Que buenos somos, siendo tan malos
Parece que el último artículo le llegó a los lectores y como el tema da para mucho, seguimos…
Érase que se era, una persona muy buena, ¿qué digo buena?… buenísima,
que se interesaba y se preocupaba por el tercer mundo: Ver a un negrito
sufrir le parte el corazón (a mí también, no vayáis a pensar); que en
Sudamérica se viva en la mayor de las miserias, le rompe el alma (a mí
no me la rompe, pero me afecta mucho); ver a los inmigrantes
insultados le pone los pelos de punta (a mí se me ponen igual, los
pocos que me quedan, claro); comprobar las injusticias que se cometen
con los que no conoce ¡cuánto puede afectarle!…
Es curioso como esta persona sensible, revestida de bondad, se preocupa
por lo más difícil y sin embargo, lo más sencillo, lo más cercano, lo
más fácil… ayudar, escuchar, compartir, comprender a los que le
rodean, se le olvida, y el problema no es olvidarse (esto al fin de
cuenta, yo lo firmaría), sino, para más colmo, ataca, critica, envidia
o calumnia con total impunidad. ¡Con lo fácil que sería convivir todos
en armonía y comprensión!, pero somos todos tan hipócritas que
sonreímos mientras intentamos a escondidas asentar una puñalada
trapera.
"Que buenos somos siendo en realidad tan malos". No es que todo el
mundo sea igual ¡Dios me libre!, ¡están los que confirman la regla!,
pero la mayoría, podíamos analizarnos con imparcialidad haciéndonos
preguntas como estas: ¿no es verdad que hemos criticado a alguien
cercano a nosotros sin darle ni tan siquiera la posibilidad de
defenderse?, ¿no es verdad que hemos comentado maliciosamente algo que
nosotros hacemos en mayor medida?, ¿No sabemos que en nuestro entorno
existen personas que necesitan cariño, comprensión y amistad, y nos
hacemos los locos, ignorando que con la mirada nos están pidiendo
ayuda?, ¿Nos hemos parado a pensar el daño que le estamos haciendo a
personas cercanas a nosotros con esa postura hipócrita con la que nos
revestimos para convencernos a nosotros mismos de lo maravillosos y
bondadosos que somos?
Por supuesto que nos tenemos que preocupar y solidarizar con todo el
mundo, llenarnos de comprensión y colaborar, pero cuando la
sensibilidad y la verdadera bondad llame a tu puerta, antes de poner
cara de tragedia y viajar, date un paseo por tu entorno y desarrolla
esa bondad en los que te rodean porque cuando aprendas a querer y
ayudar a los que te encuentres en la calle, ellos te darán el amor y la
comprensión necesaria para que luego puedas invertirla con el resto del
mundo.
Me gustaría que me hicierais caso y aprendamos a ser buenos de verdad,
pero me temo que lo que yo estoy pidiendo es muy duro y difícil… ¡ser
amable con los que envidias!. Ya lo sé, es mucho más fácil, entregar 20
€, y a ser posible que te vean, para los "negritos", que una sonrisa
sincera al que tienes a tu lado.
(Este artículo va dedicado a todos los que suelen darse golpes de
pecho continuamente y se les olvida darse uno en la cabeza, a ver si
reaccionan).
Érase que se era, una persona muy buena, ¿qué digo buena?… buenísima, que se interesaba y se preocupaba por el tercer mundo: Ver a un negrito sufrir le parte el corazón (a mí también, no vayáis a pensar); que en Sudamérica se viva en la mayor de las miserias, le rompe el alma (a mí no me la rompe, pero me afecta mucho); ver a los inmigrantes insultados le pone los pelos de punta (a mí se me ponen igual, los pocos que me quedan, claro); comprobar las injusticias que se cometen con los que no conoce ¡cuánto puede afectarle!…
Es curioso como esta persona sensible, revestida de bondad, se preocupa por lo más difícil y sin embargo, lo más sencillo, lo más cercano, lo más fácil… ayudar, escuchar, compartir, comprender a los que le rodean, se le olvida, y el problema no es olvidarse (esto al fin de cuenta, yo lo firmaría), sino, para más colmo, ataca, critica, envidia o calumnia con total impunidad. ¡Con lo fácil que sería convivir todos en armonía y comprensión!, pero somos todos tan hipócritas que sonreímos mientras intentamos a escondidas asentar una puñalada trapera.
"Que buenos somos siendo en realidad tan malos". No es que todo el mundo sea igual ¡Dios me libre!, ¡están los que confirman la regla!, pero la mayoría, podíamos analizarnos con imparcialidad haciéndonos preguntas como estas: ¿no es verdad que hemos criticado a alguien cercano a nosotros sin darle ni tan siquiera la posibilidad de defenderse?, ¿no es verdad que hemos comentado maliciosamente algo que nosotros hacemos en mayor medida?, ¿No sabemos que en nuestro entorno existen personas que necesitan cariño, comprensión y amistad, y nos hacemos los locos, ignorando que con la mirada nos están pidiendo ayuda?, ¿Nos hemos parado a pensar el daño que le estamos haciendo a personas cercanas a nosotros con esa postura hipócrita con la que nos revestimos para convencernos a nosotros mismos de lo maravillosos y bondadosos que somos?
Por supuesto que nos tenemos que preocupar y solidarizar con todo el mundo, llenarnos de comprensión y colaborar, pero cuando la sensibilidad y la verdadera bondad llame a tu puerta, antes de poner cara de tragedia y viajar, date un paseo por tu entorno y desarrolla esa bondad en los que te rodean porque cuando aprendas a querer y ayudar a los que te encuentres en la calle, ellos te darán el amor y la comprensión necesaria para que luego puedas invertirla con el resto del mundo.
Me gustaría que me hicierais caso y aprendamos a ser buenos de verdad, pero me temo que lo que yo estoy pidiendo es muy duro y difícil… ¡ser amable con los que envidias!. Ya lo sé, es mucho más fácil, entregar 20 €, y a ser posible que te vean, para los "negritos", que una sonrisa sincera al que tienes a tu lado.
(Este artículo va dedicado a todos los que suelen darse golpes de pecho continuamente y se les olvida darse uno en la cabeza, a ver si reaccionan).



















