exhibición de pornografía infantil. Todo viene porque en la última edición del Festival se proyectó la película A SERBIAN FILM, del director serbio Srdjan Spasojevic. Según el Código Penal, y como recoge el artículo 189.7, se puede castigar con penas de tres meses a un año de cárcel o multar a quien "produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada". En la cinta de Spasojevic, que me parece una película mediocre, aburrida y cutre, y que, según el director, pretende ser una alegoría sobre los estragos de la guerra producidos en el pueblo serbio, se pueden ver lindezas como un bebé recién nacido siendo violado. Estamos de acuerdo en que moralmente es una idea nauseabunda, pero no podemos equivocarnos: es una obra de ficción, para esa escena se utilizan efectos especiales (el bebé es, obviamente, un muñeco) y no es material pornográfico, ya que la intención de la película en ningún caso es buscar la excitación del espectador. Otra cosa es que algún enfermo pedófilo se sienta excitado ante tal escena, pero de eso no tienen la culpa ni Spasojevic ni, sobre todo, Ángel Sala, que es a quien finalmente se está acusando de un supuesto delito que, con la ley en la mano, no existe, ya que como hemos dicho A SERBIAN FILM no es una película pornográfica y en ella las escenas de sexo están simuladas. Pero se ve que la Asociación de Defensa al Menor y CONCAPA (Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia), que son quienes están detrás de la denuncia, no saben diferenciar una cosa de la otra, mientras siguen adorando un libro que también utilizaba las masacres infantiles de manera ejemplarizante (y creo que no hace falta decir su título). Si de algo es culpable Sala es de dejar que se proyecte una mala película, pero eso no es delito, al menos que yo sepa…



















