Jueves, 1 octubre 2009
Crónicas Cinéfagas
Vuelve Raimi
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Pedro José Tena Maestre
Ya
les hablé sobre el impacto que en mi infancia tuvo el pase de DEMONS
(1985) en ‘Noche de Lobos’, pero hubo otro momento relacionado con este
extinto programa de Antena 3 que marcó de manera aún más fuerte un
antes y un después en mi manera de concebir el cine y, por extensión,
la vida. El 21 de Octubre de 1990 tomé consciencia de algo en lo que el
niño de diez años que era no había reparado aún: las películas estaban
hechas por personas. Silencio. Estupefacción. Seguro que les parece una
tontería, así que tendré que explicarme. Esa noche Joan Lluís Goas
presentaba POSESIÓN INFERNAL (Evil Dead, 1982) revelándome algo que
hizo que dejara en la cuneta mi sueño infantil de ser astronauta: la
película la había filmado un tal Sam Raimi con amigos, reuniendo entre
todos dinero y útiles prácticos para el rodaje, y rodando en una cabaña
en el bosque y un garaje. Impresionado y cargado de ilusión e
inocencia, me dije que eso también lo podría hacer yo. Algún día. Algún
día…
Creo que sobre esto ya he escrito alguna vez en alguna parte (quizá
incluso fuera en este mismo periódico), pero me sirve de introducción
para hablarles de ARRÁSTRAME AL INFIERNO (Drag me to hell, 2009), la
película con la que Sam Raimi vuelve al cine de terror después de su
paso por la saga SPIDER-MAN y otros proyectos que, desde luego, en
ningún caso han logrado despertar mi entusiasmo del modo en el que lo
hicieron la trilogía EVIL DEAD (1982-1987-1992) y DARKMAN (1990), mi
película favorita de superhéroes de todos los tiempos. Teniendo en
cuenta que el de Raimi es seguramente el primer nombre de director de
cine que retuve y que contribuyó a hacerme fan vitalicio del horror
fílmico, para un servidor es un acontecimiento. Partiendo de esa base,
era inevitable que mis expectativas estuvieran por encima del resultado
final, pero ese nunca ha de ser un baremo fiable a la hora de valorar
los verdaderos méritos de cualquier hecho artístico. Lo cierto es que
ARRÁSTRAME AL INFIERNO recupera el vigor narrativo de Raimi, su locura
visual y su sentido del humor negro y cartooniano. El tema es
recurrente y retrotrae a los lances de Ash en todo EVIL DEAD: se trata
de El Mal intentando poseer al protagonista, aquí insistentemente por
vía oral (a la protagonista le entran por la boca moscas, jugos de
embalsamamiento, un brazo, un ojo…). Pero hay una diferencia importante
que es, además, la que impide que el disfrute sea tan pleno como lo era
en las anteriores muestras del Raimi terrorífico: aquí hay moraleja. La
heroína (por llamarla de algún modo) sufre una maldición por culpa de
su ambición y el modo en el que utiliza a una anciana, humillándola y
negándole una ampliación que evite que le expropien la casa, para
impresionar a su jefe en el banco y conseguir así un ascenso. Por
tanto, el terror no surge aquí de la curiosidad y la inocencia de los
que abrían el Libro de los Muertos y leían sus pasajes como si de un
juego se tratara, sino que los hermanos Raimi (Sam e Ivan, que
recuperan un guión que guardaban desde hace más de una década) juzgan a
su protagonista y la condenan a pagar por ello. Esta opción es la
culpable de algunos de los pasajes más tópicos y menos excitantes del
guión, pero poco importa cuando finalmente vemos a una cabra poseída
que habla. Si eso no redime a cualquier película de terror con tintes
cómicos, ¿qué podría hacerlo?